El amor en tiempos de Tinder

“El mundo es un pañuelo” escuchamos en más de una oportunidad y hoy en día pareciera ser que el pañuelo es internet, ya que a través de las redes sociales comenzamos a darnos cuenta de que estamos potencialmente cerca de relacionarnos con más personas de las que creímos y recordamos a otras que nos hubiese encantado olvidar.

Además, el modo de relacionarnos con desconocidos fue cambiando a través del tiempo y mucho más todavía con la irrupción de la tecnología. Descargar Tinder es una de esas prácticas que terminan por confirmarnos la teoría y esto, más que gracia, suele provocar malestares o vergüenza ajena.

Resulta que, tal como no hace mucho lo mostró una publicidad, en las aplicaciones de este estilo uno no sólo se encuentra con posibles candidatos amorosos, sino también con parientes, amigos, profesores y gente de la que nos hubiera gustado no enterarnos.

Y no es que uno ande diciendo a viva voz que usa Tinder para conseguir un touch and go, sólo unos pocos se atreven o mienten al decir que lo usaron una vez y ya no más. Lo peor de esto es que si el tema sale en una reunión familiar, es casi imposible imaginar que ese tío que siempre se emborracha en las fiestas navideñas puede, efectivamente, terminar enredado con tu mejor amiga gracias a esta app. No tiene nada de malo, bien, pero es un poquito incómodo.

Pero no todo es una crítica con este matiz o una anécdota embarazosa, porque gracias a Tinder también hay historias con grandes finalices —o principios— felices.

Existen cada vez más parejas que manifiestan haberse conocido gracias a ella (o a su antecesora Badoo) y que terminaron pidiéndose matrimonio, cruzando fronteras inimaginables, realizando un proyecto de vida juntos, atreviéndose a hacer esas grandes locuras que antes sólo se observaban en películas y literatura.

En Telefe pudimos ver una historia de estas. María Belén viajó a Estados Unidos y por Tinder, como no podía ser de otra manera, comenzó a chatear con Brandon hasta que ella tuvo que volver a Argentina. Pasaron trece meses desde entonces hasta que él le dio una gran sorpresa: Le dijo que vendría a visitarla y las cámaras del canal estuvieron ahí para registrar el primer encuentro de la pareja en el aeropuerto.

Las expectativas eran realmente altas y mucho más que inciertas. Ella no sabía a ciencia cierta cómo reaccionaría y su principal miedo era que en persona no tuvieran química. Sin embargo, cuando el momento llegó, las dudas se disiparon en un abrazo. Días después tuvieron que volver a la realidad: Brandon tuvo que regresar a su país debido a las obligaciones que allí lo esperaban.

La despedida se dio entre lágrimas y palabras de apoyo, pero con algo más que nunca hubiesen imaginado que una simple aplicación como Tinder les daría: Esperanza.

Puede que esta historia te resulte demasiado increíble, pero lo cierto es que la modernidad ha impactado en nuestras vidas con tanta fuerza que hacen que estas cosas sean reales ¿Puede salir mal? Claro que sí, pero vale absolutamente la pena y lo digo con conocimiento de causa… aunque en ese año Tinder todavía no existía.

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