Consejos para cuidar tu tatuaje

Los tatuajes en la actualidad son cada vez más populares, es innegable. De hecho, ya dejaron atrás el concepto de moda y son parte de un cambio cultural que pisa fuerte.

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Antiguamente, llevar un tatuaje era portar un estigma: significaba que habías estado preso o que fuiste marcado como castigo por diferencias ideológicas, políticas, religiosas o de cualquier otro carácter (esto si no eras parte de una tribu aborigen en algún rincón remoto del mundo). Entonces, ¿cómo es que en estos días son cada vez más los jóvenes y adultos que deciden adornar su piel con diseños de lo más variados?

Cada vez hay mayor oferta. Los tatuadores sabemos que el cliente no busca “marcarse”, sino ser parte de una pieza artística por infinitos motivos. Hay mayor especialización en técnicas, las tintas son cada vez mejores y más variadas y pululan seminarios para mejorar el trabajo en cada estilo para así conformar todos los gustos.

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El tatuaje hoy en día pertenece a un arte que, seamos sinceros, muchas personas ejercen con distintos grados de pericia. Es la revancha del artista: en un mundo en el que el mercado del arte es reservado a unos pocos elegidos, el lienzo te elige y paga por llevar un diseño exclusivo en su piel.

Hay que reconocer que dentro de esta nueva manifestación hay modas que consiguieron aburrir a los tatuadores pero, de todos modos, hacerse un tatuaje no es una transgresión ni significa ya que estás fuera del mercado laboral para siempre.

Como son cada vez más los que eligen sumarse a esta tendencia, les traemos diez consejos para cuidar sus obras maestras y que permanezcan intactas durante más tiempo.

1. Elección del tatuador. Antes que nada debemos ser conscientes de que quien nos tatúa puede conformarnos o destruir nuestra piel. No sólo debés consultar su porfolio, cerciorándote de que sus imágenes son propias y no del amigo Google, sino que además deberías echar un vistazo atento al lugar donde te vas a tatuar ¿Se ve limpio? ¿Tiene horno esterilizador? Si es así, es el indicado ¿Está esterilizando agujas? ¿Te recibe con guantes puestos? ¿Lo ves usar carpetas con diseños preimpresos y no quiere hacerte uno personalizado? Salí corriendo.

Primero, porque las agujas son 100% descartables. Segundo, tené cuidado con la contaminación cruzada: si usa los mismos guantes para contar plata que para tatuarte, corrés riesgo de infección y eso significa que tu tatuaje se echó a perder definitivamente. Tercero, un tatuador que es incapaz de realizarte un diseño, probablemente te haga lo que él quiere y vos estás invirtiendo plata, confianza y tu piel como para llevar algo que no es lo que querías.

Tatuaje por Daniel Meyer

2. Elección de la fecha. Sabemos que al llegar el calor todo el mundo quiere tatuarse porque la piel se muestra más y dan ganas de llevar un lindo diseño. La realidad es que primavera y verano son enemigos de un tatuaje duradero. El calor y su consiguiente transpiración, el sol, las posibilidades de visitar playas y piletas juegan en contra de una cicatrización adecuada.

Para que tu tatuaje no esté expuesto a estos factores, es ideal elegir hacerlo de marzo a agosto. Si te tatuás entre esos meses, en tiempo de calor y vacaciones vas a poder ir a donde quieras sin estar pendiente del cuidado del tatuaje.

3. Tu cuerpo al momento de tatuarte. Si sos mujer, no podés tatuarte estando embarazada ni en periodo de lactancia. Si estás menstruando, postergalo (ya te explico el porqué). Sin importar tu género: no te tatúes si estás tomando medicación que no es habitual para tu organismo (esto deja por fuera a los anticonceptivos), si tenés eccema (primero tratalo con un dermatólogo) o si tenés una cicatriz queloide. Además, evitá las bebidas alcohólicas y drogas de todo tipo 48 horas previas y posteriores al tatuaje ¿Capricho mío? No. La sangre debe estar pura y tu sistema inmunológico en estado óptimo. Si tomás medicación o alcohol (o si estás en tu período menstrual), la sangre se licúa y “lava” la tinta al cicatrizar. El tatuaje va a lucir viejo y deslucido. Por otra parte, considerá que se trata de una lesión en la piel que el cuerpo debe curar y la tinta es entendida por nuestro organismo como un agente extraño que queda por debajo de la piel. Es importante atender a las indicaciones de tu tatuador.

