Todo por Navidad

—¡Falta un minuto!

—Prendé la tele, poné el informativo que está la hora…

—Diez, nueve, ocho, siete…

—Feliz Navi…

—Todavía no, falta…

Llega Navidad, se va el 2016 y volvemos a escuchar las mismas frases de siempre: “Que se vaya de una vez este año de m….”; “Ojalá el 2017 sea un gran año” y a fines de 2017 escuchamos exactamente lo mismo.

No es que me pega mal el fin de año, no trato de ser un anti, sino que la idea es también poder recordar todos esos momentos buenos que pasaste y sacar algo, aunque sea de los malos. Sí, todo año tiene lo positivo y también cosas que pasan que no nos gustan o que nos sorprenden para mal.

Decidí escribir sobre Navidad y se me vienen algunos recuerdos y reflexiones. En mi caso, Papa Noél dejó de ser real una tarde de un 24 de diciembre, tendría seis, ¿siete años? Había pedido una bici (sin rueditas), grande y que no sea una playera. Estaba entusiasmado con ver al lado del árbol mi nuevo transporte, con el que iba a andar y andar junto a mis primos todo el verano. Pero horas antes de que llegara el gordo barbudo, abrí la puerta de casa y justo en ese momento me encontré con mi padre descargando de la camioneta la bici que había pedido.

Nada de lamentarse por la desilusión, al contrario, chocho me puse a andar esas horas previas como si no me hubiese enterado de nada. Después pregunté sobre el Ratón Pérez y también era como imaginaba ¡Qué boludo! ¿Cómo un ratón va a dejarte plata? A lo sumo, te la quita.

Y ese día sucede exactamente lo mismo que todos los 24 de diciembre. En la tele “Mi pobre angelito” o “El regalo prometido”, o alguna de esas pelis que pasan siempre. O los resúmenes de los mejores partidos o los bloopers deportivos.

Comienzan a sonar algunas bombas lejanas y luego se sienten más cerca. Y después a pedirle al veterinario amigo algunos tranquilizantes para los perros, que ya desde la tarde padecen los estruendos. Por suerte, cada año se vende cada vez menos y hay más concientización sobre el daño que producen en los animales ¡Basta de pirotecnia! ¿Para qué? Y si el tío pasado de copas empieza a joder con los petardos, dejémoslo de mirar, ignorémoslo y que se vaya a hacer el vivo a otra parte.

Y por la noche, una cena con la presencia de muchas personas que no viste en todo el año. Y en la mesa un vitel toné (¿Qué es eso? No me vengas con eso, hagamos un costillar, unas achuras), el Mantecol (todo bien con el Mantecol, pero un flan con dulce también va), la sidra (Qué gusto horrible que tiene, ¿qué es eso? ¿Por qué se toma eso? No se vende en todo el año, ¿para qué la queremos? ¿Una birra bien fría no es mejor?) y el turrón (que no es el común, el que te comprabas en el recreo). Y después, lo que nunca falta: La lapicera o el desodorante de la abuela (si es que aún vive).

Pero ahora las cosas parecen estar cambiando y muchas de las tradiciones comienzan a desmoronarse. Muchos grupos de amigos deciden pasar las fiestas de viaje, escaparse de la rutina diaria o, simplemente, poder pasar estas fechas con quienes tienen ganas y no con esas personas que no ven en todo el año. La idea es poder compartir todos estos momentos con aquellos que queremos y nos sentimos felices, las personas que todo el año nos hicieron bien.

Empecé esta nota diciendo que para mí Papá Noel había dejado de ser real cuando tenía seis o siete años, pero eso no quiere decir que no exista o que sea irreal. En estas fechas se lo suele ver en los centros comerciales, en los shoppings, en muchísimos lados. Los niños lo saludan, lo esperan y esa es también una veracidad difícil de refutar. No será el original (o sí), pero está ahí, entre nosotros, como el pan dulce y las garrapiñadas, como los regalos a un costado del árbol, como el champagne que se descorcha y que cae en cada copa ¡Felicidades! Y que se vaya de una vez este año de m…

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