Batalla de Puebla

Todos los 5 de mayo se conmemora en México “La Batalla de Puebla”, que es, luego del “Grito de Dolores” —acto que dio comienzo a la guerra de independencia de México—, la fecha más significativa del calendario cívico mexicano.

Su mayor importancia radica en el hecho de haber sido una de las (escasas) victorias contra un ejército extranjero y remarca todo lo que el pueblo mexicano puede lograr si actúa unido, sobreponiéndose a sus carencias, mostrando su valor y dedicación ante fuerzas superiores.

Como su nombre lo indica, en las cercanías de la ciudad de Puebla ocurrió en 1862 un combate entre el ejército de la República Mexicana, dirigido por Ignacio Zaragoza, y el del Segundo Imperio Francés, bajo el mando de Charles Ferdinand Latrille, conde de Lorencez.

¿Cómo llegamos a esto?


Plata, como siempre. En 1861, Francia, Inglaterra y España suscribieron la Convención de Londres, donde se comprometieron a enviar fuerzas militares al país latino y así cobrar una deuda que alcanzaba los 80 millones de pesos (69 millones para los ingleses, 9 millones para los españoles y 2 millones para los franceses).

Presidente Benito Juárez
Presidente Benito Juárez

Benito Juárez, que intentaba sobrellevar un país con graves problemas económicos, los invitó a una conferencia para buscar así un acuerdo amistoso entre las partes.

Sin embargo, ante la posibilidad de invasión que podría llegar hasta la Ciudad de México, ordenó la fortificación de Puebla y la creación de una unidad a la que llamó “Ejército de Oriente”, que tuvo a su mando al general José López Uraga, quien fue rápidamente reemplazado por Ignacio Zaragoza.

Los representantes de los países europeos aceptaron la invitación y firmaron los “Tratados Preliminares de la Soledad”, donde se garantizaba el respeto a la integridad e independencia del país.

Razones secretas


El 5 de marzo, mientras las negociaciones aún seguían en pie, llegó a Veracruz un contingente militar francés bajo el mando de Charles Ferdinand Latrille y Juan Nepomuceno Almonte, quien se proclamó “Jefe supremo de la nación” y reunió a las tropas conservadoras para apoyar así a Francia.

En abril de 1862, la alianza europea se terminó, debido a que Inglaterra y España se dieron cuenta de que para Francia esto ya no se trataba de algo meramente económico, sino también geopolítico: derrocar al gobierno republicano de México y conformar una monarquía, para así contrarrestar el creciente poder de los Estados Unidos, y también ampliar sus dominios en el continente y ganar de este modo poderío sobre los puertos y materias primas. A finales de abril, Latrille negó los Tratados de Soledad y se puso en marcha, junto con su ejército, hacia Puebla con el fin de conquistar Ciudad de México.

Uno de los mayores problemas a los que debía enfrentarse el ejército mexicano era la invencibilidad que rodeaba a los franceses, quienes no perdían una batalla desde los últimos 50 años, incluyendo la de Waterloo.

La Batalla de las Cumbres
Representación de La Batalla de las Cumbres

Al enterarse del avance, el comandante Alejandro Jiménez se unió junto a sus 2000 hombres al pequeño ejército de Zaragoza, quien contaba simplemente con 4000. Bajo estas circunstancias partieron de Puebla para salir al encuentro de los franceses, que ya tenían pequeños altercados con la guerrilla.

El 28 de abril se produjo el primer enfrentamiento bélico formal, al encontrarse ambos ejércitos en un paso de montaña en las cumbres de Acultzingo. Esta batalla, que fue llamada “Batalla de las cumbres” dejó el saldo de 500 soldados franceses muertos ante tan solo 50 mexicanos.

11:15 am


El 3 de mayo Zaragoza arribó nuevamente a Puebla, donde estableció su cuartel a varios metros de la línea de batalla y trazó el plan de combate, el cual consistió en concentrar los pertrechos en el sur y oriente de la ciudad para evitar que los franceses accedieran al área urbana de la ciudad.

Al día siguiente llegaron noticias de que una columna de conservadores a caballo, al mando de Leonardo Márquez y José María Cobos, pretendía unirse a las tropas de Latrille. Actuando de manera rápida, Zaragoza envió a unos 2000 hombres para que los detuvieran —hazaña que lograron—, pero al coste de disminuir sus tropas en la ciudad.

Con baterías de artillería de batalla y dos de montaña cubrió los fuertes con 1200 hombres y formó a otros 3500 en cuatro filas de infantería con una batería de batalla y una brigada de caballería por el lado del camino a Amozoc.

toma del Fuerte de Guadalupe
Recreación del intento de toma del Fuerte de Guadalupe

A las 9:15 am las tropas francesas aparecieron en el horizonte. A las 11:15 am se produjo el primer cañonazo desde el Fuerte de Guadalupe, acompañado por el repique de las campanas de la ciudad, dando así comienzo a la batalla.

El conocimiento del terreno por parte de Zaragoza y la soberbia de Latrille con el ejército francés llevaron a que la balanza terminase favoreciendo a los defensores —aunque no sin situaciones que por poco los destruyen— y culminara con los sobrevivientes franceses huyendo despavoridos y sin orden.

Retrato de Ignacio Zaragoza
Retrato de Ignacio Zaragoza

Al finalizar la batalla, las bajas francesas alcanzaron los 476 muertos y 345 heridos, mientras que los mexicanos tuvieron 83 bajas, 131 heridos y 12 desaparecidos. Sin bien la batalla había terminado, Zaragoza aún esperaba un contraataque francés, sin saber que Latrille había dispuesto la retirada hasta San Agustín del Palmar, por lo que decidió atrincherarse en Puebla, donde el 5 de septiembre contrajo tifo y murió 3 días después.

Los historiadores concuerdan en señalar el talento de Zaragoza como organizador y motivador de sus tropas.

Antes de la batalla, los motivó diciéndoles que si bien los franceses eran considerados “los primeros soldados del mundo”, ellos eran “los primeros hijos de México”, lo cual tuvo tal efecto en la moral de sus soldados que su determinación por defender la plaza ante los invasores compensó sus carencias tanto materiales como disciplinarias. Además, no temió tomar decisiones arriesgadas, como prescindir de los 2000 efectivos para detener a las tropas conservadoras y en el curso de la batalla actuó con serenidad y efectividad.

De esta manera, se lo terminó considerando como un héroe nacional y en su honor, tiempo después, Juárez renombró a la ciudad como Heroica Puebla de Zaragoza.

Comentarios