Imagen: Pinterest

4. Zona a tatuar. Tenés que estar seguro de dónde lo querés. Si lo tenés decidido, tené en cuenta que no puede tatuarse sobre lunares ni cicatrices queloides. Para tapar algo de esto, observá que el diseño esté a 2 mm de tu lunar o cicatriz, ya que pinchar sobre ellos puede llegar (en algunos casos) a despertar cáncer en la piel. Un tatuador experimentado puede resolver un diseño que disimule estos defectos.

5. Limpieza. Ya te tatuaste y quedó hermoso. Seguramente te lo cubrieron con un film de cocina. He aquí mi primera contraindicación (sobre todo si te lo hacés en verano): sacátelo ni bien llegues a tu casa. Usemos la lógica: si tenés una herida, lo que menos querés es crear en su entorno un clima que beneficie la proliferación de hongos. Sangre, restos de vaselina, calor, sudor y alguna posible suciedad pueden generar un comienzo de infección. Por eso, cambiá el film por un vendaje (yo lo hago con pliegos de rollo de cocina): va a absorber la sangre, deja oxigenar la piel y cubre de impurezas del exterior. Este vendaje debés usarlo de 3 a 5 horas y no más. Una vez que te lo saques, limpialo con jabón neutro o de glicerina: siempre con suavidad y agua tibia; luego secalo con golpecitos y no arrastrando la toalla. Repetí este proceso 4 veces al día las próximas dos semanas, sobre todo tras hacer ejercicio o estar expuesto a suciedad.

6. Hidratación. Tras limpiarlo y con las manos limpias, aplicá la crema que te recomendó tu tatuador. Las más populares son Bepanthen, Dermaglós o Platsul (recomiendo Platsul la primera semana porque es antibacterial y analgésica). No lo hagas con la piel sucia ni en exceso, sino como te pondrías regularmente; ni la cambies por una que tenés en casa o por alternativos como vaselina (que en definitiva, es grasa) o aloe vera (las plantas también tienen enfermedades y bacterias que no podés detectar).

Imagen: Tatuajes de acuarela (Blog)

7. Vida al aire libre. Evitá exponer tu tatuaje al sol o agua directos. La playa y la pileta quedan prohibidos los próximos veinte días, así que el consejo 2 es importante si pensabas irte de vacaciones estrenando tu diseño. Si hacés ejercicio con frecuencia, limpialo antes y después.

8. Cicatrización. Si alguna vez te cortaste, sabés que las heridas, al curar, pican. No te rasques y evitá arrancarte las cascaritas que se forman. Si no hay cicatrización y las sacás antes de tiempo, la tinta va a supurar por la herida abierta y ¡Pum! Se fue una parte de tu tatuaje.

Si la ropa te roza el tatuaje y creés que puede arrancarte las benditas cáscaras o llenarte de suciedad y pelusa que puede causar infecciones, cubrilo con un vendaje de papel. Evitá la ropa muy ajustada y todo lo que pueda arrancar las costras antes de tiempo. Tienen que caerse solas.

9. Aseo. Sí, podés seguir bañándote. Hacelo con jabón blanco o de glicerina, evitá el chorro de agua de la ducha en esa zona y que caigan shampoo y crema de enjuague sobre el tatuaje. Evitá depilarte sobre el tatuaje hasta que pasen los 20 días, porque puede causar infección.

10. En caso de infección, corré a un médico clínico o dermatólogo. Si se te infecta, vas a notar una picazón persistente, enrojecimiento, hinchazón, fiebre en la zona y hasta pus. Las infecciones pueden ser ocasionadas por poca higiene por parte del tatuador o falta de cuidado y limpieza en la zona y no sólo hacen peligrar la integridad del tatuaje, sino también tu salud.

Los tatuadores no somos médicos: vamos a mandarte inmediatamente a alguien que sí lo sea. Si se te infecta, realizá la curación que te recomienden y tras un tiempo (alrededor de 3 meses) volvé a tu tatuador para que haga los retoques necesarios.

Imagen: Hildbrandt Tatto Supplies

Un tatuaje es para siempre o eso dicen. Si no querés arrepentirte de él y te gustaría que sea más durable, tené en cuenta estos consejos. Te aseguro que vale la pena.

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