Caso Cerrado

Ya todos o casi todos lo conocemos —y todas las personas que me rodean también, aunque en eso mucho tengo que ver yo, si es cuestión de confesar—. El tema es que Caso Cerrado, el programa conducido por Ana María Polo, la rompe en Telefe. Empezó a ocupar tímidamente la pantalla de las tardes y ahora ya tiene más de tres horas diarias al aire, incluyendo parte de la franja nocturna.

“Mira cómo vengo” es la primera frase con la que arranca el opening y pareciera ser la voz del talk show en sí frente a su competencia. Y es que miremos cómo viene: Pasa cómodamente los 10, 12, 14 puntos de rating en horarios que últimamente eran vistos como, por lo menos, complicados.

“Poniendo mis raíces” canta la doctora Polo (Ah, porque también canta y muy bien) y parece que llegó, finalmente, para echarlas acá, porque frente al éxito del show, otros canales están haciendo el intento de emular el producto, aunque sin mucha pena ni gloria. Cabe destacar que el formato no es una novedad en la Argentina, que ya había visto “La Corte”, por ejemplo. Sin embargo, algo hay de distinto para que sea Caso Cerrado el que marque la diferencia y no sólo por estos lados, porque ya tiene 15 años ininterrumpidos en Latinoamérica, desde Miami.

Algunos colegas, incluyendo gente de la competencia, han afirmado que el secreto para esta permanencia increíble está conformado por dos factores indispensables: El primero, claro está, la estrella, Ana María Polo, quien tiene un carisma muy particular, mezcla de glam, son y sencillez. El segundo, la producción que, como dijeron estas mismas personas, ha descubierto la fórmula del éxito.

Ahora, un tema que muchos Ana María Polosuponen controversial, pero está más que hablado: ¿Los casos son reales?

Esta pregunta se la hicieron a
la abogada Ana María Polo en 1001 entrevistas (y seguramente continuarán preguntándoselo). Su respuesta siempre es la misma, según recuerdo: “Son casos de la vida real. Algunos están dramatizados y otros son absolutamente reales, porque hay que entender que participar y someterse a la justicia con un árbitro es un proceso voluntario ¿Y quién quiere que se le imparta justicia si cometió un delito? Eso sí, tengo un acuerdo con la producción para no saber cuáles están actuados y cuáles no”. Más claro, echale agua.

Ahora, volvamos al título principal: ¿A quién le importa si los casos que se presentan son verdaderos en toda la extensión de la palabra? Seamos sinceros, tal como lo ha manifestado Ana María, además de mostrar hechos que pasan en la vida real por muy inventado que, por momentos, parezca, se trata de televisión y su función principal es la de entretener. Es por esto que no dudo de que muchas de las puestas están hábilmente editadas, exageradas y, más que nada, seleccionadas.

Pero Caso Cerrado va más allá de los típicos conflictos que uno puede tener con un vecino o de lo que se limita, más que nada, al campo de lo bizarro. La intro, con todo el ritmo caribeño que se puede, manifiesta “No me importa tu raza o tu sexo, pa’ qué hablar de eso, y ni de donde vengas” y esta oración, creo yo, resume el programa completamente.

Quien se detenga a observar los capítulos podrá notar que siempre hay una especie de mensaje en el aire en contra de la discriminación, en contra de las obras sociales que interpretan la reconstrucción de los senos tras un cáncer de mama como una intervención estética, una postura a favor del aborto como lectura de libertad femenina, difusión de educación sexual y más. Entre risas, se aprende y varios de nosotros ya estamos grandecitos para ponernos a jugar con bloquecitos de madera didácticos ¿No?

Pero todavía hay más, porque no todo se basa en la palabra o decisión final de la conductora, sino que, además, ella tiene a disposición un equipo de profesionales (psicólogos, médicos, especialistas en fauna, policía, etc.) que explican de qué se trata cada tema o conflicto, sobre todo en lo que refiere a enfermedades. Y uno, como dije, aprende.

A lo largo de todos estos años y hasta el día de hoy, incluyendo nuestras propias redes sociales, Caso Cerrado recibe todo tipo de críticas por las decisiones de la abogada, puesto que muchos se han mostrado en desacuerdo con ella por su abierto apoyo a la comunidad LGBT, por ejemplo. Sin embargo, pese a que a veces no compartamos los veredictos finales, lo que me parece importante destacar es que la doctora Polo pone en relieve el debate de cuestiones que deben interesarnos a todos, porque nos atraviesan como sociedad. Para bien o para mal, nos pone a pensar y los 13 millones de personas que la siguen en Facebook se lo agradecen y reconocen.

Por todo esto, reitero: ¿A quién le importa si es de verdad? He dicho. Caso cerrado.

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Menna Grimal
Guionista en proceso, ceremonialista en retroceso y otros delirios mesiánicos. Ultra leonina y pagana. Me casé con Guión, pero de vez en cuando tengo fantasías con el Teatro. Hija no reconocida de la televisión.