Vigata es un pueblo ficticio en la provincia de Montelusa creado como marco para las escaramuzas, los misterios, los asesinatos y los hilos de la mafia que un comisario, igual de ficticio, llamado Salvo Montalbano deberá enfrentar. Todo ocurre en Sicilia y ese clima de mediterráneo y delitos será el ingrediente principal de la serie de TV y novelas que llevan el nombre “El comisario Montalbano”, creadas por el escritor Andrea Camilleri.

La serie se comenzó a filmar en 1999. El primer episodio se llamó “El ladrón de meriendas”.  Los planos pertenecientes al municipio de Ragusa, el cual se eligió para instalar la ficticia Vigata, y una música de violines muy mediterránea que fusiona algo de Hitchcock, funcionan como apertura de toda la serie, en este caso, para una historia que narra el asesinato de una inmigrante tunecina.

El estilo es casi cinematográfico, cada episodio dura alrededor de hora y cuarenta y cinco, lo cual es el doble de un episodio de una serie común y nos la hace pensarla más cercana al estilo que buscaron con esa otra serie detectivesca con la que no podría guardar más diferencias y que es “Sherlock”.

Montalbano es pelado, no está en óptimo estado físico, adora comer en el restaurante de Calogero y nunca se priva de un buen vino. Sin dudas no se parece a esos detectives perfectos que las series norteamericanas suelen colocar en papeles protagónicos, pero Salvo es tan tosco como el entorno que le rodea. Grandes acantilados, playas hermosas, una ciudad antigua y rústica en una colina. Un detective inusual para un entorno inusual.

La estructura de los capítulos es verdaderamente intrincada. No hay solamente un crimen principal para resolver, sino que se extiende una maraña de personajes y casos entre los que se encuentra el que da nombre al capítulo. En la extensa duración hay tiempo para que Montalbano lidie con casos (y por casos digo amoríos) de su colega Doménico “Mimí” Augello, sus amores con una novia que vive en Génova y con la que nunca se casa, llamada Livia, y encima dicho tiempo alcanza para otros personajes que se vuelven recurrentes a lo largo de los años y de los episodios.

Esta no es la típica serie en donde el policía acude al forense y este resuelve medio caso entregando las pistas precisas para ir detrás del asesino. En ese sentido es gracioso ver cómo Montalbano y el forense se odian y las pistas son solamente las básicas: hora de muerte, causa y quizás algo más, solo si Salvo está de suerte y le encuentra de buen humor o lo extorsionó con algún cannoli o postre indicado.

Como argentina, resulta muy evidente que este tipo de policía es más cercano a la policía local que esas ficciones de detectives americanos. La comisaria tiene un rol principal: están los detectives Fazio (compañero de Salvo, joven y muy despabilado) y Catarella, el secretario/telefonista que aporta mucha comedia, ya que tiene problemas con el lenguaje y en la retención de apellidos de testigos y personas que acuden a ellos. Sin embargo, es sobre el detective interpretado magistralmente por Luca Zingaretti que recae casi todo el peso dramático de la serie.

Los guiones de Sironi hacen magia con la obra de Camilleri. Es fantástico ver cómo las historias fueron trasladadas a la TV y otras completamente ideadas sobre la pequeña base de un relato corto, como ocurre con el memorable episodio “La nochevieja de Montalbano”, en donde se cuenta por primera vez de su obsesión con un plato típico de Sicilia que prepara su empleada doméstica, Adelina: los Gli Arancini, unas croquetas de arroz bastante complicadas de hacer. Créanme, lo nombran tanto al plato que lo tuve que buscar para ver cómo se preparaba.

La serie cuenta con nueve temporadas, pero entre ellas varía la cantidad de episodios. La primera solamente tiene dos episodios y lo mismo ocurre con las siguientes. Quizás sea por la alta calidad en la puesta de escena que no se precisó más realización.

Montalbano investiga e interroga a los sospechosos en su entorno por su cuenta y no teme usar métodos que evaden la ley para conseguir la resolución de algún caso. Moralmente sería intachable porque lo que hace lo hace en pos de la búsqueda de la verdad y, como amante de los misterios, debo decir que se disfruta de principio a fin. Algunos casos son más “Giallo” que otros.

Los fans del misterio y el suspense italiano van a estar felices con esta serie, que creo vale la pena mirar y volver a mirar de principio a fin.

Recientemente sacaron la adaptación de “El joven Montalbano”, con Michele Riondino en el papel de un Salvo que recién se incorpora al comisariado de Vigata en los noventa y comienza su relación con Livia.

Esta nueva serie cuenta con temporadas más largas y con una calidad un poco menor a la serie original protagonizada por Zingaretti. Sin embargo, demuestra que el personaje creado por Camilleri es infalible y encanta a la audiencia al primer delíto.

Los invito a adentrarse en los crímenes que este detective italiano tiene para contar y si la serie no es suficiente, también tienen las novelas que la pluma de Camilleri nos ha legado y que son simplemente fascinantes.

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