Miguel Abuelo

Hace unos días me encontraba caminando por el barrio de Boedo y paré en una librería a chusmear ofertas y tal vez comprar algo.

Cuando compro libros es una señal de que pasó algo muy bueno. Cobré. Y lo festejo llevándome algunos tomos que muchas veces, por cuestiones de tiempo, no leo pero prometo leerlos en algún momento. Como tantas promesas que hago. Como viajar, aprender a hacer embutidos o llamarla…

En medio de mi aventura por las bateas me encontré con un libro que capturó inmediatamente mi atención: Una bonita edición de tapa dura, de La Nación de hace unos años. Lo compré y decidí que esa iba a ser mi próxima lectura. Pensé en Miguel.

Miguel Abuelo

Miguel era un alma libre. Lo poco que se sabe de su pasado es que era pobre, que vivió en un orfanato durante sus primeros años, separado de una madre tuberculósica y que según el “le regalaron” sexto grado antes o después de haber sido echado de demasiados colegios.
Sin embargo era un libro abierto, lector enfermizo y poeta que pasaba de Borges a Platón sin escalas.

Tenía un carácter especial. Esa libertad que lo caracterizaba lo volvía alguien particularmente proclive a boxearse con quien lo mirase mal. Era un loco lindo.

No sabía de rock, sí de folklore, pero no de rock. Hermosa ironía para alguien que está entre los fundadores de nuestra música.

A continuación me propongo contarte quién fue Miguel y por qué su magia hoy nos sigue bañando.

Una mentira que fue verdad



El banquete de Severo Arcangelo
“Ahora bien, la Cuesta del Agua propone una concentración definitiva. Yo no logré mantenerla y huí en otras de mis dispersiones. ¡No sin razón Pablo Inaudi me llamó algunas veces Padre de los piojos y Abuelo de la Nada!”

El fragmento pertenece a “El banquete de Severo Arcángelo” de Leopoldo Marechal y podrás imaginar que ese es el libro que compré.

Por eso pensé en el.

Miguel acompañaba a un adolescente Pipo Lernoud en una reunión por cuestiones de derechos de autor de sus obras (había co-escrito “Ayer nomás” con Moris y había sido grabada por Los Gatos) hasta que Ben Molar advirtió a ese jovencito en un rincón.

—¿Y vos qué haces? ¿Tenés un grupo?
—Sí, tengo un grupo —contestó Miguel.
—¿Ah sí? ¿Y cómo se llama? —preguntó desconfiado el empresario ante la rápida respuesta
—Los abuelos de la nada —contestó.
—Tienen hora de grabación dentro de tres meses en CBS Columbia, averigüen el horario.

Miguel dijo al respecto: “Siempre fui un propulsor de la verdad, pero la mentira la tengo en la punta de la boca para lo que haga falta”. Demás está decir que no había banda. Hubo que formarla. Era el año 1967 y Los abuelos de la Nada habían nacido.

Lo primero que se les viene a la cabeza a muchos cuando hablamos de “Los abuelos de la nada” son los 80, Calamaro jovencito, Cachorro Lopez y Miguel en calzas bailando al ritmo del Rototom. Pero sepan que la primera formación es muy anterior y contó con la participación de Norberto Napolitano y Héctor Lorenzo ¿Te suenan Pappo y Pomo?
Grabaron un single que tenía dos canciones: “Diana divaga” (con guitarras de Claudio Gabis) y “Tema en Flu sobre la tierra”.

Podemos decir que “Los abuelos de la nada” es una banda fundacional de Rock Argentino junto con Almendra, Manal y Los Gatos.

Pero Miguel era un alma libre. Nunca dejó de serlo. Ni siquiera cuando, a pesar de un relativo éxito, una discusión con Pappo acerca del rumbo que debía tomar la banda hizo que abandonara el proyecto. Miguel le regaló el fondito de comercio al Carpo, quien lo disolvió tiempo después.

Y nada.

Si la última dictadura militar fue la Miguel Abuelo et nadamás sangrienta y asesina, la originada por Onganía fue una de las más terribles para la cultura, el conocimiento y el arte.

La policía limpiaba la sangre de sus bastones cuando Miguel decidió partir a Europa en busca de vaya a saber qué mientras profesores, médicos, artistas y músicos eran perseguidos en este lado de la vereda.

Eran los tempranos 70 y Miguel se había casado en Ibiza con Krishna Bogdan, madre de su hijo, a quien bautizó Gato Azul. Sí, hasta en eso era hippie.

Durante su estancia por el viejo continente conoció a un importante mecenas llamado Moshé Naím, un empresario vinculado a importantes figuras como Dalí o Naná Vasconcelos.

Moshé, quien lo hizo grabar unas demos en su estudio, quedó tan fascinado con Miguel que le produjo un disco solista. Disco solista que quedó trunco en el proceso dada la impulsividad del artista, que decidió formar una banda y arrancar de nuevo todo.

Era tanta la fascinación de Naim por Miguel que no solo aceptó arrancar las grabaciones nuevamente, sino que equipó íntegramente a la banda y armó un espectáculo alrededor de Miguel y los flamantes “Nada”.

El disco finalmente se editó y es uno de los discos más increíbles que haya grabado un artista argentino. El olor a Zeppelin que emana su escucha es inevitable y es triste saber que tuvieron que pasar 24 años para que se edite tímidamente en Argentina. Hacete un favor y escuchalo.

