Exposición en Zaragoza
Exposición en Zaragoza, España.

Cuando empecé a estudiar arquitectura, en mi primer semestre me tocaba cursar una asignatura llamada Expresión. El objetivo, básicamente, consistía en aprender a transmitir en dos o tres dimensiones lo que quieres expresar. Por lo general algún sentimiento. Como parte del programa había una etapa en la que debíamos expresarnos con pintura abstracta, sin conocimiento previo (imagino que eso debió funcionar para probar qué tanto sabíamos).

Recuerdo perfectamente los desvelos y dolores de cabeza que pasé durante esas primeras semanas, porque aún con gran esfuerzo no lograba convencer al profesor con mis pinturas. Ya tenía más de diez intentos fallidos acumulados en mi carpeta y la desesperación se empezaba apoderar de mí ¿Por qué estaba fallando? ¿Qué era lo que me faltaba? Después de todo, resulta que no es tan fácil hacer unos “garabatos”.

No olvidaré la experiencia que empezó una noche antes de una entrega importante donde mi inspiración y paciencia estaban al borde del colapso. Ya eran las cuatro de la mañana y ni siquiera las opciones que tenía me convencían a mí, así que en un arranque de locura agarré la pintura y a borbotones la tiré a como quedaran.

Todo estaba bien hasta que me tocó recoger el cuadro para llevarlo a la universidad. Por el poco tiempo que había pasado desde que tiré la pintura en el papel, obviamente esta no se había secado y no le faltó espacio para empezar a regarse por todos lados ensuciando a su vez los demás intentos que había hecho ¡Adiós paciencia, hola desesperación! Con un pañuelo quité sin reparo alguno todo el exceso de pintura hasta que quedó seco ¡No sabría ni cómo describir cual desastre! Pero ya no tenía tiempo.

Menudos savios por el mundo
Caricatura de Menudos “savios” por el mundo.

Pasé por todo un proceso de nerviosismo y autoréplica contra mi descontrol para llegar a mostrarle mi horrible trabajo al profesor. Sin embargo, no se pueden imaginar mi sorpresa cuando éste, con completo orgullo, me dejó claro que eso era exactamente lo que él esperaba. Me llevé la mejor calificación del día. No podía ni entenderlo, créanme ¡Y eso que fui yo misma quien pintó arruinó el cuadro!

El arte abstracto suele abrumar por la complejidad interpretativa de los elementos que componen la obra y es normal que si no manejamos un conocimiento previo, a simple vista, no podamos entenderlo. En la pintura abstracta no se pueden comparar los trazados con las figurativas realidades que nos rodean.

Les confieso que no han sido los únicos que han pasado por la etapa de decir que es un desperdicio plantarse horas muertas frente a un cuadro que a nuestro criterio quizás un niño de tres años hubiese pintado mejor. Sin embargo, tiene su truco.

Mi objetivo no es que de pronto aprendan a calificar una obra abstracta y entenderla en su totalidad, sería una ofensa para los que se han pasado años profundizando en la educación artística, pero sí que al verla no piensen “¿Qué carajo es este desastre?” y tengan en los archivos de su memoria al menos algunas técnicas con las cuales sentirse tentados a detenerse, mirarla y tratar de comprenderla.

Composición 8 de Kandinsky
Composición 8, Wassily Kandinsky.

Entonces, ¿cómo entender la pintura que no entendemos?


Mi profesor me dijo “Aquí sentiste lo que tus manos pintaban”. Y, prácticamente, esa es la clave: Sentirlo. Dejarse llevar por la inconsciencia de lo que se siente al momento de pararse frente a la obra, puesto que el objetivo de los artistas, desde que comenzaron en el siglo XX con este modo de pintura, se focaliza en expresar ¿en voz alta? sus emociones profundas.

Por mi falta de conocimiento yo no me di cuenta de lo que mi profesor vio, pero en mi pintura el trazado brusco y las salpicaduras espontáneas me pusieron al descubierto, porque al final en este tipo de arte el inconsciente (que siempre está presente) es lo que más trabaja.

Sin embargo, al momento de un análisis general (o específico) es imposible decir “esto es exactamente lo que significa”, de hecho, si así fuese, el cuadro perdería la magia que lo convierte en arte.

Existen pautas. Mientras más conocimientos al respecto manejes, más rápido podrás volcarte hacia un sentimiento común.

Por ejemplo, Susan Woodford, filósofa e historiadora del arte, en su libro “¿Cómo mirar un cuadro?” propone tres claves principales para analizar una obra:

  • ¿Cómo está estructurada y cuáles son sus principales elementos?
  • ¿Cuál es su grado de realismo?
  • ¿Cuál fue la intención u objetivo del artista al realizar dicha obra?
Pintura Abstracta En Colores Brillantes
Colores brillantes, pintor contemporáneo Morales Grillo Milton.

Esto significa que en el momento de mirar un cuadro abstracto nuestra atención debe irse hacia sus colores, las formas, los patrones y texturas, la fuerza de sus líneas y, además, dilucidar qué tan real es lo que estamos viendo, qué tanto podría asemejarse a lo que conocemos, descubrir si existe o no una realidad metafórica. Porque una vez entendamos estas claves, incluso apoyándonos en la pista del título de la obra, podemos pasar a preguntarnos qué nos quiere transmitir el autor con todo esto.

Pero estas tres claves son excusas para crear un ambiente de cercanía y así mezclar nuestros sentidos con la obra, porque realmente cuanto más tiempo pases con ella más empiezas a sentirla, por eso estimular y hacer vibrar el alma es lo que una obra de arte provoca.

Normalmente, un niño de tres o cinco años no podría manejar estas habilidades. Se necesita de un profundo conocimiento en el impacto psicológico del funcionamiento del color, además de saber las sensaciones que pueden provocar ciertas estrategias de composición para despertar en quien observa un todo en lo que parece nada.

Primera acuarela abstracta
Primera acuarela abstracta, Wassily Kandinsky en 1910-13.

Kandinsky, quien es considerado el precursor de la pintura abstracta, en sus tratados “De lo espiritual en el Arte y Punto y línea sobre el plano”, consigue codificar los estados de ánimo y las emociones mediante los colores y las formas.

Los artistas lo tienen estudiado y sus conocimientos se apoyan bastante en la psicología del color. Para entender la pintura debemos librarnos de cualquier prejuicio y entregarnos a la obra. Se necesita paciencia y profundidad. Volcarse a lo sensitivo. Ir más allá. Dejarse llevar y ver hasta dónde se llega.

Tras bambalinas, lo más importante es permitir que la pintura te hable mientras te tomas el tiempo de observarla y preguntarte cómo lo que estás viendo te afecta.

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