Martina del valle - Tras los pasos de Clarissa Miller

Bajé por instinto, la lluvia golpeaba fuertemente mi rostro pero pude divisar un ligero movimiento. Era un saco de huesos en ropa de fiesta que llevaba un vestido de silueta sirena color nude con toda la pechera bordada en cristales. Claro que las manchas de sangre y las del pavimento le habían arruinado pero eso que importaba ahora ¿Era ella la que se movía, su respiración o era la lluvia que me engañaba? Sin hacerme esperar le grité a Darío detrás del volante.

—¡Llamá al SAME ya mismo! —Me arrojé a su lado conteniendo una terrible impresión al ver aquel cuerpo maltrecho en una posición increíble para un ser humano. Vi cómo movía el iris aún consciente. Era un verdadero milagro que siguiera con vida. Sus ojos estaban abiertos como platos y su expresión era como la máscara de Scream.

—No te muevas, la emergencia está en camino.

“La emergencia nunca llegará a tiempo”, me dije mirando las heridas que laceraban su piel: huesos del brazo sobresalían por encima de su muñeca ¿Cómo podía seguir con vida?

—Alem… —susurró entre sus dientes.

Yo di un respingo del asombro. Parecía como si la voz saliera de un parlante en lugar de su boca que apenas se había movido. Quizás no estaba haciendo demasiado sentido y era la señal de la muerte apagando su cerebro. Sin embargo ¡Qué impresionante! Mi corazón palpitaba desquiciado y me sentía completamente impotente. No había ningún medio para poder aliviar la situación de esa muchacha.

—Guardá tus energías, ¡resistí, por favor!

Era más una expresión de un deseo interno que lo que sucedería en realidad. La verdad es que nunca había visto morir a nadie, como ocurre en todas esas series y películas, y esto era un shock.

Cuando tenía once años mis padres me llevaron a Chascomús y en la Ruta 2 observé los restos retorcidos de un accidente de autos al costado de la banquina y a los médicos. Parecía una escena de una película que no podía dejar de mirar, pero en verdad no había visto nada más que los restos del accidente y la cara funesta de los oficiales y doctores. Mi imaginación después lo había agrandado llegando a jurar que había visto restos de seres humanos con mis compañeros de escuela, pero esto era otro nivel. Esto no era mi imaginación agrandando la situación, era la madre de las situaciones y yo era una espectadora en primera fila.

Darío se acercó a mi lado presuroso, al tiempo que salía el conserje del edificio a nuestro encuentro.

—La maldita ambulancia no llega ¡Elisa!

—¡Es la señorita Martina Del Valle! —gritó el hombre llevándose la mano a la boca en gesto de horror.

Era castaño y corpulento. El uniforme le quedaba apretado y ahora estaba como nosotros alrededor de la moribunda mujer, solo que estaba de pie y terriblemente inquieto. Se mecía yendo y viniendo sin saber qué hacer

Un auto gris acero se adelantó dando un bocinazo cargado de odio ante el hecho de que estábamos deteniendo el tráfico, por lo que le dije a Darío:

—Deberíamos poner las balizas, es una emergencia.

Pero él no me escuchaba, estaba pensando en algo más.

—¿Martina Del Valle? —dijo el abriendo los ojos como platos—. ¡La sigo en Twitter y en Instagram! ¡Es la chica it del momento Eli!

Me salió una risa como deformada e incrédula ante la respuesta de Darío y volví a repetirle un tanto autoritaria, bastante nerviosa.

—¡Las balizas para que no nos atropellen!

Darío fue a colocarlas, no sin antes sacar su celular y tomar una foto. Yo le miré perpleja, pero no iba a esperar una explicación que no necesitaba. Martina del Valle… Traté de hacer memoria, el nombre me sonaba de oídas, pero mi fuerte no es la farándula. La respiración de la muchacha se volvió un estertor y volví rápidamente a la realidad.