Pero Miguel era un alma libre. Nunca dejó de serlo. Ni siquiera cuando, en medio de una gira europea presentando el disco aún inédito, una discusión con uno de los integrantes hizo que abandonara también este proyecto. Y era tan libre que no le importó que Moshé Naim lo idolatrase ni que quisiese lanzarlo como solista. Miguel se fue.

Los ochenta, la fiesta inolvidable y la cara ensangrentada


Pasaron muchas cosas después de eso. Hippismo, divagues, hasta una estancia de un año en la cárcel por un confuso episodio. Algunas aventuras con Miguel Cantilo y Kubero Diaz y una gran amistad con Cachorro Lopez cuando Ibiza aún era tierra de errantes y no el paraíso “all inclusive” que conocemos hoy.

Fue Cachorro, ya en Argentina, quien invita a Miguel a regresar. La idea de un proyecto musical en conjunto se hacía cada vez más fuerte y unas palabras bien escritas convencieron al loco lindo de volver a Buenos Aires.

Entonces el dream team. Miguel se rodeó con los mejores del momento: al bajo de Cachorro Lopez se suman Andrés Calamaro en teclados, Gustavo Bazterrica en guitarra, Daniel Melingo en Saxo y Polo Corbella en batería. Nace la formación clásica de “Los abuelos de la nada”.

los abuelos de la nadaEl primer disco de esta formación fue producido por Charly García, algo que fue muy complicado dados los egos en juego. Sobre todo entre Miguel y Charly. Situación que empeoró cuando el Bicolor reclutó a Calamaro, Melingo y Cachorro para su banda en vivo.
Más allá de eso fueron un suceso inimaginable.

Miguel era el alma y los músicos eran la maquinaria atrás de él. Ellos traducían su magia en música y al mismo tiempo equilibraban y armonizaban su locura y su inestabilidad.

Momento épico: Festival Rock & Pop (1985) en Vélez. Tocaron desde Charly y Fito hasta INXS.

Sonido pésimo, lluvia, barro y gente molesta eran un cóctel que explotó en forma de botella en la cara de Miguel que nunca dejó de cantar a pesar de tener la cara cortada ¿Entendés de qué clase de artista te hablo?

Abuelo sangrandoPero lo bueno tiende a durar poco. Y estos Abuelos no fueron la excepción.

La partida de Bazterrica seguido por Calamaro, Cachorro y Melingo obligaron a Abuelo a reclutar músicos para grabar un nuevo trabajo.

Cuando Corbella, último integrante original, abandonó la formación, Miguel decidió cambiar el nombre de la banda. Decisión revocada por pedido de la discográfica.

La banda tenía un gusto especial dada la presencia de Kubero Diaz, un viejo compañero de ruta europea, y junto a él estaba Juan del Barrio (el tecladista que deseaba originalmente antes del ingreso de Calamaro) y Chocolate Fogo. Pero un par de giras malogradas no levantaron al hombre libre y el hombre libre había sido atrapado por una enfermedad demasiado cruel.

Miguel, el Abuelo de la nada

Yo sigo fiel a mis pasos,
Que van tras mi necesidad.
Puede;
Que al girar mi cabeza cuatro veces
ya no te encuentre.
Pues,
quede este momento como constancia
De que por vos ESTUVE BUSCANDO.
(Chau!)

Miguel fue un errante, un loco lindo con una “coctelera en la cabeza que ni él se bancaba” y que conocerlo era tener a un ser demasiado lleno de vida adelante.

Vivió y murió demasiado rápido. Pocas veces se detuvo.

Es curiosa la recurrente presencia de la palabra “Nada” en su historia. Demasiado optimista para ser nihilista, demasiado nihilista para enraizarse. Demasiado para un mundo como este
¿Puede caber tanta magia en un petiso tan compadrito?

Su influencia va desde los músicos con los que compartió proyectos como Andrés Calamaro, Cachorro Lopez, Pappo o hasta el mísmo Charly García (aunque jamás lo reconocería). Fue un pilar, también, para bastiones como Luis Alberto Spinetta, quien cita la influencia de “Mariposas de madera” en “Muchacha” o el mismísimo Ricardo Iorio, que versionó la canción en su disco solista.

Miguel está en todos lados. Como las mariposas. Como el agua. Como la nada.

Mi papá lo que quería es que lo tiren al mar (…) ahí desparramamos las cenizas. (…)
Es parte de la tierra, (…), volvió a ser lo que somos todos.
Nada. (…) Se volvió a integrar con la nada. (…)
En todos lados está
(Gato Azul Peralta)

Miguel Angel Peralta, Miguel Abuelo, murió el 26 de Marzo de 1988. Apenas cinco días después de su cumpleaños número 42 en su Munro natal. Se dice que murió de SIDA pero esa información fue desmentida por su médico quien, si bien afirmó que era portador del virus, no había desarrollado la enfermedad. Una infección en su vesícula biliar se lo terminó llevando. Rapidísimo. Igual que su forma de vivir.

Dejó atrás una obra lírica y musical increíble y necesaria como también una influencia que perdurará por siempre.

Qué maravillosa paradoja que haya iniciado su camino gracias a una obra de Leopoldo Marechal con gente que se reunía en un lugar como la Perla de Once, donde antaño el autor del “Adan Buenosayres” solía juntarse con tipos como Jorge Luis Borges, Xul Solar, Macedonio Fernandez y otras luminarias más.

Hoy pensé en Miguel con “El banquete de Severo Arcángelo” en la mano y resuena en mi cabeza ese maravilloso duende de la libertad y una línea que más que poesía es una declaración de principios:

Todo lo que ata es asesino
(Oye niño)

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