Personas horrendas de la raza humana

“La mayor parte del mal en este mundo es hecho por personas con buenas intenciones”.
-T.S. Eliot.

La maldad del ser humano, a veces, tiene medidas que sobrepasan lo ilimitado, pero existe algo peor: La ignorancia de esta maldad. Las personas horrendas muchas veces son inconscientes de esto.

Uno de los evangelios apócrifos hallado en el Mar Muerto sentenciaba que el mundo se divide en dos clases de personas: Los boludos y los hijos de puta.

Posta. Te citaría la fuente pero… no la tengo a mano.

La diferencia entre uno y otro radica en que el segundo se jacta de su perversidad y eso lo hace medianamente digno, admirable y coherente. No hay contraargumento contra alguien orgulloso de sus fechorías. Pero… ¿Qué pasa si incurrís en actitudes despreciables y tal vez no te das cuenta?

A continuación algunos ejemplos de malevolencia cotidiana que muchos cometemos y no advertimos. A fin de recapacitar un poco… o al menos… jactarnos.

Usá la otra si estás apurado


Estás apuradísimo, no llegás y tenés que lidiar con el azar del correcto funcionamiento del subterráneo y sus combinaciones que en algunos casos implican casi kilómetros de caminata bajo tierra (para muestra, combine la D con la H sin contemplar la idea del suicidio).

Te bajaste del primer subte y con los minutos contados para arribar al otro, ves que la combinación está absolutamente llena de gente.

La escalera que más rápido avanza es la mecánica, agarrás el lado izquierdo para caminarlo
permitiendo subir más ligero y de repente… la señora que está adelante decidió quedarse quieta, en una muestra de lo que el diccionario de la RAE define como hijaputez elocuente.

La gente que se queda parada del lado izquierdo de la escalera mecánica es, sin dudas, gente despreciable sin ningún tipo de consideración hacia el prójimo.

Según estudios neurocientíficos realizados por la Universidad de Michigan, el sector del cerebro que reacciona cuando una persona se queda quieta en el lado izquierdo de la escalera mecánica es el mismo que se activa cuando se abre un paraguas abajo de un techo. Lo que la ciencia no pudo comprobar es si este comportamiento es involuntario, adrede o simplemente que el cerebro sufre un micro ACV que inhibe el razonamiento en ese preciso momento.

La principal refutación que en su Escalera mecánicadefensa esgrimen las personas que hacen esto es y cito: “Si
estás apurado, subí por la escalera común que está para eso. La escalera mecánica está diseñada para que uno se quede quieto y así la voy a usar”.

La persona que sostiene esto es un claro ejemplo de alguien que no se hace cargo de su falta, es el moralista de cotillón. Es el que se queja del problema sin indagar en la solución y suelen atribuirlos a factores externos. Se lamentan de no haber ganado nunca el Quini, pero jamás compraron una boleta. Suelen ser apolíticos y mostrarse orgullosos de esto, les cabe la meritocracia y su posición favorita es el misionero.

Otras frases que estos individuos usaron en su vida son:

-Profe, ¿no nos va a pedir el trabajo práctico que había mandado para hoy?
Ah no, yo pasé la escoba hace tres meses así que lo justo es que vos destapes el inodoro que se me tapó sin querer.
-En la vida es importante el esfuerzo que hagas para llegar lejos, todos tenemos las mismas oportunidades.
-No soy yo, sos vos…

La actitud Mystery Shopper


El capitalismo no solo ha creado catástrofes temibles como la crisis del 29, el efecto tequila y la carrera actoral del Dalma Maradona, sino que también ha generado oficios de la peor calaña. El más indigno: El Mystery Shopper.

Un individuo que simula ser cliente de un local y que somete al empleado a diversas exigencias, reproches y quejas a fin de testear la paciencia de este para finalmente informar todo a la empresa correspondiente.

No haremos más juicios de valor respecto a este trabajo porque, en definitiva, es un trabajo. Denominamos actitud Mystery shopper a las personas que le hacen la vida imposible a aquellos que los atienden.

La atención al público suele evidenciar lo peor de las personas.

El sujeto ingresa a un local determinado, pongamos por caso una casa de ropa, y no solamente no saluda sino que se prueba tres pantalones, dos buzos, cinco pares de zapatillas, diecinueve remeras de distintos talles y hasta exige probarse un bóxer.
Finalmente se termina llevando un llaverito envuelto en papel de regalo, dejando atrás una montaña de ropa del tamaño de un contenedor que el dependiente deberá volver a doblar y acomodar en los estantes correspondientes.

No quiero hacer hincapié en cuestiones higiénicas pero, como dije muchas veces, lo dejaré al libre vuelo de vuestras imaginaciones.

En los escritos breves del volumen XXI de sus obras completas, Sigmund Freud menciona a estos individuos a quienes define como sujetos con un gran complejo de inferioridad que canalizan su libido por medio del sometimiento y agrega que incurren en estas actitudes no tanto por cuestiones complejales o histéricas sino porque sencillamente son pelotudos que no tienen nada mejor que hacer (no lo leí pero me contaron que dice eso).

