Juguetes de nene y juguetes de nena

Cuando éramos chiquitos, la navidad, los reyes y los cumpleaños eran días gloriosos porque traían regalos. Entiéndase por regalo, JUGUETE, señora tía amasadora de cachetes. Ropa no. Los calzoncillos y las remeras disfrazados con papel de regalo fueron traumáticos. Lo que queríamos eran juguetes. Pero la decepción de la ropa no parece haber sido lo único que dejó fuertes huellas en nuestras vidas.

¿Habrá sido tan genial que nos regalen esa increíble cocinita rosa que traía un pack de cacerolas decoradas con corazones? ¿Habrá sido tan genial disfrutar de cambiarle los pañales a nuestro bebote que estaba buenísimo porque hacía pis, mientras ellos manejaban sus camiones por las calles de la gran ciudad de tiza marcada en el piso, en medio de las construcciones de rasti? ¿Habrá sido tan genial que las chicas y los chicos hayamos tenido juguetes tan distintos? ¿Quiénes fuimos? ¿A qué jugamos? ¿Quiénes somos?

¿Nena o nene? La maldita pregunta de la juguetería


Cuando vamos a una juguería, lo primero que nos preguntan es: “¿Para nena o nene?” Y uno contesta, como si su tarea ahí fuera elegir un instrumento para que un pequeño ser humano aprenda a ser varón o mujer, como si regalar algo de mujer a un varón lo hiciera menos varón o regalar algo de varón a una mujer la hiciera menos mujer. Aunque… no estamos muy seguros de que eso no sea así, ¿cierto?

Vamos más despacio ¿Para qué jugamos cuando somos chicos? ¿Para qué sirven los juguetes? En la infancia, el juego no es simplemente un entretenimiento, sino que además es un instrumento que los chicos y chicas usan instintivamente para comprender y resolver las situaciones que se les presentan tanto a nivel físico como intelectual. En dos palabras, mediante el juego aprenden a usar su cuerpo y su mente para adaptarse y desenvolverse en su entorno. Los juguetes son instrumentos para jugar y esos instrumentos permiten ciertos juegos, condicionándolos.

Juguetes sexuados


Volvamos a la gran división entre juguetes de nena y de nene. No es que los vendedores de las jugueterías sean unos delirantes. Es que TODOS los juguetes —y el mundo entero, claro, pero cronológicamente, primero los juguetes— están divididos entre “de varón” y “de mujer”.

Es un experimento muy simple y veloz que se puede hacer con el buscador que se prefiera y da el mismo resultado. Se googlea “juguetes para nene” y después “juguetes para nena”. Háganlo, horrorícense por sus medios y vean que no exagero.

Haciendo este ejercicio, para empezar con lo simple, lo primero que se encuentra es que TODOS los juguetes que teóricamente son “de nena” son de color rosa. Los de nene son de todos colores, no azul como puede suponerse, y lo que sería menos grave. Si así fuera, existiría una bipolaridad de igual nivel, arbitraria, pero al menos pareja. Pero el multicolor para varones significa que lo universal son ellos. El neutro es el sexo masculino, como nos explicó Simone de Beauvoir en “El segundo sexo”. Su negación, la excepción, lo “otro” es lo que determina el sexo femenino. Para ellas, el especifiquísimo color rosa, suave y gentil, que es como ellas tienen que ser. Restringidas, suaves y gentiles. Lindas y buenas.

Esta relación entre color y sexo es una convención arbitraria, es decir, que no tiene ningún enlace directo con lo que puede implicar ser varón o mujer. Y pretende ser determinante del género. Si una es mujer debe sentirse identificada con el color y de ninguna manera, si uno nació varón.

Juguetes y roles de género


La distinción entre sexo y género se basa en que el primero es una característica natural o biológica y el segundo, una significación cultural que hace referencia a un conjunto de roles. Es decir que las características del género son construcciones socioculturales que cada sociedad atribuye a lo que considera “masculino” o “femenino” y las relaciona —de nuevo de manera arbitraria— a determinados roles. Los roles de género son las características y normas que la sociedad de cada tiempo y lugar determina como apropiadas o inapropiadas respecto del sexo de la persona.

