Gracias a la Ley de Identidad de Género, el 9 de octubre de 2013, Luana, una niña trans de seis años, se convirtió en el primer caso en el mundo en obtener su nuevo DNI

Fue un  largo proceso, una pelea que por muchos momentos parecía perdida, pero llevada adelante con el corazón, la verdad y la razón en medio de una sociedad que la mayoría de las veces está acostumbrada a señalar. Una historia no implica a un individuo. Una historia cambia la historia de cientos, de miles, de millones.

La historia de Luana es un ejemplo de lucha por la identidad. Gabriela Mansilla, su madre, escribió un libro al que tituló “Yo nena, yo princesa”, donde cuenta la historia de su hija, el largo y por momentos doloroso camino que tuvo que atravesar para poder alcanzar lo que “Lulú” eligió ser, lo que ella sentía.

“A mí no me importaba la mirada del otro, lo que me importaba a mí era tu mirada” (GabrielA Mansilla. “Yo nena, yo princesa”)

Y a partir de esto, dejar los temores a un costado e ir siempre en busca de la verdad, caminar por el lado del amor, de lo que realmente vale la pena. En el texto, fruto de un diario íntimo, Gabriela recuerda las charlas con psicólogos, autoridades de los colegios, con los padres de los compañeros de su hija. Los que prohibían a sus hijos acercarse a Luana y los que apoyaron y brindaron su cariño cuando la mayoría los hacía un lado.

Gabriel Mansilla, mamá de Luana.

Y Gabriela, en sus cuatro años de lucha (y que aún continúan porque la lucha no termina nunca),  nos cuenta todo lo que tuvieron pasar, como cuando, por ejemplo, en los hospitales se negaban a atenderla porque el DNI decía que se trataba de un varón. Por esa y por otras situaciones la necesidad de obtener el documento y dejar de una vez de ser el foco de las miradas prejuiciosas, de sufrir actos de discriminación.

Nuestra identidad nos hace únicos, nos da un lugar en el mundo, derechos y libertad. La identidad no desaparece, queda para siempre… Luana es y será para siempre Luana.

Cuánto hemos luchado como sociedad para que todos puedan conocer su identidad, su pasado, su verdad… la identidad nos hace avanzar como país… no nos quiten la identidad, así seremos libres…

“Yo nena, yo princesa” es el derecho de ser lo que uno elige, a tener una infancia feliz, a estudiar, a trabajar, a tener una familia. Es un mensaje de esperanza y de que cuando hay amor, es más fácil poder enfrentar lo establecido, a lo que le tenemos miedo.

“Vas a cambiar las cosas, vas a ayudar a muchos niños, estoy convencida de que tu nombre va a quedar en el corazón de mucha gente. Vas a ser un ejemplo para muchos y quizás un horror para otros, pero vas a ser alguien. De eso no hay duda”.

(Gabriel Mansilla. “Yo nena, yo princesa”)

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