Dólar y Bitcoin - Nuevo Orden Mundial

Lo prometido es deuda y hoy, en las puntadas de este domingo, les voy a contar un poco sobre las “pruebas irrefutables” que demuestran que el Nuevo Orden Mundial ha llegado más rápido que una pizza en pleno fin de semana.

Como dije en la nota anterior, en mi escuela me enseñaban con mucha insistencia que había una gran conspiración de dominación mundial, nacida en las construcciones de las catedrales medievales, que se hacía con símbolos muy visibles como para ser una logia secreta y malvada. Nadie, excepto sus miembros, sabe qué hacen en esta agrupación, pero a toda ciencia podemos decir que son enemigos del orden natural (?) y que hayan impulsado la construcción de universidades es sólo una muestra de los oscurantistas que son.

Ah, pero esos últimos eran los que hoy acusan a los otros, ¿no?

Como sea, también nos facilitaban una lista de pruebas fehacientes para que, casi como un acto de fe, nos pusiéramos en contra de algo que ni ellos conocían. Así de científico y riguroso, tanto como el Dr. Frankenstein o Neurus. El punto siempre era desprestigiar el sistema democrático, enaltecer una religión verdadera en detrimento de las otras y remarcarnos lo pecadores que somos por doblegarnos ante la carne (sí, básicamente, estaban en contra de todo lo que fuera placer y homosexualidad, por supuesto).

Por empezar, podemos mencionar la simbología principal sustentada en escuadras, compases y pirámides. Además de una obsesión con los números 13 y 33. Las herramientas geométricas corresponden a la visión del arquitecto, porque estos complotadores consideran que la matemática es un lenguaje universal ¡Una locura! Los números corresponden a los grados más altos de la asociación y, como una cosa casual, también se empalman con el cristianismo. 13 eran en total en la última cena y 33 eran los años de Jesús al momento de ser crucificado.

Esta simbología se traslada constantemente a elementos que son muy utilizados y distribuidos como, por ejemplo, el dólar, billete que regula el mercado mundial. En él, además de hallar los ítems mencionados, damos de frente con una pirámide y el ojo que todo lo ve, que son interpretados como símbolos paganos. Por otro lado, la frase “Novo Ordo Seclorum” que podemos leer en los billetes de un dólar suele ser traducida como “Nuevo Orden Mundial”, aunque Wikipedia nos dice que, para ser más precisos, significa “Nuevo Orden de los Siglos/Eras”.

En este punto quiero hacer un poco de foco. Resulta que en mi escuela siempre nos repetían que los pasos para el nuevo orden estarían dados por la globalización y la pérdida de las fronteras, al menos de las virtuales. Esta idea volvió con gran peso a mi mente cuando se habilitó la opción de comprar bitcoins ¿Y qué es bitcoin? Es una moneda sin regulación estatal, es decir que, además de ser independiente de las principales casas gubernamentales y empresariales, todos podemos hacer uso de ella, sin importar el sitio en el que nos encontremos. Además, todo indica que las poblaciones se irán volcando a ella por sus beneficios y facilidades.

Algo similar mencionaban con el lenguaje. Se imaginarán que me refiero al inglés, la lengua de los negocios (aunque hoy comparte el podio con el chino y el portugués). Además, es el idioma comodín entre las nacionalidades. Ni hablar si pensamos en la creación de la ONU, a través de la cual hay un organismo capaz de interceder y emitir opiniones de suma validez con respecto a las realidades de cualquier nación. Adiós fronteras virtuales, otra vez.

¡Momento! ¿Y cómo nacieron las Naciones Unidas? Con la Segunda Guerra Mundial. Se deduce así que, entonces, las guerras —por lo menos las más grandes— son provocadas por propósitos más extensos que los territoriales y económicos: Para el control de la población, cuantitativamente hablando.

Lo mismo estaría sucediendo con las religiones y las creencias espirituales con el avance de lo denominado “cultura New Age” o “cultura de la Nueva Era”, mediante la cual se unifican muchos conceptos, puesto que los seguidores de este paradigma afirman que pertenecer a esta corriente no es excluyente de las religiones, sino complementario.

Al final, terminó teniendo bastante sentido, ¿no? Eso sí, cuidado, porque continúa luciendo como una gran excusa para que los que dirigen la religión más grande del mundo se sepan víctimas de los procesos que ellos mismos practican.

 

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