Indio en Olavarría
Foto: Martín Bonetto / Clarín

Como la gran mayoría de nosotros estuve al tanto de las noticias respecto a los hechos ocurridos en el recital del Indio y es inevitable caer en ciertos vicios, si se les puede decir así, que vi magnificados por demás en la libertad anárquica de las redes sociales.

Y estoy espantado. Terriblemente espantado. No solamente por las muertes acontecidas, por los heridos, por el desastre general que esto trajo consigo. Estoy espantado por algo más. Otra cosa que, para mí, es igual de grave.

Respecto al recital. Prefiero no hacer demasiadas inferencias o sacar conclusiones a la marchanta sin más información que la de los medios y las redes, más que nada porque no hace falta ser un licenciado en comunicación para entender el funcionamiento de ambos. Solo compilaré muy escuetamente algunas de estas informaciones a modo de proponer un análisis por parte de aquella persona que pierda el tiempo leyendo esto.

¿Estaba sobrepasada la capacidad del lugar? ¿Hubo reventa descontrolada? ¿El Indio Solari es un burgués nefasto cuyo capitalismo deja al mismo Donald Trump disfrazado de Camilo Cienfuegos pidiendo caramelos en Halloween?

Preguntas varias para las que no tengo respuesta. Lo único que tal vez me diferencia del resto es que yo lo admito. No lo sé.

Los pequeños avisos


No puedo ser íntegramente objetivo respecto a la figura de Solari porque trato de ver las cosas con un sesgo histórico tristemente ensombrecido por el afecto y la admiración que me genera su persona y su obra. Sí, ambos. Y tal vez esta declaración anule todo lo que sigue.
Más si tengo que ponerme en abogado del diablo, hay ciertos asuntos que no me cierran.

Hace unos días nos lamentábamos con uno de mis compañeros de banda respecto a una fecha que se nos había suspendido. La conclusión a la que llegamos, el breve consuelo que habíamos encontrado fue simplemente que cuando una serie de eventos desafortunados se produce en las vísperas de algo es porque ese algo no debe ser. Triste sentencia aplicable a otros ámbitos.

Siendo la nuestra una banda microscópica, indefectiblemente no es algo que revista demasiada gravedad excepto para nosotros y quienes nos siguen. Calculo que en el caso de un espectáculo de tan grande magnitud como un recital del Indio, la cosa se complique.

Hoy pensé mucho en eso. En la sucesión de pequeños hechos. Pensé en la prohibición o levantamiento de la fecha de Indio en Tandil, el clima tenso que reina nuestros días, la repentina apertura mediática de la figura de Solari (otrora terriblemente hermética) con sus manifestaciones públicas y sobre todas las cosas algo que no deja de resonarme: Una advertencia publicada días atrás a través de Marcelo Figueras. Cito:

“UN ÚLTIMO SECUESTRO, NO
Hago mías las palabras de un amigo dilecto, referidas a la inminente fiesta en Olavarría. “Quienes vayan a ver al Mister no pequen de inocentes. Cuiden a quién tienen al lado. Este es un momento especial. Hay intereses oscuros que con pocos miembros pueden alterar la fiesta. A bailar y cantar es a lo que vamos y eso haremos”.
El sábado, a cuidarse y a cuidar de quienes nos rodean, aunque no los conozcamos. Cierta gente de mierda (debería puntualizar: PODEROSA gente de mierda) se regodearía si alguien sale lastimado. No le demos el gusto.
A vivir que son dos días”.

Ustedes se sentirán en la libertad de juzgarme amigo de las conspiraciones, amigo de las ideas que juran que los poderes fácticos nos someten a través de las vacunas o tal vez defensor a muerte de la ídem de Paul McCartney.

Puede ser.

Pero no dejan de resonarme estos hechos puntuales. Sobre todo la prohibición de que el recital sea en Tandil, a pesar de que ya había tenido lugar exitosamente. No una vez, sino cuatro.

Las Misas pueden contarse a dedo desde que el Indio es solista y bien sabido es que la organización y el costo corre a cargo de este como así las negociaciones prediales. Pero las negociaciones involucran también a funcionarios públicos. Y acá empieza a llenarse de nieve la bola en caída libre. Los hechos puntuales, el hermetismo de Solari ante estos, los pibes varados. Las víctimas. Sobre todas las cosas, las víctimas.

“Hay intereses oscuros que con pocos miembros pueden alterar la fiesta”.

La productora “En Vivo S.A” fue la encargada de la organización del evento y ya tiene experiencia en tragedias de este tipo. En el año 2011, bajo el nombre “Chacal Producciones”, fue la encargada de la presentación de La Renga en el Autónomo de La Plata, donde murió Miguel Ramírez luego de que una bengala impactara en su cuello.

No está del todo claro si Solari está directamente relacionado con la productora o solamente terceriza sus servicios, pero es innegable que tendría que haber estado al tanto de los antecedentes, de la organización y, sobre todas las cosas, de ciertas irregularidades provenientes de la parte municipal.

Los habitantes de Olavarría fueron duplicados y hasta triplicados en número por la cantidad de visitantes que concurrieron al evento.

