Paraguay, tenés que sentirlo (o se me tildó el celu y sacó cualquier cosa)
Paraguay, tenés que sentirlo (o se me tildó el celu y sacó cualquier cosa)

Prometo no hablar de narcos ni de contrabando. Esta nota es sobre el Paraguay paralelo: El menos visto en los medios, el más silenciado, el más profundo. Tuve el placer de redescubrir mi tierra hace un par de días, cuando fui junto a una amiga paraguaya y tres compañeros argentinos, todos de la carrera de Letras (UNLP). Los cinco integramos un taller de guaraní al que nos aventuramos hace ya tiempo. Esta semana de excursión que les cuento vendría a ser un viaje de estudio: Una especie de integradora en el territorio, con más sabores, cerros y familiares que gramática.

—Somos los objetos de estudio del pueblo —dijo alguien durante aquellos días.

¿Cómo es llegar a un país bilingüe sin sentirte vertiginosamente observado? En algunos de los lugares que visitamos, la presencia de kurepas (argentinos) era llamativa, excepcional e, incluso por momentos, agraciada. Kurepí o kurepa se le dice a la gente de Argentina: kuré es chancho y pi es el apócope de piré, piel: dicen que durante la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870) los argentinos usaban unas botas de cuero de cerdo y el apodo quedó. Aviso, desde ya, que acentué las palabras escritas en guaraní como si estuvieran en español, aunque solamente a los efectos facilitar la lectura.

Vista aérea de las ruinas jesuíticas de Trinidad, en Encarnación. Crédito: www.mapamundial.co
Vista aérea de las ruinas jesuíticas de Trinidad, en Encarnación. Crédito: www.mapamundial.co

Amables, los vecinos saludan desde las sombras, porque en Paraguay la sombra lo es todo. Allá los mangos son frutas, las chiperías y las chiperas te salen al encuentro en los caminos, hay mucho monte y mucho vehículo intrépido por donde mires. Volver a caminar esas tierras coloradas, acompañado por un termo de tereré con remedios (yuyos que las mujeres te machacan y venden en la calle) y por un grupo de extranjeros fue sensacional: Todo se me volvía a presentar de nuevo. Había que hacer, eso sí, un agradable esfuerzo para describir y redescubrir lo que late detrás de cada historia y de cada lugar. Jahá! (¡Vamos!).

Es un país que creció, penosamente, a la sombra de sus vecinos. Y a imagen, semejanza y usanza de los modelos culturales del actual Mercosur (la omnipresente televisión o la continuada referencia a la Argentina, la avasallante circulación de la industria brasileña y la infinitud de vehículos japoneses modernísimos —pero tan usados— llegados vía Chile, por ejemplo). Hay, sin embargo, una identidad nacional que concretiza un microcosmos tan sólido como la sopa paraguaya —un delicioso compacto de harina de maíz, grasa, huevos, queso, cebolla y leche.

Chipa

Mboý ovalé la chipá? [se lee shipá]

Hetá precio arekó [la h inicial se lee como j]. Hay chipa de 2.000, hay de a 3000 también, con carne o con queso tengo… [mil guaraníes son alrededor de $ 3 y anteriormente decía que tiene muchos precios]

Vamos en auto con más preguntas que respuestas. Nos adentramos temprano en las aguas de la playa San José, en Encarnación, y más tarde en las de Carmen del Paraná; seguimos hacia las misiones jesuíticas de Trinidad y hasta la actual comunidad mbya guaraní de Guaviramí. En la comunidad, una de las trabajadoras sociales nos habla de la diversidad lingüística que recorre al guaraní, ya que el mbya guaraní no es el mismo que el guaraní paraguayo, el único reconocido como lengua oficial —aparte del español— por la Constitución de 1992. Es el que se enseña en las escuelas como materia obligatoria junto al “castellano”.

El paisaje de las playas de Carmen del Paraná son más relajantes. Crédito: Facebook de la Secretaría Nacional de Turismo (SENATUR)
El paisaje de las playas de Carmen del Paraná es relajación. Crédito: Facebook de la Secretaría Nacional de Turismo (SENATUR)

Las cigarras engalanan el viaje con música inaudita. Al visitar la antigua fundición de hierro de La Rosada, en Ybycuí (Ybý es tierra y ku`í, polvo: significa arena), recordamos el esplendor de una de las primeras fundiciones de hierro de América Latina. Un lugar construido antes de la Guerra de la Triple Alianza, alianza conformada por Argentina, Uruguay y Brasil contra Paraguay.

El Mariscal López protagoniza rutas y el pasado glorioso tan presente aún. Personaje clave del período que, al contarlo, todavía me conmueve y desarma por dentro: caminar por lugares tan cargados de historia, “símbolo del dolor”, como dice uno de los cuadros que intentan reconstruir el pasado en La Rosada. En el Museo Ferroviario de Sapucai (sapukái es grito) también revivimos otras, la de la presencia británica y la de lo que ya no existe más en Paraguay: el tren.

Hicimos una parada obligatoria en el Museo Ferroviario de Sapucai.
Hicimos una parada obligatoria en el Museo Ferroviario de Sapucai.

Balnearios de agua prístina, reservas en el corazón del monte subtropical, piedras horadadas por el sudor, mandioca hervida y sandía entre las tejas coloniales. En Asunción el verde se siente también y tan bien se conservan algunas construcciones antiquísimas. Fundada en 1537, la intitulada “Madre de Ciudades”, hoy se destaca por el jopará de sus ropajes culturales (jopará significa mezcla y se lee yopará): la villa miseria de la Chacarita detrás del Palacio de Gobierno y junto a la flamante costanera asuncena, comedores familiares potentes y casas de comida gourmet, mucho libro editado en guaraní, puestos de venta ambulante y shoppings de la gran siete. Una capital que, para sorpresa mía, hoy luce una gran cantidad de murales callejeros que la engalanan espectacularmente.

[Otra sorpresa fue conocer la ciudad de Areguá, con sus cooperativas de artesanos, sus frutillas, las mansiones en medio de una naturaleza envolvente y el famoso lago de Ypacaraí. Esa ciudad merecería un párrafo aparte —porque se robó mi corazón— o algún otro artículo, pero hoy no tengo ni uno ni otro]

Casa típica de otro siglo, en Areguá. Crédito: Paula Moya.
Casa típica de otro siglo, en Areguá, la capital de la frutilla. Crédito: Paula Moya.

…porque dicen que la tierra es elemental y que de tierra y arena somos. En las varias salas del Centro de Artes Visuales Museo del Barro —Museo del Barro, entre nos— se sintetiza todo lo que se puede conocer en este país ignoto, como si fuera una pieza de ñandutí (tela de araña, que es una costosa tela de encaje): objetos indígenas, artesanías religiosas, instrumentos musicales, máscaras y cualquier cantidad de dibujos, pinturas e intervenciones contemporáneas. Muy recomendado para perderte durante horas.

¿Buscabas vacacionar en algún lugar que no figure entre los destinos tradicionales? ¿Sabés de alguien que quiera otro tipo de aventuras en Latinoamérica? ¿Leyendas, mitos y una historia que se entreteje profunda y se multiplica en la oralidad de cada día? Bueno, como no nos cansamos de decirlo entre risas durante el viaje: Paraguay… tenés que sentirlo.

Dale, jahá! Paraguay te espera.

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