iDiots robots tecnología mundo digital
iDiots robots tecnología mundo digital

De este lado había un vidrio relativamente limpio y cerrado. Del otro, las cadenas gruesas del camión que carga contenedores por las calles de la ciudad. Las cadenas se veían y se escuchaban pese al tránsito ruidoso de la mañana.

Esa misma intermitencia del zarandeo de las cadenas me hizo pensar en el corto iDiots (2013). Yo no sé lo que me pasa, pero les pedí a algunos cursos del secundario que tengo a cargo que lo vieran. En principio parece haber gustado, divertido y también preocupado esta parodia. La idea era reflexionar sobre la sociedad de consumo (o sea, nuestros hábitos) y la obsolescencia programada: pensar cómo viven estos robots supuestos.

El video narra la breve feliz vida de una comunidad de robots colorados que vive pendiente de una tienda de celulares. Tanto es así que la razón de ser de esta comunidad vive dando vueltas a su alrededor. Es más: cuando sale un modelo nuevo, todos aprovechan para realizarse como robots y se sacan fotos, juegan e interactúan de diferentes maneras entre sí, porque sí, ¿por qué no?

—Disculpá ¿No nos sacarías?

—Sí, sí, pongansé.

Trac, trac, trac. Las cadenas suenan con fuerza. Como recordándome que están ahí, sin poder tocarlas ni dejar de verlas si levanto la cabeza y miro hacia afuera. “Que no nos dominen las redes”, me dijo un amigo hace unas horas cuando le conté que estaba intentando abandonar algunas adicciones modernas. Adicciones como la de consumir mensajes de WhatsApp en dosis permanentes y demasiado puras.

Tienda de iDiots, donde la diversión comienza y termina y comienza
Tienda de iDiots, donde la diversión comienza y termina y comienza

Yo no sé lo que me pasa… Hago mi mejor intento pero no sé si lo logro. A veces tampoco lo intento: a veces la voluntad se me derrite como un hielo al sol ¿Nunca lo sentiste así?

—Fijate si salió bien.

—A ver… Encima me estoy quedando sin batería.

El silencio nunca es el fin


Cuando en iDiots llega una especie de robot “exterminador”, la felicidad se interrumpe de golpe: al desactivar esos smartphones pone fin a las señales de alegría digital. Algún tiempo después, por gracia tecnologal, la tienda vuelve a ofrecer un nuevo modelo. Entonces el grupete queda hipnotizado como si estuviera en Felicidionia.

Trac, trac, trac. Algunos de los estudiantes que vieron el video supieron leerlo con atención, verse ahí, detrás y a través de esa pantalla por la que veían otras pantallas. Supieron vernos reflejados en ese mundo que, peligrosamente, también aparenta ser el nuestro. Pero yo no soy tu prisionero y no tengo alma de robot, dirían los Auténticos Decadentes. Es que hay algo en tu carita que me gusta.

—¿No nos sacás otra? No me gusta, salí re mal, ¿ves cómo salimos?

—Sí, no hay problema.

Que me gusta y se llevó mi corazón.

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