La tele del futuro

Hace unos días “caí” en una película empezada que espero no cansarme nunca de ver: Volver al futuro II. Destaco la escena en la que Marty McFly le habla a la tele de su casa. “Quiero los canales 18, 24, 63, 109, 87 y el del tiempo”, dice. Demanda y se sienta, satisfecho, para verlos simultánea y confusamente con esa vestimenta tan ridícula.

Lo primero que pensé fue que las pelis y los libros futuristas imaginan cosas que nunca pasan. Autos voladores, patinetas voladoras, robots por todos lados, personas con tres pares de ojos para ver seis canales a la vez, por ejemplo. Lo segundo que pensé fue que estas obras no buscan predecir exactamente lo que vendría después —o sea, por estos calurosos días, lector terrícola—. ¿Y si vivimos como en esa trilogía genial y fantástica pero no nos queremos dar cuenta?

Hoy las pantallas, los carteles LED y las ventanas se abren a cada paso y por todos lados. Incluso de forma más abusiva y naturalizada que en Volver al futuro: colectivo, subte, computadora, tele, auto, celular, etc. Las pantallas están en nuestras manos y nos tienen agarrados de las partes bajas del ser.

Estar siempre disponibles, sin parar y sin saber demasiado para qué tanto.
Estar siempre disponibles, sin parar y sin saber demasiado para qué tanto.

Los consumos de entretenimiento y noticias (me cuesta vislumbrar la frontera entre ambos) está en el aire: se huele. La batalla silenciosa por el triple y el cuádruple play —telefonía fija, televisión por cable, internet y telefonía móvil— también late y delata por lo bajo. No por nada Martín Bossi lidera alegremente la avanzada del grupo de multimedios más grande de la patria, carajo.

¿Conectados a qué o para qué?


Desconozco hasta qué punto aumenta o disminuye la creatividad o la productividad esto de estar siempre listos y conectados, en modo tele. La capacidad de hablar con mil personas a través de mil ventanas abiertas mirando mil imágenes y textos casi sin descanso sin puntos ni comas. Siempre disponibles, en cualquier tiempo y lugar. Al respecto, un comentario de un especialista sobre estas ciencias mentales tan de moda:

Earl Miller es profesor de Neurociencia en el Instituto Picower de Aprendizaje y Memoria del prestigioso Massachusetts Institute of Technology (MIT). No sé si vio Volver al futuro ni si le gustan las películas ni si mira tele; tampoco me interesa. El punto es que recomienda evitar el multitasking. Dice que cambiar de actividad todo el tiempo hace que el cerebro gaste más energía y no pueda enfocarse. Para hacer bien o mejor cada cosa.

Las palabras de la santa ciencia avalan y contradicen los ritmos de este mundo. Un mundo que nos exige,  acorrala y precariza con las ventanas abiertas de par en par ¿Es posible estresarse menos, cuando el trabajo, los amigos y el contexto, como una gran correntada, van hacia otro lado? ¿Es posible que esto sea vivir bien, el futuro que soñamos?

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