—¡No estás sola! ¡La ayuda ya llega!

Fue lo único que atiné a decir ubicándome en su eje de visión. Quién sabe si veía o si ya era demasiado tarde, pero ella volvió a repetir sin mover los labios, casi en un susurro:

—Alen… —Con menos fuerza esta vez y luego silencio que se hizo una eternidad.

Quería decir algo con sus últimas fuerzas, ¿pero qué? De pronto un estertor profundo sacudió su cuerpo y luego la nada. Se había terminado todo para Martina Del Valle. Tomé su pulso en la muñeca, la que no estaba perforada por el hueso. No me animaba a tocar el cuello retorcido.

La gente comenzó a rodearnos en algún momento en el que no noté nada más. Fue entonces cuando el circo llegó. Yo me oculté de manera instintiva, alejándome del tullido cuerpo de la joven. La ambulancia del SAME dio aviso a la policía y alguien, quizás el mismo conserje, había dado aviso a un móvil de un canal al que luego se sumó otro con una rapidez asombrosa. Estábamos en el centro de la ciudad como decía Lovera. El centro de todo.

Darío y yo hablamos con la policía y dijimos que solo la vimos cuando cayó, fue una especie de pacto implícito. Yo no dije nada de sus fotos, el no mencionó que le hablé a la moribunda. Afirmamos la verdad: no vimos nada más y luego de dar un mar de vueltas nos dejaron ir. Darío dejó sus datos y yo evadí los míos. Llámenme cobarde ¿Pero cuál era el punto de declarar con la policía? Luego de mi rutina de “no vi nada, no sé nada”, se convencieron y nos dejaron ir.

Darío me tomó del brazo y me dijo frívolamente:

—¿Por qué hiciste eso? ¡No ves que podíamos haber sido testigos en el noticiero o salido en alguno de los programas de la tarde!

—¿Es en serio? —dije con sorna— ¿No ves que es macabro?

Darío me miró como si pensara decir algo más pero se calló la boca. Quizás estaba pensando en twittear algo o usar esto para de alguna manera hacerse una celebrity mediática, quién sabe lo que pensaba realmente. Los artistas son personas extrañas.

Yo me sentía un desperdicio humano. Completamente mojada y con unas ganas irrefrenables de llorar por los nervios de la situación y porque no entendía nada. Estaba como inmersa en una nube negra de negación, como si esto le hubiera pasado a otra persona. La morguera ya se había llevado al cadáver y solo quedaba la sangre lavada en el pavimento.

—Vamos, te llevo a tu casa, Eli —Me habló Darío, dándose cuenta de que esto había sido un trauma muy duro para mí. Seguro estaba hecha un esperpento humano—. Lo siento por lo de antes, no quería ser un cerdo insensible.

—Está bien —respondí y enjugué unas lágrimas que caían sobre mi rostro, aunque enseguida noté que estaba tan empapada y fría que hubiera dado lo mismo.

***

Cuando llegué al departamento, Mara se quedó petrificada al verme en ese estado.

—¡Dios! ¿Qué te pasó? ¡Te robaron!
—¿Conocés a Martina Del Valle?
—¿Debería? —respondió enarcando una ceja.
—Bueno, pronto la vas a conocer. Va a estar en todos los canales. Eligió saltar de un edificio precisamente cuando un amigo me traía a casa. Ahí, frente a nosotros.
—¿Me estás jodiendo? —Acercó una silla hacia mí y me quitó el abrigo empapado—. Estás hecha un cubo de agua, Eli. Sentate.

Obedecí dócilmente, no estaba en mis cabales. La nube negra me estaba rodeando y era silenciosa. Mara fue corriendo a calentar el agua para el mate y volvió con las cosas rápidamente. Yo no me había movido un ápice del lugar. Dispuso las pepas en un plato sacándolas del envase y se disculpó por no tener nada que cenar preparado. Yo sabía que raras veces ella cocinaba, usualmente me esperaba a mí y juntas improvisábamos algo. Y por improvisar me refiero a que ella me alcanzaba los cachivaches de la cocina y yo era la que hacía todo el trabajo mientras me hablaba de su día con los chicos. Pero hoy era distinto.

