fuente: floresefolhagens.com.br

Hasta hace algunos años todas las plantas, arbustos, helechos o flores que caían en mis manos terminaban muertas. En un punto me cansé y me decidí a revertir la situación.

Pasé mi infancia en el patio, entre las rosas y malvones de mi mamá y la mini selva tropical en macetas de mi abuela: no podía ser que a mí todo se me muriera. Si bien no había aprendido nada del cuidado de las plantas, no podía ser tan difícil.

El primer paso


Comencé a aprender qué plantas podía tener como aprendemos todo los millennials: googleando. Tipeé “Plantas fáciles de cuidar” y le di enter. En seguida aparecieron distintos tipos de plantas que, si bien cumplían el requisito de tener pocos cuidados, tenía que tener en cuenta otros factores que desconocía. Por ejemplo, el tipo de tierra, la luz solar disponible y la frecuencia de riego.

Así fue cómo tuve que evaluar, en primer lugar, dónde iba a ponerlas. Eso iba a determinar la luz que iban a recibir y si se encontraban en interior o exterior. El lugar elegido fue el escaloncito de mi ventana. Un especie de minibalconcito apto para macetas medianas o chiquitas. Ahí hay luz todo el día, pero sólo tendrían sol por la mañana.

Luego tuve que examinar la tierra disponible. Es medio seca, arenosa y no crecen muchas cosas. Finalmente tuve que ser realista y calcular con cuánta frecuencia iba a acordarme de regarlas y supuse que una vez por semana o dos como mucho. A partir de ahí fue muy fácil decidir qué plantas eran perfectas para mí: las suculentas o crasas.

Reproducción y delincuencia botánica


Visto y considerando que me encontraba desempleada y sin un solo peso en los bolsillos, comencé a recolectar botellas de plástico para crear las macetas. Cuando tuve algunas, las corté un poco más abajo de la línea ideal para la jarra del fanti o el fernet con un cuchillo serruchito común y silvestre. El gran problema que se me presentaba era cómo conseguir suculentas. Había preguntado en viveros y estaban fuera de mi alcance.

La respuesta estaba en la maravillosa posibilidad de multiplicar suculentas a través de gajitos y hojas. Bastaba con recorrer el barrio con una bolsita de plástico para hurtar los dichos gajitos, asaltando canteros y jardincitos enrejados. Robar es malo, pero nadie puede ofenderse realmente si “pedimos prestadas para siempre” hojitas y ramitas, ¿no? Sin embargo puede que alguna que otra vecina nos putee o nos mire mal. De todas formas, vale la pena, así que no se preocupen.

La tierra la junté de mi patio. En algunos sitios aconsejaban hacer un compost previo para que las plantas tuvieran los nutrientes necesarios para crecer, así que lo hice. Más adelante les contaré cómo, mientras tanto pueden leerlo acá.

Suculentas y crasas fáciles de cuidar


En mis paseos delictivos seleccioné tres tipos distintos de crasas. Vamos a ahondarnos en las especies que me iniciaron en el cuidado de plantas.

La crassula pellucida o crásula corazón es una plantita rastrera de origen sudafricano. Si bien son plantas muy resistentes a las inclemencias del clima, si agarramos o tocamos sus ramitas, se desprenden con facilidad. Sus flores tienen forma estrellada y son blanquecinas, pequeñitas y dependen directamente de la cantidad de sol que recibe la planta. Es decir, el ejemplar que tengo en mi ventana nunca floreció, pero el retoño que regalé y fue puesto en tierra sí lo hizo.

Es una planta hermosa que necesita muy poca agua (yo la riego cada 15 días, aproximadamente). Se adaptan a cualquier suelo, pero se recomienda que sea uno bien drenado, es decir que no se acumulen charcos o barro, porque demasiada humedad las perjudica. Como la mayoría de las suculentas, se reproduce con facilidad a partir de esquejes o ramitas que, una vez extraídas del ejemplar original, se plantan en otra maceta.

Fuente: worldofsucculents.com

Portulacaria afra es el nombre científico para la planta que conocemos como “la moneda” o “hierba de los elefantes”, ese arbustito retorcido de hojitas redondas. Puede convertirse en un arbolito de hasta 5 metros de alto.

Es muy común ver la portulacaria en canteros, ya que crece muy bien con sol directo y mucha luz. No es tan fuerte como otras crasas y pierde sus hojas en invierno. Como punto a favor puedo decir que es muy resistente a la sequía. Siempre la he regado con la misma frecuencia que a la crásula corazón, pero muchos recomiendan hacerlo cada vez menos a medida que la planta crece.

Fuente: worldofsucculents.com

La última especie de las plantas que cultivé (y, por cierto, la única que florece todos los años) es la crassula arborescens o árbol del jade. Esta especie, al igual que la anterior, es utilizada frecuentemente para bonsai por su apariencia. En tierra puede alcanzar los 3 metros de altura. Se adapta perfectamente a ciudades costeras, ya que el suelo predilecto es arenoso. Crece bien tanto al sol como a la sombra y puede regarse con más frecuencia que las demás crásulas.

Fuente: worldofsucculents.com

La crásula arborescens florece en otoño- invierno, en las estaciones que menos agua debe recibir y sus flores son preciosas.

Las suculentas y crasas más locas


Las suculentas se caracterizan por necesitar poca agua y tener diseños caleidoscópicos. Este tipo de plantas tienen fanáticos alrededor del mundo por su belleza estética. Incluso pueden ser elementos decorativos de una casa. Les dejo algunas especies muy lindas que pueden llegar a gustarles. 

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