Sororidad
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Hoy voy a contarte de qué se trata la sororidad y en qué nos beneficia practicarla. El término apareció en un diccionario por primera vez en el siglo XVI y significa “hermandad entre mujeres”. Hoy en día, el concepto es mucho más amplio.

La sororidad y el patriarcado


El machismo está unido al patriarcado, sistema básicamente biologicista que une la genitalidad con roles sociales estáticos y características sociales que fundamentan una relación de poder desigual.

En un contexto patriarcal, la solidaridad entre mujeres es muy necesaria. Todos crecemos en una sociedad que históricamente pone a los hombres en un lugar de superioridad, le otorga el mundo público mientras se nos relega al hogar. El sistema no reparte equitativamente las actividades y nos deja en una situación de dependencia. Incluso hoy en día en la Argentina, solo trabajan 6 de cada 10 mujeres.

En cuestiones de crianza, nos educan para ver con ojos críticos a nuestras compañeras y entenderlas como competencia. Así se justifica con impuesto resentimiento a mujeres más jóvenes y hermosas. Como si lo único que nos interesara es ser deseables y agradables al género masculino, negando la posibilidad y la existencia de relaciones horizontales de amor romántico, filial, amistad, acompañamiento y solidaridad entre nosotras.

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Así como la sociedad juzga continuamente nuestra sexualidad, entre nosotras señalamos con el dedo las elecciones de las demás, víctimas las dos del sistema machista. Negamos nuestra capacidad de desear y ejercer la sexualidad a la vez que rechazamos la de las demás.

Los estándares inalcanzables de belleza van de la mano de esta competencia, que nos compara todo el tiempo entre nosotras y con “modelos”: Referentes que son hipersexualizadas y reducidas a un conjunto de características físicas.

La sororidad en el feminismo


La noción de sororidad se contradice con esa noción machista de competencia, envidia y resentimiento femenino. Así como hemos escuchado en ambientes laborales y de estudio que “los grupos de mujeres son conflictivos, chismosos y envidiosos”, también hemos sido testigos de amistades, redes de mujeres y grupos que se apoyan mutuamente en todo tipo de ámbitos.

La sororidad implica dejar de señalar y estigmatizar mujeres que hacen diferentes elecciones de vida reproductiva, sexual, aspecto y vestimenta, profesión, pareja y, en cambio, darles apoyo, asistirlas y reconocer las virtudes y puntos fuertes de cada una. Cuando nos reconocemos en las demás, entendemos que todas nos vemos atravesadas por luchas y dificultades distintas. La empatía y el “alto al fuego” es la mejor forma de practicar la sororidad.

La sororidad es un eje fundamental de los feminismos modernos. Poniendo en primer plano un trato igualitario entre las mujeres para fortalecerse y ayudarse mutuamente, compartiendo información, apoyo y asistencia en materia de violencia, considerando crucial no dudar de las víctimas de abusos sexuales y acompañarlas en sus procesos de sanación.

Es importante señalar que este tipo de acción es positiva: No es de lucha, pero tiene el mismo efecto transformador. En cuanto lo prueben, van a notar cuánto mejoran sus relaciones con otras mujeres de su entorno. Destruir el mito de las peleas por una pareja, de los conflictos “naturales” entre madre e hija, la envidia a la juventud y belleza, el rechazo a las sexualidades e identidades disidentes, las distintas formas de femineidad o el irreal gusto por criticar e iniciar rumores.

Sororidad práctica


Para saber más podés leer a Marcela Lagarde, una antropóloga y feminista mexicana que es la autora de cientos de artículos y libros sobre género. Si te gustó, compartí esta información o tu interpretación con las mujeres que te rodean. Acercate a las mujeres que admirás, preguntá, informate e informá. Unidas somos más fuertes.

Para terminar, les dejo unos videos explicativos para niños, otro para compartir con amigas y 5 tips para empezar a practicar la sororidad.

  1. No te diferenciás de otras chicas diciendo “Yo no soy como las demás”, estás señalando que hay un defecto general en ser mujer y que vos estás “exenta”. Es un error homogeneizar a todas tus compañeras bajo una línea de imperfección, poca inteligencia y conflictividad, porque estás reproduciendo un estereotipo que también te perjudica a vos.
  2. No llames “puta” a otras mujeres ni permitas que lo hagan las personas que te rodean. Cada una es libre de hacer con su cuerpo lo que más le plazca sin ser estigmatizada o repudiada. Cada vez que señalamos la mucha o poca actividad sexual de las demás o la cantidad de ropa que usa, estamos invadiendo su privacidad y estamos faltando al respeto.
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3. Si estás en una fiesta y ves que una chica está inconsciente, ayudala a volver a su casa o quedate cerca hasta que se recupere. Alejá a los que se le acerquen con malas intenciones o pedí ayuda. Es importante que esté segura y que nada malo le pase por haber elegido consumir alcohol.

4. Reconocé el movimiento feminista, aunque no lo conozcas o lo acompañes. Evitá ser hiriente con las que llevan adelante la lucha de emancipación de todas. Muchos derechos que gozamos y tenemos naturalizados fueron conseguidos por otras mujeres. Si te interesa contribuir, acercate a tu organización feminista más próxima.

5. No invalides las elecciones de otras chicas. Todas tenemos la libertad de elegir qué vida queremos llevar sin que nos ataquen o desvaloricen. No inicies ni repitas rumores y no compartas videos o fotos íntimas que se divulguen sin el consentimiento de la protagonista.

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