—Esto es normal. Estás en shock, necesitás tiempo para procesar el impacto.

Me sirvió un mate con yerba de frutos rojos dulce como el néctar y lo tomé haciendo una mueca.

—Te dije que me gusta la de pomelo, Mar…
—Sí, lo sé, pero no había en el chino ¿Ves? Esto es lo que necesitás, un poco de azúcar. La glucosa es buena para procesar el shock. Cuando te despiertes mañana no vas a recordar nada —decía con cierto nerviosismo en su voz.

Era obvio que nunca me había visto tan destruida en su vida. Estiré mi mano libre y jugué desmenuzando una pepa aunque el centro de dulce la mantenía unida y era pegajoso

—¿Por qué no te das una ducha caliente y te cambiás? El agua tiene efecto relajante sobre los músculos y los nervios.
—No —respondí yo largando la pepa destrozada en el plato—. Haceme otro mate.

Y sin pensarlo más, tomé mi celular. Busqué en Twitter “Martina Del Valle” y enseguida se cargaron los rips… vi su cuenta que me sugería el teléfono. El último twit decía: “Live fast, Die Pretty” con una foto de Marilyn Monroe. Rubia, como sus extensiones ¿O sería su cabello que se desprendió del cuero cabelludo? Mi imaginación, como a los once años, estaba comenzando a agrandar todo. Traté de buscar un significado preciso a su mensaje de Marilyn ¿Sería su nota de suicidio? Qué tétrico e impersonal al mismo tiempo. Scrolleé la pantalla y uno de los videos me llamó la atención. Era para un canal de modas. “Martina y su talento oculto”. Puse play al link de Youtube.

Me asaltó una voz con una cadencia extraña. Cada dos minutos decía expresiones en un inglés británico o medio concheto. Estaba con el cabello en una trenza descuidada con unos mechones sueltos, lateral, a lo Elsa en Frozen, con los labios pintados en un púrpura mate. Sus labios eran muy carnosos y contorneados. Sus ojos llamativos eran celestes y redondos, pero lo que más destacaba era la separación entre sus dientes. Tenía algo de Brigitte Bardot. Llevaba una camiseta blanca apretada de tirantes con una blusa de estampado a cuadros y unos jeans anchos como babuchas arremangados sobre los talones. Un sombrero negro con ala estilo años ochenta pero pequeño completaba el estilo. Estaba sentada en una banqueta y al lado de ella había una mesita como de bar, pero parecía un set de fotógrafo por el telón de fondo. Se había esforzado por lucir “Urban chic”. Y sin embargo… esa chica alegre ya no existía más. Me puse a prestarle atención al video.

—Mi talento oculto… Dear god! —Risas sonoras y joviales interrumpieron el relato—. Bueno, no puedo ocultarlo demasiado ¡Es el espacio entre mis dientes! —La cámara se acercó a mostrar la dentadura de la joven y el espacio entre sus paletas—. Bueno, no el espacio sino que ¡Puedo sujetar cosas entre ellos! ¿No me creen? Let’s see ¡¿Cuántos pueden sujetar cosas entre sus dientes?! Creo que si lo aprieto un poco hasta puedo sujetar el cigarrillo. No es que fume demasiado pero… Oh, my gosh… intentémoslo ahora.

