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¿Por qué celebrar la Navidad de una manera más que tradicional,
si podemos ser originales?

Cuando llega esta época del año, siempre surgen las típicas preguntas navideñas: ¿Qué comemos? ¿En tu casa o en la mía? ¿Qué llevo? Pero nunca surgen formas nuevas de celebrar la Navidad… Tampoco es inventar la pólvora, pero yo tengo un par de cuestiones que hasta ahora había hecho en silencio. Y que me parece oportuno, porque llegó esa época, compartirlo para que quizás, se transforme en tu forma de celebrar la Navidad.

Papá Noel, Santa Claus y cualquier “señor de rojo”


Desde chiquita aprendí lo que era la Navidad: Mesas largas, comida que entraba a raudales y regalitos del “señor de rojo”, pero no entendía por qué mamá y la nona me obligaban a ir a la Misa de Gallo… Si los regalos no los daban ahí, si la comida no se comía ahí. El punto es que faltaba la explicación de que la Misa era, en realidad, el festejo del nacimiento de un niñito que vino a hacer lío.

En mi familia católica y con el paso del tiempo, fui haciéndome a la idea de que, para festejar con regalos y comida, primero hacía falta festejar al motivo de festejo… No quiero decir que esté bien, pero a medida que vas creciendo, te vas alejando un poco de esas costumbres navideñas. Ya sea porque en tu etapa rebelde no vas más a Misa o porque “la Navidad es una mierda desde que no están los abuelos”. Lo que sea que te aleje de festejar la Navidad.

Desde hace unos años, por trabajo, la vida o el sistema, no puedo vivir tanto la Navidad como cuando era chica y por eso me creé un plan propio de Navidad para llevar a cabo que no tiene mucha vuelta, ni fechas especiales, ni nada con demasiado compromiso. Sólo hay que tener ganas y encontrar el sentido de hacerlo.

La llegada de la Navidad


La idea básica de la Navidad es recibir al Niñito Jesús. Para los creyentes, claro. Para los demás, sólo se trata de una reunión con la familia, en la que intercambiamos regalos y compramos cajones de cerveza. Por eso, en mi plan de Navidad, siempre busco recibir la llegada de alguien pesado. Esa tía que no bancás mucho o alguien que hace años que te dice de juntarse, pero nunca se concreta porque… no tengo ganas de recibirte. Bueno, por un día de tu vida en que hagas algo que no te gusta con tal de poner contento a otro, no creo que te mueras. Durante todo el año no contesto el teléfono, ni los mensajes. Pero más cerca de fin de año, termino por sucumbir a estas llamadas. Aunque sea una.

Navidad 2

Otra de las cosas que me parece importante hacer para cada Navidad es un regalo con tus propias manos. Sí, nunca corté derecho ni por casualidad, ni mucho menos pinté dentro de los límites, pero aunque sea un esfuerzo enorme, aunque sea un regalito, es totalmente una manualidad digna de Actividades Prácticas del Colegio. Además, en esta época de tanto consumismo y productos en serie, no viene mal personalizar algo de eso que vas a regalar.

Dar para recibir


Digamos que no es una ecuación perfecta. No vas a recibir porque fuiste el/la que más dio algo. Pero, tal vez por solidaridad, tal vez por falta de espacio, intento armar un bolsón de ropa con todo eso que nunca jamás voy a usar y lo regalo. Ya sea todo junto, ya sea por partes. El punto es desprenderte de esas cosas que, encima que no las usás, te ocupan lugar en el preciado espacio reducido del ropero.

Así también me encargo de hacer una buena acción. No importa si es chiquita o es inmensa. Dale, ¿qué te puede costar ayudar a un viejo a cruzar la calle? ¿O cuánto se puede salir de tu presupuesto comprar comida para el hombre que está en la esquina? Sé que no es algo a lo que estemos obligados y que tiene que salir de uno hacerlo. Sólo son sugerencias para encontrarle la vuelta a la Navidad.

Si te gusta cocinar, como a mí… Siguiendo en la línea de hacer cosas con tus propias manos, me gusta hacer algún plato para la cena de Navidad. Es como que, a través de esto, encontré mi lugar en la planificación navideña. No sé, pero desde hace unos años soy “la que hace el pionono”. Y de paso, no caés con las manos vacías.

Una vez al año


Navidad 4No soy la Madre Teresa de Calcuta ni mucho menos. No se trata de exponer lo que hago, sino de que sirva para que otros puedan vivir la fatídica Navidad de una manera agradable. Quizás hasta te termina gustando… y te sirve lo que yo llamo “plan navideño para sobrevivir a la Navidad”.

No importa si sos creyente o no. La Navidad también es un día para celebrar a la familia. Por más que pasen todo el año peleando, se encuentran en un punto de tregua para celebrar estar juntos y reírse de las mismas anécdotas, llorar todos juntos por los ausentes y acordarse de miles de momentos.

Mi deseo en esta Navidad es que todos tengan alguien a quien abrazar, aunque sea agua para brindar (dos veces si es con agua) y aunque sea un papelito, desprolijo, escrito a mano, donde diga “Feliz Navidad”.

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