Documental comprar tirar comprar
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En todo el mundo, todos los días, en todo momento somos víctimas de un modelo que diseña y vende productos destinados al descarte: la obsolescencia programada. En 2011, Cosima Dannoritzer fue quien se encargó de dirigir “Comprar, tirar y comprar”, un documental que en 52 minutos nos cuenta sobre el motor ¿secreto? del consumo.

La obsolescencia programada es el deseo del consumidor de tener algo un poco más nuevo, un poco mejor, un poco antes de lo necesario. Entonces, la lógica del desarrollo no es crecer para satisfacer las necesidades, sino crecer por crecer, indefinidamente. Sabemos que si la gente no compra, la economía no crece.

¿Tiene sentido que pidamos créditos para adquirir un objeto que ya no servirá más para el momento en que terminamos de pagarlo?

Este método ha definido nuestras vidas desde los años 20, cuando los fabricantes comenzaron a acortar la vida de los productos para aumentar las ventas. Así, los diseñadores e ingenieros se vieron forzados a adaptar nuevos valores y objetivos, ya que debían crear elementos mas frágiles.

Se considera a Livermore, California, como “El hogar de la bombilla más antigua del mundo”, ya que allí, en una estación de bomberos existe una bombilla de luz que funciona desde 1901 sin interrupción. Fue fabricada en Shelby, Ohio, y fue Adolphe Chaillet quien inventó el filamento y nadie sabe cuál fue el secreto para que tenga esta increíble duración. Podemos decir que este producto fue la primera victima de la obsolescencia programada.

Documental la bombilla mas antigua del mundo
La bombilla más antigua del mundo, ubicada en un cuartel de bomberos.

En 1924, en Ginebra, se creó “Phoebus”, el primer cartel mundial que tenía como objetivo controlar la producción de bombillas, intercambiar patentes con los principales fabricantes del mundo y sobre todo controlar al consumidor: Querían que la gente comprara regularmente. Este cartel limitaba la vida útil de las bombillas de 2500 horas a tan solo 1000.

En 1925 se creó “El comité de las mil horas” y “Phoebus” ideó una complicada burocracia para imponer su regla. Los fabricantes debían hacer experimentos para hacerlas más frágiles, ya que si no cumplían con la norma de las mil horas eran multados severamente. Esta producción era rigurosamente controlada y se registraba meticulosamente la duración de cada una.

Esto, por supuesto, les convenía muchísimo económicamente y para los años 40 el cartel consiguió su objetivo: Una bombilla estándar no duraba más de 1000 horas. Se debe aclarar que oficialmente “Phoebus” nunca existió, pero su rastro nunca ha desaparecido, su estrategia fue ir cambiando de nombre, manteniendo la idea.

Con la base de “Un producto que no se desgasta es una tragedia para los negocios” la obsolescencia programada surge al mismo tiempo que la sociedad de consumo y la producción en masa que posibilitó una baja en los precios haciendo que los productos sean más accesibles. Entonces, la gente compraba por diversión y no por necesidad, acelerando a grandes pasos la economía. Se instaló un estilo de vida de uso y descarte en abundancia.

Fue Bernard London quien sugirió salir de la depresión de la crisis de Wall Street haciendo obligatoria la obsolescencia programada. Ésta fue la primera vez que el concepto aparecía escrito. Se planteaba que todo producto tuviera una “fecha de vencimiento” y después de eso se lo consideraría legalmente muerto y los consumidores los devolverían a una agencia del gobierno para su destrucción. Se lograría un equilibrio entre capital y trabajo, habría siempre mercados para nuevos productos, por lo que se necesitaría constantemente mano de obra y el capital tendría recompensa. Sin embargo, esta idea pasó desapercibida y nunca se puso en práctica.

Documental el consumo te consumeVeinte años después, la obsolescencia programada resurgió, pero no se trataba de obligar al consumidor, sino de seducirlo. Así se tuvo en cuenta que la gente se fija más en el aspecto de las cosas y se comenzó a aprovechar el diseño y el marketing para convencer al consumidor haciéndolo desear siempre el último modelo, creando así un consumidor insatisfecho constantemente.

