Mauricio Macri

Soy una de las tantas personas que votaron Cambiemos, convencida de muchas cosas y porque tampoco veía que me quedara otra opción. El voto “perdedor” se lo doy siempre a las voces más pequeñas, pero que considero absolutamente necesarias. El voto ganador es otra cosa. Son como votos que caen en sacos urnas rotos. Qué triste.

Crecí en el kirchnerismo y todos mis recuerdos políticos estuvieron teñidos de Él y Ella, aunque mis primeros compromisos cívicos surgieron a la edad de 12 años, cuando cursaba sexto grado, y me metí en un programa educativo en el cual estudiantes de escuelas públicas y privadas simulaban el acto democrático. Entonces, te presentabas con una lista en tu escuela, hacías la campaña, votación y terminabas como diputado o senador en la República de los Niños. Era bastante divertido. Así aprendí el lenguaje de los proyectos de ley, por ejemplo.

Todo iba normal, por decirlo de alguna manera. No tengo mucha conciencia del gobierno de Néstor, pero los libros y los testimonios que me rodean son bastante favorables, con sus puntos buenos y malos, como todo, pero la balanza da, indiscutiblemente, positiva. Siempre lo encontré como un estadista brillante, capaz de mover todos los hilos usando sólo una de sus manos. Un estratega nato. No tengo la misma impresión de Cristina, aunque sí la hallo una líder de masas excepcional, de un talento pocas veces visto. Y esto no tiene nada que ver con que yo, ciudadana, esté o no de acuerdo con su paso político.

El conflicto del campo —quién puede olvidarlo— me encontró en el primer año de Polimodal. Éramos todos unos mocosos embebidos de doctrina católica y revisionista. Todavía recuerdo la imagen de los manifestantes siendo llevados en el aire por la policía. “En el aire” porque los cargaban de las extremidades para detenerlos y liberar las rutas cortadas. También recuerdo a Hebe pidiendo represión a la protesta. Y ahí la palabra “represión” no asustaba nadie. Los discursos de un lado y del otro se endurecían. Los cuatro representantes más fuertes de la movida rural sobre un escenario y una gran cantidad de público se anunciaron como “los cuatro jinetes del apocalipsis”. Era como una gran bola de nieve súper mediática. Y fue la primera vez que, además de ser testigo de un hecho tan importante como simbólico, tuve miedo de las autoridades ¿O del abuso de autoridad?

Por eso voté otra cosa. Porque por más que las decisiones hayan sido loables en muchos aspectos —necio quien lo niegue—, creo que un poder con el tiempo se desgasta y hasta se llena de vicios. De ahí las “desprolijidades”, de creer que no serán nunca desbancados. Pero la democracia es un poco predecible, tanto como la clase media, y te da el batacazo esperable y temido por algunos en las urnas. Sostengo que esta es la oportunidad del kirchnerismo de replantearse ciertos puntos que en la seguridad perdieron de foco. Pero eso es sólo una opinión mía.

Fui fiscal general en una escuela durante las PASO presidenciales. Creo firmemente que es mi deber asistir voluntariamente y sin esperar retribución económica por ello. La historia me lo demanda. Costó demasiado recuperar la democracia como para que a mí me cueste (nótese el mismo verbo) ir a la jornada. Horrorizado salís de ahí viendo que hay personas analfabetas como presidentes de mesa o que no saben contar sin “perder” boletas en el camino. Fui fiscal por Cambiemos, porque sabía que al ser el oponente más fuerte, también podría ser al que más sucio le jugaran, y lo hice mediante el Partido Radical, en donde me enseñaron las metodologías establecidas por la ley electoral y con las que tuve que pelear para que unos y otros no se estafaran en el recuento. Mareado salís de ver cómo todos se quieren hacer trampa. O peco de altruista. En definitiva, hice llorar a una que pillé en fraude.

No sé si me van siguiendo por el camino que quiero hacer. No tengo claro si estoy logrando explicarme. Creo en la alternancia, definitivamente, pero no en la alternancia a costa de todo. Por eso es que…

Como tu votante, me ofende

  • Que me hagas sentir en una prueba constante de ensayo y error. No somos ratas de un laboratorio socioeconómico. No deberíamos.
  • Que siempre tengas un motivo para pedir perdón, porque significa que, una vez más, te “equivocaste”. Si pasaba, pasaba, ¿no?
  • Que aumentes una vez porque es necesario y que lo sigas haciendo porque es un deporte neoliberal.
  • Que la apertura al libre mercado, que defiendo como un derecho de los consumidores, sea irracional, de golpe y devastador.
  • Que no sepas analizar los costos políticos obvios de tus decisiones y palabras ni siquiera para tu provecho.
  • Que no seas claro en tus discursos o que seas ambivalente o demasiado new age.
  • Que hagas lo que criticabas. El Rolex de Cristina no es muy distinto de las tapas en revistas de moda de Juliana.
  • Que “olvides” que la propaganda oficial en un partido de fútbol sigue siendo propaganda aunque cambie el gobierno.
  • Que si montás una escena, ni siquiera te tomes la molestia de montarla bien para que no me dé cuenta.
  • Que siempre provoques y lastimes la Memoria tapando el pañuelo blanco en una plaza, restándole importancia al 24 de marzo, poniendo en duda una cifra. Es perverso.
  • Que te llenes la boca hablando de libertad y derechos cuando te hiciste adicto a los decretos de toda índole, en vez de seguir el proceso legal en el Congreso.
  • Que no tengas tiempo para recibir reclamos o conmemorar las fechas que son imprescindibles para todos/as, pero sí para asistir a cenas televisadas.
  • Que asistas, además, a dichas cenas sin estar informado.
  • Que excuses tus malas gestiones en el tiempo transcurrido. No todo es una consecuencia de lo pasado y, dale, que ya pasó más de un año. No pido milagros, pero tampoco seguir hundiéndonos.
  • Que todo lo reprimas. Las murgas, las marchas, la cultura. Pero eso sí, nos embanderamos en contra de la censura, claro, como si no hubiese otras formas de apagar voces.
  • Que el cero de la pobreza esté justamente de ese lado, del izquierdo. Después le siguen los millones ascendentes.
  • Que cambies las “bases y condiciones” de tu propuesta electoral, acomodándolas a la coyuntura como más te conviene.
  • Que quieras despolitizar o colocar un velo de pacifismo cruel a cuestiones que necesariamente son políticas.
  • Que minimices y criminalices toda manifestación social.
  • Que te escondas en lo más profundo de la grieta para reversionarla en algo mucho peor: Un todos contra todos.

Que te escudes en el hecho de que te votamos para creer que no tenés la obligación de escucharnos y respondernos a todos, incluso a los que no te eligieron.

 

Perdoname vos si te ofendo. 

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