Estas personas van por la vida probándose ropa que no compran, maltratando mozos por medio del chantaje de la propina y pidiendo descuentos imposibles bajo el lema de que el cliente siempre tiene la razón. En grupo este comportamiento se magnifica. Y como creen que el mundo está a su disposición, jamás van a asumir una culpa y en caso de quedar en evidencia, responderán con una contraacusación.

-Che, te comiste el postrecito que me compré. La próxima reponelo.
-Ah, ahora resulta que era tuyo.
-Sí, yo lo compré para mí.
-Bueno, estamos a mano. Vos me comiste un paquete de papitas y te quedaste con el tazo ganador.
-¡Eso fue hace 15 años, Adrián!
-Sí y hace 15 años que no tengo mi pegaláctico de Leia

En su intimidad el Mystery Shopper suele usar la frase “Sí, mi amor”, lo cual explica su comportamiento fuera del seno del hogar. Escuchan mucho la 105.5, usan chombas y náuticos con pantalones deportivos cortos o calzas con agujeros en las rodillas, leen revista Noticias y creen que Mauricio D’Alessandro y Ana María Polo son jurídicamente más relevantes que Eugenio Zaffaroni. Les pedís que compren birra y caen con Brahma y andan supervisando al que hace el asado. No miran la paja en el ojo ajeno, se la hacen.

Sus frases más comunes son:

-¿Qué? ¿Mi plata no vale?
-No me importa que en esta parrilla no hagan sopa de rabanitos, yo pago y vos la tenés que traer.
-Yo te pago el sueldo a vos (
generalmente a empleados públicos, pero extensible a otros puestos).
-Lo importante del amor es que ambos seamos totalmente libres, yo puedo hacer lo que quiera y vos también, pero si la rubia esa te sigue guiñando el ojo delante de mí, le dejo la cara como al Pity Álvarez. No me importa que tenga un tic nervioso. Por cierto, mañana salgo con mi ex… asumo que no te jode.

Mañana, hoy se me complica


El procrastinador es a la humanidad lo que la garúa… no moja pero molesta. En su vida siempre hay algo más urgente que hacer antes de lo urgente.

Esta clase de individuos suelen ocultar intervenciones maravillosas que brillan por su retardo, porque viven en un perpetuo estado de delay. Tal vez son los más aptos para la realización de una tarea determinada, pero especular con su colaboración es un arma de doble filo. Como presentarle tu hermana a un amigo buitre o pretender que un neoliberal en el poder proteja a los trabajadores.

La maldición de este sujeto radica en que sus actos de maldad son los más involuntarios, por lo que no se los puede culpar del todo por la catástrofe que provoquen. No se les puede confiar bajo ningún aspecto una tarea importante con tiempo, porque simplemente no la van a hacer. Un trabajo práctico grupal o un operativo comando son ejemplos de cosas que deben evitar incluir a un procrastinador.

De más está decir que son impuntuales incurables. Los citás a las 2 pm y te caen a las 5 con facturas para justificar la demora y si le encargaste algo, probablemente lo olvidó o lo que es peor… llega más tarde aún porque se volvió a buscar eso.

Como ventaja, estos individuos desarrollan una gran capacidad para trabajar al límite. Son los que te resuelven una situación en un segundo, te improvisan un discurso importante sin leer nada, te pueden editar un audio en tiempo récord o te cantan vale 4 cuando el rival peló el ancho de bastos.

Es que el procrastinador no es otra cosa que un optimista encubierto. Cree firmemente que no existen las urgencias y si hubiese alguna que no pueda ser resuelta, entonces no vale la pena atenderla. Asimismo sufre mal humor explosivo cuando está llegando tarde a algún lado, ya que piensa que si las cosas funcionaran correctamente él no estaría retrasado.

Sus frases más comunes son:

-¡Qué subte de mierda!
-¡Qué bondi de mierda!
-En la semana arreglamos y nos vemos…
-Uh, colgué en ir al hospital ¿Cómo está? ¿Cómo que murió?

El procrastinador tiene una salvación. Que lo conozcan. Que lo anticipen.

A este individuo hay que avisarle de la reunión dos horas antes para que el retraso sea de una sola. Hay que encomendarle una tarea remarcando su urgencia (aunque no lo sea), porque es esa presión y esa adrenalina la que permite su desempeño óptimo. Y hay que hablarlo a la mañana, porque si no sigue durmiendo. Su mayor enemigo: el snooze. Su pokemon favorito: Snorlax.

Hasta aquí un repaso breve de cómo ciertas maldades que cometemos pueden ser terriblemente perjudiciales para el prójimo sin advertirlas realmente. Está en cada uno de nosotros reconocerlas para evitarlas o jactarse.

Quedaron afuera otras categorías como el bichero, la warrior mother, el empleado público o el exhibicionista de red social, pero… la verdad es que tengo que entregar esto cuanto antes y medio como que colgué porque se me cortó la luz… en definitiva, soy así… si no les gusta… fue… no es mi problema.

La pregunta es:

¿Qué otras personas malvadas de este tipo conocés?

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