Siguiendo con el ejercicio de antes, si vemos a qué se juega con los juguetes de varón o de mujer, la cosa también es muy clara. Los juguetes de ellos son para construir, manejar, estacionar, arreglar cosas, usar máquinas de todo tipo y tienen variadísimos juegos didácticos y juegos grupales o para exteriores. Además, usan armas. Ellas, en cambio, tienen juguetes para vestirse, peinarse y maquillarse, cuidar bebés, cocinar y limpiar.

Ellas aprenden a ser lindas, buenas y tranquilas, a ser madres y a hacer las tareas domésticas. Ellos no. Ellos tienen prohibido jugar a cualquiera de esas cosas. No pueden aprender a ser lindos, no pueden ser tranquilos y, sobre todo, no pueden aprender a ser padres ni hacer las tareas domésticas. Pero, además, ellos enseguida aprenden a hacer tareas mecánicas y lógicas, aprenden a ser profesionales de todos los colores, a crear y arreglar cosas, a usar los transportes, a hacer deportes. Y, finalmente, las armas son para ellos, los únicos que pueden y deben ser agresivos y defenderse. Para ellas, llorar y para ellos, pegar. Sumale las adoradas historias de princesas y superhéroes: Ellas a esperar ser rescatadas y ellos a salvar al mundo. Combo explosivo.

Adoctrinados


Así crecemos.

Así profundizamos estereotipos que limitan el libre desarrollo de los chicos y las chicas, y la formación de sus personalidades.

Así nos adoctrinamos en una dualidad ficticia que perpetúa la brecha de género.

Así permitimos desarrollarse como profesionales y ser independientes a los varones y recluimos a las mujeres al espacio privado de la casa. Y, además, les damos a ellos la potestad de la agresividad y les prohibimos a ellas defenderse.

Y cuando ya nos mandamos todas las cagadas, tenemos que salir a gritar “Ni una menos”, pretendiendo explicar lo que de chiquitos no quedó muy claro. Que no se mata, que no se viola, que el cuerpo de la mujer es tan de ella como el cuerpo del hombre es suyo y nadie más tiene derecho sobre él. Que no sólo ellos tienen que defenderse, ellas también tienen que poder hacerlo. Que cualquier trabajo se paga por lo que vale y no por el sexo del que lo hizo. Que para las mujeres no es la obligación suprema ser madre y que ellos pueden preferir encargarse de la casa. Y que no hay generalidades y excepciones, sino una infinidad de personas y formas de vivir.

¿Cómo salvar al mundo?


Después de este triste pero evidente panorama desolador de muerte y destrucción, podemos pensar cómo ser los superhéroes y las superheroínas que salvaremos al mundo con nuestros modestos granitos de arena. Bueno, sin exagerar, pero sin minimizar tampoco.

Siguiendo algunos simples pasos alternativos a los tradicionales para elegir un juguete, podemos evitar contribuir a una formación sexista de los chicos y las chicas, y potenciar sus personalidades particulares.

Manual básico para elegir MEJOR los juguetes


1_ Pensar en el chico o chica como un ser humano real y no como una categoría (Femenino 8 años, Masculino 6 años, etc.)

2_ Pensar en los gustos y preferencias de ese ser humano. Recordar cuándo ríe, cuándo juega hasta desfallecer, a qué juegos invita a los adultos a ver o sumarse, qué espacios y tiempos tiene el chico o chica para jugar.

3_ Pensar si sus gustos son personales o si es muy probable que estén alimentados por el entorno, condicionados por su sexo.

4_ Elegir juguetes que podrías regalarle tanto a varones como a chicas. Juguetes o juegos que puedan usarse en grupos mixtos. Elegir juguetes que, aún aparentando ser para uno de los dos sexos (como una cocinita que se supone que es para nena, mas allá de que a la nena le pueda gustar cocinar), sean de todos colores, en vez de rosa, o que tengan dibujos divertidos y neutrales en vez de corazones, por ejemplo.

5_ Cuando encontramos un juguete que creemos con sinceridad que le va a gustar al chico o chica, elegirlo, aún cuando sus padres puedan retarte porque “es de nena” o “es de nene”.

Y el último paso es extra y supera el momento de elegir el juguete, pero no es tan difícil y es el más importante.

Alentar a los chicos y a las chicas a compartir los juguetes libremente y a jugar juntos, sin juzgarse por su sexo. Que ellos también puedan lavar y cuidar al bebé, y que ellas también puedan construir cosas y manejar autitos. Es lo que este mundo podrido pide a gritos.

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