En tiempos tan modernos como los que vivimos, pasamos nuestra vida hablando con gente irrelevante, cantando irresponsablemente, gritando en las avenidas y tosiendo en las resacas… y nuestra voz es víctima de estos temibles excesos.

Ante esta situación desde Puntadas con hilo te soltamos… te regalamos… te revoleamos… Cinco consejos para el cuidado de tu voz (ilustrados con la primera foto que se nos vino a la cabeza)

1) ¡Hablá bien, animalito de Dios!

Hablá de forma pausada, con una correcta articulación de las palabras para su comprensión. La clave para el entendimiento de las personas es ser claro en el mensaje que busca darse y para eso es muy importante hablar firmemente, masticando las palabras y disfrutando de su expresión.

Maradona ehhhhh

Muchas veces no nos damos cuenta, creemos que hablamos bien y no advertimos que algunas consonantes brillan por su ausencia, muchas vocales se nos fusionan y terminamos las frases peor que el Enzo Francescoli después de un tratamiento de conducto.

“Indína de verdá que estas do palabra no sean usada corretamentes”.

Pero más indigna, de verdad, que esas dos palabras (y muchas otras) no sean usadas correctamente.

Es muy probable que no adviertas que tenés el buche lleno, no solamente de la tan temida S muda santafesina, sino también de la triste D silente del apuro, entre otros tantos males del habla.

Para corregir este problema es importante hablar pausadamente, tomando consciencia de cada sílaba y ante palabras más difíciles (como otorrinolaringólogo, estatua o hipopotomonstrosesquipedaliofobia), lo importante es leerlas lentamente y en bloque. Algo así como hablar en cetáceo después de sufrir un ACV.

Probá leer por tramos: Hipo… poto… monstro… sesqui… pedalio… fobia…
Ahora probá leer toda la palabra junta: Hipopotomonstrosesquipedaliofobia.
¡Muy bien!
Ahora dame la patita.

patita

P.D.: Hipopotomonstrosesquipedliofobia: miedo a las palabras largas. No es joda.

2) Cuidate la gola, que tenés una sola

Deepthroat poster

Cuando hablamos de “gola” no nos referimos a una conocida marca de calzado que es indistinto cuidarlos o no porque, al fin y al cabo, son zapatillas y no un marcapasos. No.
Hablamos de la garganta.

Dentro de la garganta está la laringe y dentro de la laringe están las cuerdas vocales. Dos membranas orientadas de adelante hacia atrás unidas por un cartílago llamado Tiroides. Y no sigo porque te vas a embolar y vas a abandonar esta lectura. Lo importante es que hay que cuidar las cuerdas vocales de distintos factores que les son perjudiciales.

Hay que evitar factores irritantes como el humo del tabaco (y el “tabaco”… guiño… guiño), los picantes, el té, el café, el mate, el alcohol en exceso y no andar aclarando la garganta como si quisieras hacerle notar algo a alguien todo el tiempo.

La idea no es que no tomes café, té, mate, etcétera. Sino que seas una persona medida. Estas infusiones suelen consumirse calientes y la garganta se irrita con cosas muy frías y muy calientes, es decir, con temperaturas muy extremas.

Todo en su medida justa y en la temperatura ideal… dijo mi tío y al melón le echaba sal.

En el caso del alcohol, los picantes y las salsas se produce algo llamado “reflujo”, que es cuando el ácido gástrico llega a las cuerdas vocales. Esto deviene en una acidez muy molesta o la sensación de que un enano está usando tu garganta de puchinball desde adentro mientras hace un asado en tu estómago.

Fumar es malo. Vos lo sabes, yo lo sé, todo el mundo lo sabe. No me voy a extender demasiado en este punto porque me quedé sin cigarrillos y tengo que ir a comprar.

Es vital tomar mucha agua. Todo el tiempo. Especialmente cuando usás mucho la voz. Ya sea dando una clase, defendiendo una tesina, teniendo un orgasmo ruidoso y salvaje o puteando al Patón Bauza. El agua tiene que estar ahí para acompañarte. Probá el agua que vende nuestro patrocinador. Ah, ¿no tenemos? Entonces de la canilla está bien… pero no muy fría.

