Micromachismos

Según Feminismo Unizar: Los MICROMACHISMOS son formas machistas que de manera directa no dañan u ofenden a la mujer por su condición de mujer, son sutiles, cotidianos y están naturalizados. Pero no por ello son menos importantes e impactantes que otras formas de machismo más notorias y condenadas por la sociedad, como puede ser la violencia física o verbal.

Un virus, silencioso, visible sólo a través de sus síntomas, pero que infecta a todas las personas con su mal. Los MICROMACHISMOS perpetúan la desigualdad de género afianzando el machismo desde las puntas de las raíces, con los detalles más sutiles instalados en nuestra cotidianidad.

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Los síntomas

Pensemos algunas de las formas más generalizadas de situaciones machistas en su expresión pequeña y cotidiana: los micromachismos.

Usos del espacio

>>> Hombres en el subte que​ se sientan con las piernas muy abiertas, ocupando parte de lo que podría ser un lugar para otra persona. Ellos lo justificarán con el hecho de que tienen órganos que le ocupan espacio entre las piernas. Pero lo cierto es que sus órganos, en vez de ser simplemente órganos, para estos hombres son lo que los hace sentir auténticos “machos” (el ideal machista de hombre).

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Por lo tanto, no están dispuestos a sentarse como una persona más y lo hacen como el “gran macho” que necesitan demostrar que son. Este asunto se complementa con la actitud supuestamente “femenina” (según el ideal de feminidad machista) de conformarse con el pequeño lugar que le concede el mundo, con sus piernitas bien apretadas y si están cruzadas, mejor.

>>> El cambiador del bebé en el baño de mujeres y no Micromachismos_Cambiador_Baño_Mujeresen el de hombres. Simple, pequeño, casi lógico parece ser ¿Qué lógica determina que una actividad se haga en un baño y no en otro baño? Ninguna. Lo que establece la ubicación de los cambiadores es la suposición de que a los bebés los cambia su madre o, incluso, su tía, hermana, abuela, amiga del padre, cualquier mujer, pero nunca el padre. Cambiar al bebé es una obligación de la mujer, absolutamente prohibida para el hombre.

>>> Las damas primero. Que en los transportes o en las filas un hombre ceda su lugar a una mujer —sin ofender— es machista. Suponiendo que jamás es éste un artilugio más para mirarnos el culo, sigamos.

La caballerosidad basa su amabilidad en la suposición de que el hombre es el fuerte y ella, la débil y delicada. No queremos que se sientan mal los varones, entendemos que intenta ser un gesto lindo y es aceptable que quieran seguir siendo “caballeros”, pero entiendan que no los hace menos hombres —aunque sí menos machos, pero eso, una vez más, está bien— no ofrecer el asiento. Así como si lo ofrecen y una mujer les dice “no, gracias”, no tienen por qué sentirse inferiores a ella. No significa que sean más débiles. O tal vez sí, pero eso tampoco está mal.

Culpabilización de las víctimas


No la mató su pollera corta, la mató un asesino. El crimen que muy frecuentemente cometen los medios. Culpabilizar a la víctima, estableciendo juicios de valor sobre el aspecto o las costumbres de una mujer que sufrió violencia de género.

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Ante una violación o asesinato suelen dedicarse unas cuantas palabras a la ropa que llevaba en el momento de ser violada o asesinada, o si estaba borracha o con desconocidos, si le gustaba salir o había abandonado el colegio. Como si fuera relevante para la noticia, como si fuera la razón de que haya sido violentada. Como si cualquiera de esos factores autorizara a un hombre a apropiarse del cuerpo de una mujer y utilizarlo como un objeto desechable, violándolo, asesinándolo, tirándolo por ahí en una bolsa de residuos.

Formas del lenguaje


“Los hombres” incluye a las mujeres. Los usos de la lengua no son inocentes y también perpetúan una estructura machista en la que el hombre es lo universal y la mujer es lo “otro”, lo que se nombra como diferencia de, como excepción. Es relegada a un segundo lugar, minoritario y de inferior importancia.

Aunque cuestionados por los puristas y los lame zoquetes de la RAE, muchos colectivos feministas y enfrentados a la opresión patriarcal usan las palabras “todxs”, “tod@s”, “todes” o “todos y todas”. Y si bien así no se subsana aún este punto débil de nuestra lengua, sirve para llamar la atención sobre la manera en que las palabras organizan el mundo en el que vivimos y, por lo tanto, nuestra forma de hablar no debe ser inocente.

Gustos


El rosa para las nenas y, en general, la fascinación por todo lo que tenga que ver con la apariencia física, llámese ropa, zapatos, carteras, peluquerías, manicura, también. De nuevo, con el complemento de que a los varones se les prohíbe interesarse en estas cuestiones, el resultado es el adoctrinamiento de varones y mujeres y sus roles arbitrarios, mediante pequeñeces como los intereses más superfluos.

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Lo más importante


Lo más importante para una mujer es un hombre. Así parece. Parece inaceptable que una no tenga novio por muchos años, o que una no se case a una edad, o que una no acepte un mal llamado “piropo” por la calle como un halago. Como si fuera lo más importante de nuestras vidas ir en busca de un hombre, sea cual fuere ese hombre, como si fuera lo más importante de nuestras vidas ser aceptada y admirada por un hombre, como si no nos bastara con hacernos felices a nosotras mismas, como si necesitáramos de la opinión —y a veces de algo bastante más asqueroso que una simple opinión— sobre cómo nos vemos por la calle de parte de un absoluto desconocido al que nadie le preguntó nada. Chito.

Lo mismo pero diferente


Otra forma sutil de machismo es cuando le damos distintos significados y valores a las MISMAS acciones, dependiendo de si vienen de un VARÓN o de una MUJER. Como cuando pensamos que si un varón está con muchas mujeres es admirable y una mujer que está con muchos hombres es despreciable. Un varón que sonríe poco es serio y respetable, pero una mujer que sonríe poco es poco femenina y amargada —y cuándo no, malcogida—. Un varón exitoso debe ser ambicioso y dedicado, pero una mujer exitosa debe haberse acostado con su jefe. Y etcétera, etcétera.

De lo micro a lo macro


Vale la aclaración. En algunas oportunidades se ha cuestionado el uso del término “micromachismo” por aplicarse a algunas formas que resultan ser demasiado graves o demasiado extendidas como para ser “micro” y el debate sobre si el término implicaría una minimización de ciertas situaciones o conductas está vigente.

De cualquier forma, consideramos que es un debate válido e interesante para discutir en flujo constante de repensar el feminismo, pero aquí y ahora el punto es otro. Lo que intentamos con este breve artículo es llamar la atención sobre algunas circunstancias cotidianas que están naturalizadas y llevan siempre a reafirmar el machismo en nuestra sociedad. El objetivo, una vez más, es repensar lo obvio, volvernos conscientes, desestructurar y reprogramarnos para seguir caminando hacia un lugar más justo, en el que varones y mujeres sean, principalmente y antes que nada, personas y personas con igualdad de derechos y oportunidades.

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