abelardo castillo muerte

Abelardo Castillo fue un escritor argentino que abandonó el mundo físico este 2 de mayo. Fue un novelista, cuentista, dramaturgo y ensayista de calidad, aunque su nombre no es tan oído como el de otros grandes literatos argentinos.

¿Quién fue Abelardo Castillo?


Nacido en 1935 en la ciudad de San Pedro, se abrió camino en la literatura a sus jóvenes 24 años. Y no de cualquier manera: Castillo ganó un concurso (de la revista Lea y Vea) cuyos jurados fueron Borges, Bioy Casares y Peyrou.

A esa edad ya tenía escrita su primera obra de teatro, El otro Judas (1957). Un absoluto prodigio o —prefiero pensar— un atento y comprometido lector.

Fue, también, fundador de revistas literarias de gran relevancia como “El escarabajo de oro” y “El ornitorrinco”. Aunque fue muy publicado y galardonado, en la actualidad es poco reconocido. Este es un escritor que adquirió poca fama pero fervorosos fanáticos. Recibió, entre otros, el Premio Nacional Esteban Echeverría, el Premio Internacional Casa de las Américas (UNESCO) y el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores.

Su obra fue fundamental en la conformación de la literatura nacional de la segunda mitad del Siglo XX. Influenció notablemente a los escritores que lo sucedieron por su estilo directo, aunque pulido y marcadamente tradicionalista.

Tras tanto haber escrito y hecho, falleció a los 82 años, dejando un legado de cuatro novelas, ocho antologías de cuentos y otras tantas obras teatrales y ensayos. Y, como si fuera poco, una profunda huella en la literatura argentina.

El autor que olvidamos leer


Abelardo Castillo
Imagen: Telam

De Borges dicen que se le debe el Premio Nobel. De Castillo, entonces, puedo afirmar que le debemos el lugar que merecen los grandes: el de la consagración del público lector.

Pareciera ser que fue un autor que sólo leían unos pocos. Es más, que sólo conocían unos pocos. En mi caso, por ejemplo, no fue hasta que una compañera del profesorado me acercó un cuento suyo que lo escuché nombrar. Y sí, de a poco comencé a leerlo (aunque admito que me queda mucho de su autoría por conocer). Y esto, definitivamente, es algo que debo agradecer. Abelardo Castillo es uno de los grandes.

Cuentos crueles – 1966

¿Por qué, entonces, no estamos familiarizados (como pueblo) con su obra, su literatura, con su nombre? Afortunadamente, las instituciones sí se hicieron eco de su genialidad: fue galardonado, publicado, editado y reeditado. Entonces… ¿Cómo no llega un autor que tiene tanto por decir a, por ejemplo, las escuelas?

El problema de no conocer

Esto me planteé al enterarme de la triste noticia. Si es tan bueno, ¿por qué no lo leemos como colectivo nacional, mientras hay individualidades que no pueden más que adorarlo?

Las otras puertas (antología de cuentos) – 1961

Creo que tenemos algo de miedo. Miedo a enfrentarnos a lo nuevo, a lo que no fue masticado mil veces antes, a lo que no está plagado de frases bonitas. También (como me pasó a mí), al leerlo es necesario pensar en qué hay más allá de lo escrito para lograr disfrutar la complejidad de sus relatos. Y, además, nos demanda estar permanentemente atentos.

Cada palabra fue elegida con cuidado y, como en toda la literatura, nada es azaroso. Los puntos, las comas, las pausas y las connotaciones edifican cada texto en un todo que hay que desentrañar. Y si —en muchas circunstancias— no somos capaces de hacerlo como adultos, ¿cómo podríamos motivar a nuestros jóvenes que encuentren pasión por estas piezas? Como él mismo dijo: “No sé cómo se revierte que un chico se acostumbre a leer 140 caracteres”. Esa es la tarea que tenemos formadores, padres y adultos.

Cuentos recomendados


“No se puede querer lo que no se conoce” diría el Sapo de Sapo en Buenos Aires (Gustavo Roldán). Los invito, entonces, a conocer a este maravilloso autor. Y quien ya lo conoce, pase y lea, que es la mejor forma de homenajear a un hombre de letras.

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