13 reasons why not

Primero voy a hacer una advertencia: hay spoilers. Así que, si no viste la serie y la querés ver, no leas este artículo.

En principio podemos decir que 13 reasons why es una serie original, basada en la novela de Jay Asher que lleva el mismo nombre. Tiene una estructura que te atrapa y te va llevando por la historia de Hanna Baker, una chica de 17 años que decide terminar con su vida.

La originalidad radica en que antes de quitarse la vida, Hanna dejó grabados 7 casetes (no se entiende muy bien por qué elige este formato, ya que cuando Tony le entrega el grabador, ella apenas conoce este artefacto). De cada lado de las cintas hay una razón para explicar por qué se suicidó. Esta cajita, con las tapas de los cassettes decoradas como si fuera un proyecto alegre (¿a quién que se está por suicidar le importa decorar con colores y dibujitos hechos a mano?), pasa de mano en mano de aquellos que están involucrados con la historia de Hanna. El punto de vista está puesto en Clay Jensen, un chico que estaba enamorado de Hanna y, por ende, uno de los que más sufre su pérdida.

13 Reasons Why

A lo largo de la serie se ven distintos tipos de crueldad entre adolescentes en una sociedad yanqui que parece siempre quedarse estática en la estructura populares vs. no populares. La crueldad va escalando hasta culminar en el destape de dos violaciones.

El primer punto que me gustaría resaltar es que, según mi percepción, termina poniendo la violación como un caso más entre otros problemas adolescentes: por ejemplo, una foto malintencionada que se viraliza entre la comunidad escolar (capítulo uno: Justin) o una amistad de tres amigos que se frustra porque dos se ponen a salir y se cortan entre ellos (capítulo dos: Jessica y Alex). Si bien narrativamente es una estrategia que funciona para mantener atrapado al espectador y hacer que se pregunte qué más le puede pasar a esta chica, ideológicamente creo que está muy mal enfocado el tema.

La realidad es que hay un violador en el grupo de los populares en la escuela y nadie sabe bien cómo afrontar el tema.

Enlazado a esto y como segundo punto repudiable es el hecho de que el suicidio de la protagonista sirve como hito aleccionador: a partir de sus grabaciones y de la intervención de Clay Jensen, todos terminan tomando un rumbo “adecuado” para lidiar con sus problemas. La lesbiana sale del closet, Clay se propone ser más amable con los que lo rodean, JESSICA DECIDE VERBALIZAR QUE FUE VIOLADA y Justin se va para nunca más volver.

¿Qué tipo de mensaje es este? Lo único que me queda a mí como espectadora es pensar que “bueno, pero entonces sirvió para algo su suicidio” y entonces suicidarse puede ser algo que ayuda a los demás a lidiar con sus propios problemas. Podemos decir que, de alguna manera, las consecuencias del suicidio de Hanna Baker son positivas (!).

Que no se entienda mal, me parece perfecto que el violador no quede impune, que cada uno pueda afrontar sus propios fantasmas, que la homosexualidad salga a flote sin que sea condenada socialmente, etc. Pero todo eso está disparado —en esta serie— por un suicidio de una chica de 17 años que no supo cómo afrontar un tema gravísimo y que no supo cómo pedir ayuda. No nos olvidemos, cuando pensamos esto, que la serie está destinada a un público adolescente.

Y entonces vamos al tercer punto: hay varias páginas de ayuda al suicida en EEUU que publicaron advertencias o incluso guías acerca de cómo interpretar esta serie. Por ejemplo, en este link pueden encontrar los tips para ver y discutir la serie con adolescentes.

Algunos de los enunciados que presenta es que suicidarse no es un acto heróico o romántico, que hay OTRAS ALTERNATIVAS al suicidio, como buscar ayuda, hablar, expresarse, no culpar a los demás de la propia muerte, etc.

Una de las cosas que resalta es que la figura del consejero escolar (counselor) en la serie es una figura negativa, ya que no actúa como debería y no contiene a Hanna para nada. Claro, a fines estructurales de la ficción, si el consejero cumple con su trabajo, se anula el conflicto principal. En cuanto a la trama, esta es una figura que actúa por omisión. Creo que es bastante notorio porque, de hecho, Clay lo verbaliza, pero vuelve a quedar en manos del espectador cómo interpretar esto.

Finalmente, tenemos como frutilla del postre otro intento de suicidio (que no sabemos si es un éxito o un fracaso), porque Alex se termina pegando un tiro en la cabeza. Es decir que, claramente, el mensaje que dejó Hanna no fue muy alentador. Por otro lado, en términos de trama, el personaje de Alex no tiene ningún justificativo para guardar su secreto expuesto en las grabaciones. Su “culpa” fue simplemente no haber sido un buen amigo ¿Cuál es el problema, entonces, de que se sepa su historia?

Quiero hacer una última aclaración: en algunas notas se resalta que lo positivo de esta serie es que puso en debate temas como el suicidio adolescente, el bullying y la violación. Sí, todo lo que abre debate sobre temas que causan daño y se mantienen en la oscuridad es bueno, pero en este caso me parece una forma trivial que encaja dentro de las típicas series yanquis para adolescentes y que se queda en la superficie moralizadora sin resolver realmente la cuestión. Y ojo, no es que me ponga en vieja escandalizada o piense que los adolescentes no pueden entender el mensaje. Lo que creo es que no termina de ser claro en cuanto a las intenciones de los realizadores ¿Era solo vender lo que querían? ¿Que se hable de la serie? ¿O realmente querían mandar un mensaje a la sociedad? La notoriedad la lograron, pero si uno ve el el epílogo (13 reasons why: más allá de las razones) donde productoras (Selena Gómez y su madre produjeron esta joyita), actores y directores dicen qué es lo que realmente quisieron mostrar y decir, entonces hace un poco de ruido porque no es lo que se ve reflejado en la pantalla.

Por último, como nota aparte, me parece triste que hayamos adoptado la palabra “bullying” porque no creo que todas las escuelas de la Argentina funcionen como las escuelas yanquis y al importar la palabra estamos trasladando un estructura social. No digo que no exista este tipo de maltrato entre los niños y adolescentes argentinos, pero qué lástima que no pudimos encontrarle una palabra propia, bien castellanizada a nuestros propios problemas.

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