ACMA - Caballos

Conozco, amo y respeto a todos los animales desde que tengo uso de razón, pero con los caballos siempre hubo algo especial, una conexión, una predilección hacia ellos.

Supe de Ayuda a Caballos Maltratados (ACMA) algunos años atrás y el pasado me sumé como voluntaria, pensando en darles una mano en esa noble causa que llevan adelante, pero me sorprendió ver que en realidad pasaba al revés: ellos me estaban ayudando a mí.

COLABORADORES - Jorgelina Rivera

En el interior no se ven carreros y si acaso aparece un sulky o carro, siempre está siendo tirado por un caballo gordito y sano, por lo que yo no sabía lo que era estar cerca de uno que tuviera miedo al hombre, a su maltrato, y debo admitir que a veces no es fácil ver tan de cerca el lado más macabro del ser humano, te revuelve todo por dentro, dan muchas ganas de llorar, pero al mismo tiempo vemos la sensibilidad que existe en quienes están ahí para brindar su ayuda y en ese momento sabés que no todo está perdido.

Los casos que existen en la ONG Encantador - ACMA - Jorgelina Riverason de todo tipo y color. Hay quienes llegaron con una lesión irreversible y aunque nunca conocieron el temor, solo les quedaba la muerte como solución, y están aquellos otros que solo pretendían dejar de vivir para salir del calvario en el que se veían atrapados día tras día.

Cada caso es distinto, pero nunca deja de sorprenderme cómo pueden doblegar a semejante animal, no solo por cómo son físicamente, sino porque les parten el alma en mil pedacitos, tienen miedo, son seres sin ánimo de vivir cuando llegan. Sin embargo, los días en ACMA les cambian la vida.

Ejemplos de ellos obran: Mística, Trinidad, Glorioso, Chocolate… Es el amor lo que los transforma y ese cambio no solo puede apreciarse por su cuerpo, sino porque cuando se recuperan ya no son el mismo caballo que llegó al campo. De repente, su personalidad cambió, ahora tiene luz propia y ese logro nos inspira y nos empuja a trabajar día a día por su bienestar.

Esto no significa que todos los casos son exitosos: muchos no lo logran, a veces es demasiado tarde y cada partida duele tanto que no puede explicarse con palabras, pero también nos da impulso para seguir adelante, luchando y esforzándonos por ellos.

Ser voluntaria de ACMA significa estar comprometida con la causa, es un trabajo donde a uno se le paga con mimos, algunos besos, aire fresco y con el hecho de poder presenciar las transformaciones que atraviesan estos bellos animales. Esta asociación me enseñó que el alma puede sanar, que las heridas se superan y que uno puede aprender a amar y a confiar de nuevo. Aprendí también a comprender sin palabras, a ser paciente con los más viejitos, a estar siempre atenta con los que son más enérgicos y, sobre todo, desarrolló en mí la empatía: la capacidad de sentir y entender cómo se siente el otro.

ACMA es un lugar que no funciona con un motor de “x caballos de fuerza”, sino que funciona con la fuerza de los corazones de quienes la componen. Si hay algo que esta organización me enseñó es que no debemos bajar los brazos cuando existe la injusticia, que no hay causas perdidas ni imposibles y que no es solo una frase célebre la que afirma que el amor es la fuerza más poderosa. Cuando hay voluntad, hay mil formas; cuando no, mil excusas.

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