PRESIDIO DE USHUAIA

Lo que era vivir entre esas paredes en los primeras décadas del siglo XX es inimaginable. Hoy, cuando entrás a la mayoría de las construcciones de la ciudad de Ushuaia, incluso a los pabellones del presidio, la temperatura es agradable, salvo en uno que se conserva en las condiciones en las que fue encontrado. El fin del mundo era ahí.

El penal de funcionó de 1902 a 1947, la ciudad creció alrededor de la cárcel. En 1902 comenzó su construcción y finalizó en 1920, realizada por los mismos reclusos. En 1920 la cárcel contaba con 5 pabellones de 76 celdas exteriores cada uno. Las 386 celdas eran unipersonales, pero la cárcel llegó a alojar a más de 600 penados.

Entre el Pabellón 1 o “Histórico” y el Pabellón 2 se levantó la cocina y entre el 1 y el 5, la panadería. Al frente de la bahía se levantó la administración. Los talleres fueron colocados en construcciones separadas. Recién en 1943 se inauguró un moderno hospital que luego fue el hospital de la Base Naval y por mucho tiempo el único hospital de la zona. El “hall” central o “Rotonda múltiple” se utilizó como sala de conferencias, cine y auditorio.

El régimen se basó en trabajo retribuido, enseñanza primaria y severa disciplina. Los sectores de trabajo prestaban servicio al presidio y a toda la ciudad de Ushuaia: bomberos, teléfono, electricidad, imprenta, etc. Además, los reclusos fueron utilizados para construcción de calles, puentes, edificios y la explotación de bosques.

Ingresar al hoy museo con sus estatuas en tamaño real de presos célebres es inquietante. Entre estas paredes vivió Cayetano Santos Godino, El Petiso Orejudo. Otro con historia conocida es Mateo Banks, un terrateniente de la zona de Azul que asesinó a ocho miembros de su familia para heredar los campos. Es considerado el primer asesino múltiple de la historia argentina. Y también, entre sus muros, vivió Simón Radowitzky, anarquista ruso, quien asesinó al comisario Falcón, Jefe de la Policía, y a su secretario, el 1 de mayo de 1909.

PRESIDIO DE USHUAIA - Ciudad
Foto: MiNube

También fueron trasladados allí presos políticos como Néstor Aparicio, Arturo Benavídez, Carlos Montes, Mario Cima y el Dr. Emir Mercader, sobre todo luego del golpe militar de 1930. A los presos políticos los embarcaron en camarotes bajo amenaza de que existía orden de disparar sobre ellos “apenas asomaran las cabezas del camarote”.

El museo del presidio tiene un pabellón dedicado a la recreación de la vida de varios de sus reclusos más conocidos. Impacta el realismo y no deja de helar la sangre pararse junto al “Petiso Orejudo” con un hilo en su mano. Recorrer la celda llena de libros de los presos políticos o ver las fotos de los presos abrigados para combatir las condiciones climáticas trabajando en la ciudad también es impresionante.

Si seguimos el recorrido hay un pabellón tétrico. Es el que se mantuvo tal y como se encontró cuando se desafectó del uso militar. Ingresar allí nos muestra las difíciles condiciones de vida que afrontaron allí. En un pasillo de 75 metros de largo solo había tres estufas a leña y tres barriles metálicos en los que ésta se quemaba. Con las temperaturas extremas que se viven en la isla de Tierra del Fuego, no es difícil imaginar lo duro que debía ser habitar el penal.

Por las extremas condiciones dejó de funcionar en 1947 y se procedió a hacer el traslado de los penados a otras cárceles. Las instalaciones quedaron bajo el Ministerio de Marina, desarrollándose diversas actividades hasta que en 1997 fue declarado Monumento Histórico Nacional por el Congreso de la Nación.

Hay lugares con historias bellas que contar y otros con historias trágicas que, gracias al aporte de la comunidad, no se perdieron, sino que se convirtieron en memoria viva del surgimiento de una ciudad en el fin del mundo.

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