“sIN LA OBSOLESCENCIA PROGRAMADA LUGARES COMO UN SHOPPING NO EXISTIRÍAN. NO HABRÍA PRODUCTOS, INDUSTRIA, DISEÑADORES, ARQUITECTOS, DEPENDIENTES, LIMPIADORES NI GUARDIAS DE SEGURIDAD. TODOS LOS TRABAJOS DESAPARECERÍAN” BORIS KNUF, DISEÑADOR INDUSTRIAL

El día que la obsolescencia programada llegó a los tribunales


Ocurrió luego de que una abogada viese un vídeo en internet de dos hermanos que denunciaban a Apple, ya que en el momento en que la batería de uno de sus iPods dejó de funcionar y quisieron comprar una nueva, desde la empresa la respuesta que recibieron fue que debían comprar un aparato nuevo debido a que ellos no ofrecían una de recambio.

Gracias a esto, muchos usuarios que habían tenido el mismo problema, se quisieron unir a la denuncia, así que se eligieron representantes para una demanda colectiva. Uno de ellos fue Andrew Westley y así el caso se hizo conocido como “Westley contra Apple”. Para este momento, dicha empresa llevaba dos años en el mercado y había vendido más de tres millones de dispositivos.

A medida que la causa avanzaba, los denunciantes descubrieron a través de documentos que la batería de litio del iPod se diseñó desde el principio para tener una vida corta. Entonces, la premisa en su desarrollo fue la obsolescencia programada.

Después de meses de tensión, las dos partes llegaron a un acuerdo. La empresa creó un servicio de recambio y prolongó la garantía a dos años, y los denunciantes recibieron una compensación económica.

Obsolescencia programada: El peor enemigo del medio ambiente


Así como hemos hablado sobre el “DIY” como un aliado del medio ambiente, en este documental vemos cómo la obsolescencia programada provoca un flujo constante de residuos que acaban tirados en países del tercer mundo, como Ghana en África. Más del 80% de estos residuos no se pueden reparar ni reciclar, por lo que terminan abandonados por todo el país.

Para todo esto, a pesar de que existe un tratado internacional que prohíbe esta práctica, la excusa de quienes incumplen es “Queremos cerrar la brecha digital entre Europa y América y el resto de África” sabiendo que todos los artefactos que les envían no sirven ni se pueden tratar.

Documental residuos en Ghana

En una sociedad basada en el derroche, un producto con vida útil corta crea un problema residual. El planeta no puede sostener esto por siempre, ya que los recursos naturales y energéticos con los que contamos son limitados.

“La ECONOMÍA del despilfarro estÁ llegando a su fin porque ya no quedan lugares donde poner la basura” john thackara, diseñador y filÓsofo.

En los lugares más pobres del mundo las cosas siempre se reparan, la idea de tirar un producto solo porque se rompe es impensable. En India tienen una palabra, “JUGAAD”, para describir esta tradición de reparar las cosas sin importar la complejidad.

Para los críticos más radicales de la obsolescencia programada no basta con reformar los procesos productivos, quieren replantear nuestra economía y nuestros valores. Desean una revolución cultural, demostrar la urgente necesidad de un cambio de lógica, de paradigma y de mentalidad: se propone “El Decrecimiento”, cuya esencia es reducir nuestra huella ecológica, el despilfarro, la sobreproducción y el sobreconsumo. Creen que al reducir el consumo y la producción se puede liberar tiempo para desarrollar otras formas de riqueza que tienen la ventaja de no gastarse al usarlas, como la amistad o el conocimiento. Aunque los críticos de este nuevo sistema creen que destruiría la economía y nos llevaría a la época de piedra nuevamente.

Mucha gente ha comenzado a luchar contra la obsolescencia programada. Se nombra un concepto nuevo: “De la cuna a la cuna”. Si las fabricas funcionaran como la naturaleza, la propia obsolescencia quedaría obsoleta: el ciclo natural produce en abundancia, pero las hojas secas y las flores caídas no son residuos, sino nutrientes para otros organismos. Entonces, se sugiere que la industria imite el ciclo virtuoso de la naturaleza.

La sociedad del decrecimiento hace realidad la visión de Ghandi: “El mundo es suficientemente grande para satisfacer las necesidades de todos, pero siempre será demasiado pequeño para la avaricia de algunos”.

Documental consumo

El documental llega a su fin acompañado de una reflexión muy acertada, que te aseguro que te va a dejar pensando:

“Cada vez dependemos más de objetos para nuestra identidad y autoestima, eso es consecuencia de la crisis de aquello que solía darnos identidad, como la relación de la comunidad con la tierra o esas cosas sencillas que el consumismo ha reemplazado. Si la felicidad dependiera del consumo, deberíamos ser absolutamente felices, porque consumimos 26 veces más que en tiempos de Marx. Sin embargo, las encuestas demuestran que la gente no es 26 veces más feliz, porque la felicidad es subjetiva”.

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