marcha federal

“La poesía está en la calle” reza un graffiti en la calle Rotrou, que data de la época del Mayo Francés. En tiempos de redes sociales, donde los trending topics de Twitter explotan en tan solo segundos y los políticos se desesperan por seguidores en sus perfiles…

¿Qué rol ocupa hoy “la calle”?


Desde mediados de siglo XIX ya podían encontrarse las primeras protestas en la sociedad argentina, donde distintos sectores de la sociedad confluían en las calles. Pero no fue hasta el gobierno de Perón que la movilización popular ocupó un rol central, siendo una bandera de este movimiento a lo largo de su historia.

Uno de los resultados fue que la Plaza de Mayo se convirtiera en un punto de encuentro de común-unión, tan real como simbólico, donde las masas se concentraban para escuchar al General, como así también para las distintas protestas (mención aparte merece el nefasto bombardeo del 55 a la Plaza de Mayo y el sucesivo golpe de Estado).

fuente plaza de mayo

Durante la última dictadura cívico-militar e incluso antes con la Triple A, toda posibilidad de movilización popular estuvo claramente prohibida, con la desaparición forzada de personas y torturas. Sin embargo, la ronda de las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo mantenían viva la idea de que el espacio público siempre debe ser ocupado en pos de los reclamos de la ciudadanía, por Memoria, Verdad y Justicia.

Por su parte, el estallido social que vivió la Argentina durante el 2001, resultante de años de profundización del modelo neoliberal, llevó a los famosos “cacerolazos”, continuas marchas en plazas, etc. Esta idea de pueblo autoconvocado a la calle (discusión aparte merece esta noción, como también qué sectores salieron a protestar en ese momento y hasta dónde fue autoconvocado) persiste en el imaginario popular argentino, pero también es algo que la clase política tiene muy presente. Los piquetes, los movimientos de desocupados, entre otros, fueron actores claves que entendían la movilización popular como la herramienta para visibilizar sus problemáticas, como con las famosas ollas populares, por ejemplo.

El punto que se plantea es que si bien muchos gurúes modernos, como Jaime Durán Barba, argumentan que las movilizaciones populares son cosas del pasado siglo XX, como también el líder hablando a la masa enardecida, la realidad nos muestra otra cosa. En palabras de la propia ministra de Seguridad, en estos 16 meses de gobierno ya tuvieron 124 marchas, bloqueos o piquetes ¿Cómo entender esto entonces? ¿Cómo podemos explicar según esta mirada la convocatoria de Cristina Fernández de Kirchner el último día de su mandato? ¿Qué decir entonces del 6, 7 y 8 de marzo? Los docentes, los trabajadores y las mujeres supieron colmar Plaza de Mayo, demostrando claramente que la movilización no es cosa del pasado, que forma parte de la conciencia política argentina y es una de las maneras que tienen las masas para ejercer sus derechos y fortalecer los procesos democráticos, por más que quieran convencernos de lo contrario.

plaza de mayo

Esto nos lleva a pensar que en la Argentina solemos conocer tres tipos de “ocupación de la calle”: los actos políticos con movilización, cortes de calles y “piquetes” u otras marchas de minorías excluidas, y la ocupación espontánea por parte de la “sociedad toda” (como fue el “que se vayan todos”), pero sólo esta última es vista con buenos ojos. Para otro artículo será debatir el rol de las fuerzas de seguridad en lo distintos escenarios.

La protesta social intenta ser regulada tanto por la fuerza como por las buenas costumbres del civismo. Ya sea tanto desde el Estado como desde los medios de comunicación, un incontable número de personajes intentan decir cómo, cuándo, dónde y bajo qué circunstancias hay que protestar. Un claro ejemplo es la marcha del 1A: sin banderas políticas, en pos de “la democracia y la República” (pero reivindicando la dictadura, ¿vio?).

¿Por qué sucede esto? Quizás lo que moleste es que esos sectores que intentan tapar, que siempre son marginales o al menos siempre son oprimidos, que en muchos casos se movilizan en colectivos y esperan al sol, que tienen el pelo con olor a choripán, no sólo son visibles, sino que además son muchos ¡Y encima tienen el tupé de organizarse! Pero sólo la organización vence al tiempo…

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