3) El problema de los lugares ruidosos

¿Cuántas veces fuiste a un lugar lleno de gente, pasaste tiempo allí y cuando saliste notaste que estabas con la voz ronca y gastada?

intratables ruidos molestos

Cuando vas a un lugar y te exponés a un sonido ambiente muy fuerte y seguís hablando, inconscientemente tratás de nivelar tu voz con el ruido, elevándola más de lo que deberías, sobreexigiendo sus capacidades. Esto tiene nombre: Efecto cocleo-recurrencial.

Lo importante con esto es que tomes consciencia de este fenómeno y de este modo trates de, mínimamente, no hablar cuando sabés que no te van a escuchar. Por cierto, este es un consejo útil para la vida ordinaria también, aunque no haya ruido ambiente. Pensalo.

Evitá ponerte muy cerca de los parlantes en un espectáculo, de los recreos en un colegio y, sobre todo, de las familias numerosas llenas de niños, ya que no solamente se comunican a los gritos y pueden generar problemas auditivos, sino que es terriblemente perjudicial para personas que atraviesen la crisis de los 30… y, sobre todo,… sus parejas. Te lo firmo.

El cuidado de la voz está directamente ligado al cuidado de los oídos. Una garganta lastimada exige cirugía si existen hiatos. Un oído desgastado no tiene recuperación.

4) Tu cuerpo es el envase. Tratalo bien ¿Querés?

Es muy importante el trabajo corporal para una buena salud vocal y general también. Durante la práctica oratoria o vocal es importante hablar derecho y con el menor número de tensiones posibles porque eso incide en la voz. La postura corporal correcta es esencial.

xipolitakis envase no retornableLa voz humana está compuesta por un armónico fundamental (un sonido puro) que es alterado por los resonadores. Tu cuerpo es un resonador en sí mismo y cada parte de este es otro resonador más. Los dientes, las costillas, el paladar, el reloj que se olvidó el cirujano cuando te operaron del apéndice. Todos son resonadores que hacen a la identidad de tu voz. Cuidarlos es un deber.

Es importante la actividad física, una buena dosis de sueño y el menor estrés posible. Un individuo (o individua) en armonía es una voz en esplendor.

1) Aceptate. Sos una persona hermosa (o al menos no sos tan horrible)

el pepo
El Pepo, un wacho hermoso.

Esto que suena sacado de las peores notas privadas de Jorge Bucay es algo vital. Cada uno de nosotros es como es.

Debemos tomar consciencia de nosotros mismos y nuestras posibilidades para poder explotar al máximo nuestras capacidades. Con el uso de la voz pasa exactamente lo mismo.

Tenemos que tener consciencia de nuestro registro cómodo y hasta donde nos podemos exigir sin lastimarnos. Es fundamental ser medianamente conscientes de nuestros resonadores y también de dónde sale nuestra voz. Algunas voces son más nasales, otras salen del pecho y en otros casos salen de nuestra garganta.

Dato: En los resonadores está la razón por la que nos desagrada nuestra voz en una grabación. Cuando hablamos escuchamos el sonido de nuestras voces de manera externa (por los oídos), pero también de manera interna (por el aire en nuestros resonadores). Es por eso que nos duele saber que lo que creemos una voz privilegiada en verdad suena a un silbato con eco. Es normal.

Si trabajamos con la voz, ya sea cantando o hablando en público, es importante prepararse. Realizar calentamientos, decir destrabalenguas y mantenerse entrenando y aprendiendo todo el tiempo.

Podemos tratar de salir de nuestros rangos vocales, pero siempre con apoyo de algún tipo. Si tenés una voz grave es probable que te cueste bastante hacer una voz muy finita durante tiempo prolongado. Pero todo es posible con la técnica vocal correcta y el apoyo correspondiente.


Si tomás estos consejos y los aplicás en la vida diaria con el fin de cantar como Freddie Mercury o hablar con la tesitura de Morgan Freeman es muy probable… que no lo logres. Más que nada porque la voz del buen Federico Mercurio era única y el timbre de don Freeman es patrimonio de la humanidad. Pero al menos podés ir experimentando y logrando colores y texturas que aportarán identidad a tu timbre sin quedar con la voz rota como Sofovich cantando envido.

Cualquier duda, consultá a tu fonoaudiólogo amigo y, como dijimos antes: Cuidate la gola, que tenés una sola.

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