Por otro lado, tenemos la adjudicación de un predio judicializado por parte de un intendente que no solicitó permiso a su Concejo Deliberante para esta explotación, algo que le puede significar un juicio político y posterior destitución.

Y lo más grave. La incapacidad o desidia de este Municipio ausente, carente de coordinación de ingreso para colectivos y combis, falto de autoridades, policías y defensa civil para socorrer a las personas. Ni baños químicos había en Olavarría ¿Entendés? Pero por suerte hubo camiones para poder sacar, como vacas al matadero, a los pibes y las pibas de la ciudad. Sacar a la gente de la ciudad.

Cómo POCOS MIEMBROS, pudieron alterar la fiesta. Demasiado pocos.

Te lo resumo de una manera simple. Un intendente salido de un movimiento caracterizado por golpes de efecto (Cambiemos) tuvo el capricho de llevar un recital de proporciones astronómicas sin contar con la capacidad logística ni la aptitud para hacerlo. Ahora viene el pase de facturas con la productora, con la provincia y por qué no… con el ejecutivo. Y aquí quiero llegar.

Opinogía a la orden del día


¿Viste que recién te decía que había algo que me había espantado particularmente? Si llegaste hasta acá, te invito a que revisites la advertencia de la que te hablé y repares en una frase: “Cierta gente de mierda (debería puntualizar: PODEROSA gente de mierda) se regodearía si alguien sale lastimado.”

Lo que me espanta sobradamente es la cantidad de moralistas de cotillón que salieron de abajo de las piedras. Detractores y jueces de cafetín de mala muerte que, amparados por opiniones tan irrelevantes y falaces como la mía, creen tener la altura moral para juzgar a músicos, concurrentes y cocacoleros por demás.

Los mismos que creen que la condición SINE QUA NON del progresismo es abstenerse de la tecnología o los viajes porque los gustos de la burguesía anulan cualquier razonamiento contrario al sistema dominante.

Eso me espanta.

La capacidad de ciertas personas para hablar al pedo y juzgar diciendo que el Indio es un hijo de puta que tendría que haber hecho tal cosa y tal otra. Que los pibes son X y por eso pasó lo que pasó. Como un “hablemos sin saber” perpetuo pero sin Natalia Natalia ni comicidad alguna. Espanta esa actitud imbécil de señalar con un dedo mocho con la autoridad papal del ignorante.

Imaginate que si eso ocurre en escalas insignificantes… Cuál es el límite. Desde Juan de Los Palotes ironizando acerca de que “el lujo es vulgaridad” llegamos al presidente mismo de la Nación diciendo cuál es el comportamiento apropiado y “que no hay que pasar por arriba de las normas” cuando todavía tiene el cuello de la camisa manchado con la tragedia de la Time Warp, entre otros manchones más inmediatos.

¿Qué va a pasar mientras estoy escribiendo estas lineas? ¿Qué nos va a hacer sangrar mientras hablamos de Olavarría? Pensalo.

Y no quiero dejar de señalar la asfixiante hipocresía de los medios. No solamente los medios dominantes que bien sabemos lo que son.

Las 7 víctimas fatales que anunció la agencia Telam a una hora del evento es una suerte de remake macabra del “Ganó Scioli por amplia diferencia” de C5N en lo que fue un facazo en el corazón del periodismo y una manipulación de los familiares de los asistentes que carecían de contacto con ellos dada la pésima cobertura móvil.

Ironía grande, el medio amarillo por excelencia fue el único que puso un poco de cordura poniendo sus redes sociales a disposición de las informaciones oficiales y por medio de la siguiente placa:

placa cronica indio

Por otro lado están los medios independientes que antes idolatraban y endiosaban al músico y hoy lo destrozan con juicios de valor innecesarios mientras se rasgan las vestiduras con el mismo tufo que el periodismo deportivo cuando habla del folklore del fútbol y luego condena su violencia.

Conclusión

El motivo de estas palabras no es una defensa a Solari. El Indio no necesita mi defensa ni la de nadie. Sentí simplemente la necesidad de escribir estas líneas como un ejercicio de sumatoria de hechos y como crítica a los sabihondos de burdel que tanto abundan y nauseabundan las redes sociales y los medios y que esperan como parásitos que el personaje en cuestión caiga para patearlo y mordisquearlo desde el suelo. Buitres ignorantes y patéticos que hacen daño con sus proyecciones en el otro.

Limítense a lo que mejor hacen: sacarse selfies y exhibir sus vidas ficcionales que así, aunque asqueen un poco, no dañan a nadie.

Por mi parte, me reconozco un hombre particularmente terco y necio, pero me he propuesto como ejercicio, respecto a esto, el absoluto descreimiento de todo lo que me rodea y la completa desconfianza en toda clase de juicio de valor y conclusión. Especialmente la mía. Lo intento al menos. Y tengo el deseo de no llegar a una conclusión o al menos que ésta llegue más bien tarde. Porque, parafraseando muy libremente a Alejandro Dolina, prefiero llegar tarde a una conclusión medianamente correcta que llegar demasiado rápido a una conclusión equivocada.

Comentarios