El regreso de Lucas

“El regreso de Lucas”, la telenovela co-producida por Perú y Argentina, cuyos autores son Bruno Luciani y Martín Méndez, con la colaboración de Germán Loza y Paula Manzone, tuvo su gran estreno en nuestro país el lunes pasado por la pantalla de Telefe, luego de ser anunciada y promocionada por el canal como uno de los grandes desembarcos de ficción de este año, junto con “ADDA”, otro gran acierto de la señal.

La historia se plantea desde una perspectiva totalmente diferente a la que venimos acostumbrados, con excepción del toque thriller que ésta tiene (a eso sí que ya nos habituamos). Con “diferente” me refiero a que la trama principal gira en torno a la misteriosa vida de un joven y no un amor imposible, aunque algo —bastante— de eso hay (considero que toda telenovela que se precie como tal debe tenerlo). Lo admito: Atraen irremediablemente mi atención todas las telenovelas en que los protagonistas son hombres. Y si los personajes masculinos lloran y sufren, mejor. Punto para Lucas.

En lo que respecta a lo técnico, en “El regreso de Lucas” nos encontramos con muchos exteriores peruanos. Todos ellos muy hermosos y amplios. Recorremos calles y hasta vemos el viento de la playa. Es, en definitiva, como una postal turística de Lobería. Esto se refuerza con planos panorámicos recurrentes, logrados gracias al uso drones. Para mi gusto, un poco excesiva la obsesión actual con esta herramienta en la dirección, pero qué voy a decir yo al respecto, no soy ni productora ni directora, así que, limitándome a mi visión de espectadora, voy a expresar solamente que me genera una especie de cansancio ocular.

El uso de la tecnología es sobresaliente y sí, eso tiene un sabor más extraño. La incorporación de los chats y audios de WhatsApp no es una sorpresa y, por lo que podemos notar, ya es un recurso audiovisual totalmente válido. No podemos negar que la irrupción en la vida diaria de las nuevas formas de comunicación tenía que integrarse sí o sí, como un aire de verosimilitud, a las ficciones. Pero no me ocurre lo mismo cuando veo el efecto de los binoculares o del análisis del ADN en el laboratorio o del líquido verde en las tuberías (que me recordó a X-Files, qué decirles) a modo de impune agrotóxico o la presencia de los televisores de 29 pulgadas (esto es un chascarillo).

Tampoco soy actriz, pero me atrevo a decir que la actuación que más brilla es la de Ana María Orozco, a quien todos recordamos por su inolvidable “Yo soy Bety, la fea” y más recientemente por su adorable personaje en “Somos Familia”, que protagonizó junto a Gustavo Bermúdez. La cuestión es que todo en Elena, su personaje, es natural, sentido, capaz de crear una empatía que quiebra, que da miedo por el engaño que en tan sólo una semana se tejió a su alrededor.

El regreso de Lucas - Telefe
Gustavo Mac Lennan, Pablo Martínez, Ana María Orozco, Salvador del Solar y Macarena Achaga.

Ahora, ignoremos la molestia en el oído que nos generan nuestros compatriotas en tono neutro con alguna “sh” patinada entre diálogo y diálogo. Es como un mosquito de verano revoloteando en la oreja, pero podría apostar a que el público latino al que este producto está destinado (que es a todo el público latino, para ser más específica) no lo percibe tanto. Una vez omitido el detalle, continuemos:

“El regreso de Lucas” narra la vida de una familia que tiene un excelente pasar económico. El negocio es una empresa dedicada a la producción de químicos para el agro y, como contrapunto, la mujer de la casa, Elena, está a cargo de un vivero en donde tiene un éxito digno en la venta de plantas orgánicas. Deliciosas paradojas.

Esta familia, 20 años atrás, perdió a Lucas, un niño de 4 años, en confusas circunstancias. Desde ese instante, Elena nunca dejó de buscarlo, generando cierta disfunción en su núcleo familiar al no prestar mucha atención a los que quedaron… perdiéndolos también sin casi darse cuenta de ello.

Un día, un investigador privado al que ella lleva contratado a escondidas largo tiempo, le entrega una nueva pista: Se trata de una fotografía. Horas más tarde, un joven toca el timbre de su casa y cantando una canción de su infancia, anuncia que es Lucas. A partir de esto, se desata la historia y todo apunta a responder: ¿Quién es Lucas realmente?

Nada está claro. El espectador no sabe en quién debe confiar y aquello que creyó cierto en un comienzo, tiene un velo de mentira y estafa. Se trata de un rompecabezas en donde es el público quien debe ir uniendo las piezas y es esto, para mí, lo más logrado de todo, lo que engancha, lo que hace perdonar cualquier detalle incómodo y lo que, tal vez, marca que “El regreso de Lucas” sea también el regreso de las telenovelas de tono neutro en el horario de la tarde tan dedicado, hasta el momento, a los juegos y chimentos.

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