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Parece que en Argentina la historia se repite una y otra vez: cada inicio de clases trae aparejado un conflicto con el sector docente y la correspondiente paritaria. Cual quimera, tanto durante los años de gobierno de Cristina, como ahora la gestión de Macri, se intentó sin éxito lidiar con esta situación que para los argentinos no tiene nada de novedoso. Sin embargo, este año la gestión bonaerense de Vidal le dio un nuevo cariz a la situación.

La importancia de la paritaria radica en que permite a los trabajadores discutir el salario directamente con el empleador.

El derecho a negociar colectivamente fue suspendido durante la dictadura y no fue hasta 1988 que este derecho fue recuperado, de una manera muy paulatina, ya que la flexibilización laboral de la época menemista fue un flagelo terrible para los trabajadores.

En lo que respecta a los docentes, el desprestigio de la educación pública va en un continuo aumento, resultado de un vaciamiento feroz a lo largo de los años. Desde la dictadura, pasando por los nefastos 90, la escuela dejó de ser ese motivo de orgullo que era para nuestros abuelos y, en cierto punto, para nuestros padres. La famosa reforma neoliberal de los 90, siguiendo los parámetros del Banco Mundial, tratando de imitar el modelo chileno, por ejemplo (¿No es lo que escuchamos decir al presidente Macri actualmente, el modelo de Chile?), establecía una descentralización de las instituciones educativas, que pasaron de estar bajo la órbita del poder nacional para pasar a manos de las provincias. A esto se le sumó recortes de diversos programas considerados “innecesarios”, todo con el fin de reducir el gasto público, premisa básica del neoliberalismo y parte del “pack” de medidas de los organismos internacionales como el FMI.

Ahora bien, frente el argumento de “los chicos deben arrancar las clases porque no tienen la culpa”, a lo cual sólo un perverso podría oponerse, tenemos la realidad de los docentes: salarios más que ínfimos en comparación a la desastrosa situación económica (inflación, tarifazos que no terminan, por nombrar sólo dos variantes) y la continua pérdida de poder adquisitivo.

Esto no es privativo del gremio docente. Todos los gremios (sacando contadas excepciones) han cerrado sus paritarias por debajo de la inflación, lo que representa una clara derrota para la clase obrera. Sin embargo, la particularidad de la paritaria docente es que implica “que los chicos no vayan al colegio” ¿Y qué es más inmaculado que los niños y su derecho a aprender? Esta idea tan arraigada en la sociedad es bien conocida por los políticos, quienes saben que en un año electoral puede ser una salvavidas o un salvavidas… pero de plomo.

La paritaria en la Provincia


El gobierno de María Eugenia Vidal se caracteriza por su imagen positiva, lo que como todos sabemos, no dice nada respecto a su gestión. De hecho, una de las características de la gestión “vidalista” es gobernar con cierta mano de hierro en muchos aspectos, siendo una muestra clara la paritaria con los estatales.

La situación no es sencilla. A los docentes se les ofrecía 18% en 4 pagos y tras mucha tensión y negociaciones hubo una nueva oferta de… 19%. Sí, un 1% más. Entonces, ¿cómo se condice la importancia social que tiene la educación con el desastroso nivel del salario docente? Esto nos lleva inevitablemente al verdadero trasfondo de la situación: el desprestigio docente. Todo esto sin entrar en las condiciones en las que muchos docentes deben dar clases, los colegios públicos que deben actuar como comedores, ya que esto nos llevaría horas.

La falta de jerarquización del docente es una de las claves para entender lo que está pasando y no está ligado claramente a una gestión u otra solamente, sino que es un gran problema que afrontamos como sociedad.

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Y es en este punto donde aparece el voluntariado. Ante la escalada de tensión, aparecieron en las redes sociales, más principalmente en Twitter, “voluntarios” dispuestos a ponerse al frente de las aulas (!) para garantizar que los chicos asistan a clases.

Las redes sociales sin duda son el punto central, el gran “caballo de batalla” de este gobierno, donde siguiendo la línea más dura de Marcos Peña, parecen dispuestos a dar la disputa. Así, la gobernadora de la Provincia de Buenos Aires convocó a todos los voluntarios a que se sumen a los distintos espacios para brindar apoyo escolar mientras los niños no tengan clases ¿De qué nos habla esto? La idea que subyace es que cualquiera puede ser docente, que cualquiera puede ponerse frente a un aula y enseñar. Lo alarmante es que esta idea es replicada por la mismísima gobernadora de la Provincia, con la gravedad institucional que esto conlleva. Quizás cuando haya algún conflicto con el gremio bancario, podamos ofreceremos como voluntarios, ya que todos hemos hecho alguna compra del mes….

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El conflicto aún está por destrabarse, pero sin duda el “voluntariado docente” todos los recordaremos, probablemente como uno de los mayores agravios al rol del docente.

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