Mientras tanto la joven probaba jocosa las cosas que podía sujetar entre sus dientes y para finalizar sujetó un cigarrillo de los finitos. Lo primero que pensé fue “¡Qué flor de boluda!”, “Cosas así hacen quedar a las mujeres como idiotas”. Pero entonces el tinte del vídeo cambió. Ella se puso seria y dijo, quitándose el cigarrillo:

—Mi talento oculto no son mis dientes, mi talento oculto es que —Hizo una pausa y suspiró— soy una excelente periodista, pero nunca me dan la oportunidad de demostrarlo en serio, porque las chicas con cerebro no venden mallas o no son sexys, no salen en bikini y haciendo topless en revistas. Mi talento oculto es mi cerebro y eso es el talento oculto de todos los seres humanos. Es lo que nos hace verdaderamente sexys. Mis dientes ocupan el segundo lugar, obviously! —Remató recuperando el sentido del humor del video y terminando el monólogo con un guiño a la cámara y una sonrisa ladeada.

Solté el celular y agarré el mate que me ofreció Mara, todavía más consternada. No sabía si Martina me hubiera caído bien. Sin duda tenía un don y una belleza digna para las cámaras. Era toda una bomba sexy. Pero en un momento se puso a pensar en la posibilidad del suicidio. Esa joven, la de la cámara, parecía no tener más problemas que saber qué se pondría al día siguiente.

—¿Estás mejor? —preguntó Mara al verme tan ensimismada con el teléfono.
—Mmm. Sí —dije asintiendo con la cabeza.

Fue entonces cuando le llegó un mensaje de WhatsApp. Era de parte de Eduardo Barrios Sucre. Casi podía imaginar lo que diría, pero me obligué a leerlo.

—¿Cómo que Darío y vos vieron morir a Martina Del Valle?
—No quiero hablar de eso —Tipeé en el celular.
—Me serviría para el periódico ¿Hablaste con ella? ¿Últimas palabras de la famosa? Algo por el estilo —Me mandó un audio demandante el periodista.
—Para mí hubiera sido lo mismo si no se hubiera tratado de Martina del Valle… que no tengo nada para contar. Es terrible lo que pasó… no quiero recordarlo. No dijo nada para inmortalizar. Lo siento por la posteridad —Mandé un audio enfurecida sin querer a todo el grupo de chat de “Tras los pasos de Clarissa Miller”.

Me di cuenta del error cuando terminé de enviar el audio y comenzaron a caer mensajes de Úrsula:

—¿La modelito rubia? ¿La de los dientes que a veces es panelista en Incontrolables? ¿Qué pasó con ella? —preguntó la anciana mujer y al pasar unos segundos, escribió: —¡Muerte dudosa!
—Sí y Elisa y Darío la vieron caer del edificio Forest, pero no me quiere colaborar para el diario —Contestó con un audio el periodista.
—¿Quién es Martina Del Valle?­ Estoy perdida­ —preguntó Oksana y le siguió Nicanor.
—¿Incontrolables es ese programucho de chimentos y variedades de la tarde? ¿Qué hacía ahí? A veces lo engancho.

La tormenta se había desatado y el mensaje de Úrsula me hizo saltar del asiento. Obvio que no miraba Incontrolables, nunca estaba disponible por las tardes, pero… ¿Muerte dudosa?Salté del asiento y encendí la tele. Para ese momento mis ropas solo estaban húmedas y ya estaba tan congelada que me daba todo igual. Mara me alcanzó otro mate, hasta que encontré lo que buscaba con el control remoto.

El movilero sosteniendo un paraguas negro y con cara de compungido transmitía en directo desde la misma puerta del edificio.

—Se habla de un suicidio, en primera instancia, pero la policía científica aún no descarta que haya sido algo más. Se encontraron estupefacientes en el departamento de la modelo y algunas señales confusas. Ahí llega el novio de la modelo.

Las cámaras se arrojaron violentamente sobre un joven de unos treinta años, castaño y perturbado por la presencia de las noticias y tantas personas en el lugar. Sentí pena por él, qué momento más terrible y estar pendiente de todos esos medios. De pronto, el zócalo del noticiero cambió. Ahora se leía:

“Antonio Alem llegando al edificio de su novia”.

Alem, ella dijo Alem…

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