Me encanta mirar comedias. No hablo solamente de esas películas de risa chabacana a las que Judd Apatow nos tiene acostumbrados, ni esas románticas rosas. Hablo también de aquellas ocasiones en las que te encontrás con un film con diálogos geniales, de tipos grosos como Richard Linklater en las que no te reirás como loco, pero las terminás mirando con una sonrisa en tu rostro todo el tiempo. Mistress America es esa clase de película, la de la sonrisa en la cara y de pluma ligera con frases casi teatrales que revindica el indie norteamericano.

A Greta Gerwig la conocí por Damsels In distress de Whit Stillman y enseguida capturó mi atención como una especie de Alicia Silverstone hipster y atropellada en Clueless. Es como si representara el colmo de las buenas intenciones con planes que marchan mal. Luego seguí su derrotero por películas como Lola Versus, pero no fue hasta que la vi corriendo por la calle neoyorkina al ritmo de David Bowie en Frances Ha que me rendí a sus encantos. Se ve que a Noah Baumbach (escritor y director de Frances Ha) le sucedió lo mismo, porque dese entonces son pareja.

Cuando me enteré de que ambos co-escribieron y trabajaron en este film, me dije que tenía que verlo. Motivos sobran:

  • Número uno: Greta es fantástica y tiene un timing para hacerse la despistada que fascina.
  • Número dos: se trata de una joven que quiere ser escritora —como yo, pero joven, bueno… digamos que somos contemporáneas, como dice Brooke, el personaje de Greta en un momento del film cuando habla de Tracy.
  • Número tres: se trata de una dieciochoañera cuya vida universitaria no resulta lo emocionante que le habían prometido (En esa caímos todos los que alguna vez estudiamos: llegamos a la universidad con un “ahora la rompemos mal” y después nos quisimos matar con los parciales y ni hablar de los finales…). Habla de dos generaciones distintas: la de los adolescentes y la de los ex adolescentes ahora treintañeros que deben dejar de serlo, la vida y los sueños

¿Ya mencioné que las protagonistas son mujeres inteligentes e independientes muy a lo Girls de Lena Dunham? Cada vez que veo un personaje femenino en una película que vale la pena, me emociono ¡Y acá tengo dos protagonistas femeninas! (Lloro de la emoción).

Es cierto que Baumbach tiene un morbo con contar relaciones femeninas: ya sea de hermanas (Margot at the wedding), de amigas que se separan (Frances Ha) o de futuras hermanastras (como es este caso). Lo de él y Greta entra en la ecuación de maravillas.

Lola Kirke (Mozart in the jungle) es Tracy. Ella no encuentra la hora de que su vida comience realmente. Quiere ser aceptada en una sociedad de escritores de su exclusiva universidad y es solitaria. En un diálogo que mantiene con su madre y que es fantástico dice “Me siento como si fuera la que recién llegó a la fiesta y no conoce a nadie, pero si fuera todo el tiempo”. Su madre, entonces, le recomienda que contacte a Brooke, su futura hermanastra y ese es el comienzo de todo.

Brooke irrumpe en la vida monótona de Tracy y la deslumbra con su personalidad efervescente, que conecta directamente con su ideal de “Mujer de 30 New Yorker exitosa”.  De ese primer encuentro surge un cuento que ella escribe inspirada en su futura hermanastra y que se va develando a medida que transcurre la historia. El primer acercamiento parece un homenaje a Fight Club, porque ella llama al celular y la atiende la contestadora de “Brooke Cardinas”, Tracy cuelga y luego es llamada por Brooke diciendo que tenía una llamada perdida de ese número (¿Alguien huele a álter ego alocado y ficticio?).

Mientras tanto, Brooke arrastra encantada por la admiración que profesa en la joven a Tracy a sus problemas, que incluyen la apertura de un restaurante y varios otros. Allí la película va mutando de la comedia a una road movie con viaje espiritual incluido.

Mistress America

Tiene rasgos Woody allanescos: ninguno en esta historia es un pobre muerto de hambre, sino que son absolutamente burgueses, aunque para mantener su burguesía Brooke deba tener mayor cantidad de trabajos que horas de vida. Por otra parte, están los diálogos teatrales, momentos que se pueden citar y que parecen más el trabajo de una obra teatral que de un filme mumblecore. Te das cuenta de lo bien escrita que está cuando deseás poder conseguir una novela con esas frases y esos personajes para disfrutarla más tiempo.

La banda sonora es de sintetizadores noventosos con canciones de Ace of base incluidas, compuestas por Dean Wareham y Britta Phillips, que le dan un marco simpático alegre y hasta naíf al ritmo de la historia.

La comedia tiene elementos de screwball contemporánea cuando Brooke, Tracy y sus amigos se confrontan con una némesis del pasado de la rubia protagonista que ahora es rica y vive en Connecticut con su marido y su grupo de amigos “ricos”. Es un papel hecho a la medida de ambas jóvenes, pero Greta se luce desde que su personaje irrumpe en la escena.

Si hay una insinuación gay flotando en el aire como el romance entre Sherlock y Watson… quizás Tracy está enamorada de Brooke, lo cual implica que la distancia que la joven impone como escritora, en donde por momentos la defenestra, sea tomada como una traición por parte de Brooke, aunque Tracy lo considera un homenaje en vida, un homenaje al lifestyle de esa socialité rubia y alocada.

Amabas protagonistas terminan aprendiendo cosas y cambiando sus actitudes, pero la fascinación de Tracy con Brooke no tiene paralelo. Esto la lleva a dedicarle la mejor frase que cierra este fabuloso film y nos recuerda lo que la amistad es cuando es inspiradora:

“Ser un faro de esperanza para las personas menos afortunadas
es un trabajo solitario”.

Mistress America: recomendada para los que aman el cine indie norteamericano y quieren ver algo refrescante y encantador, donde el triunfo es relativo y las relaciones humanas lo son todo.

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