Oscuro

2010

Aquel fue uno de los años más especiales de mi vida. En un principio fue bastante malo. Después de años de vivir con la fantasía de que por lo menos en mi familia todo estaba bien, fui descubriendo cómo eran las cosas en realidad. Aún recuerdo perfectamente, como si hubiera sido ayer, el sentimiento de frustración que tuve cuando supe lo mal que la estaban pasando las únicas personas que de verdad amaba. Pero ya no era tan chico, pude entender que la decisión que estaban tomando era, sin dudas, la mejor para todos. Así que cuando finalmente se separaron, traté de no hacerles notar mi tristeza. Les hice saber que lo más importante para mí era que ellos fueran felices y así yo también lo sería.

Oh, otra vez… ¡Que no! No voy a negar que esto fue un hecho que me afectó mucho en su momento, pero nada tiene que ver con Oscuro. O, por lo menos, no con su origen. De lo que sí me fui dando cuenta es de que, cuando tenía pensamientos particularmente negativos, la presencia de Oscuro aumentaba en gran medida. Cada vez que me enojaba o me entristecía, parecía que le estaba transmitiendo Poder. Y es que cada vez era más y más fuerte, de eso no cabía la menor duda.

Pero, como dije, 2010 fue un año muy especial para mí, con sus cosas buenas y malas. Ahora vienen las buenas. Tras la separación de mis padres, me volví a mudar con mi mamá en plena ciudad. Allí empecé cuarto grado de la escuela secundaria. Y cuando pensaba que ya no podría sentirme realmente feliz, por fin conocí a las únicas cuatro personas que se merecen poseer Nombre en esta historia.

La primera fue Julieta, una chica extrovertida a la que no le iba muy bien en los estudios. De hecho, si mal no recuerdo, ese fue la razón por la cual nos hicimos amigos. Ella tenía algún problema con las matemáticas, se hacía un lío con los números, y yo me ofrecí a ayudarla. Incluso le pasé algunas respuestas en un par de pruebas de Biología y Literatura. Tras esto nos empezamos a juntar seguido. Gracias a ella conocí a Marcos, su amigo de toda la vida. Marcos era un chico gordito que sabía reírse de sí mismo. Desde el primer momento me cayó muy bien, era el típico amigo que cualquiera quisiera tener —y me encargaba de hacérselo saber—. Y gracias a Marcos conocí a Tomás, su amigo y hermano de corazón. Tomás era muy divertido, sabía cuándo decir los chistes apropiados y cómo hacer reír a todos por más malhumorados que estuvieran. Era muy bueno jugando al fútbol —o así lo veía yo, aunque ante mis ojos cualquiera podía ser bueno jugando al fútbol, pues yo era un desastre total— y en la escuela le iba regular, aunque a veces necesitara copiarse un poco en las pruebas para poder aprobar. En poco tiempo nos hicimos muy buenos amigos. Fue tan rápido que incluso llegué a dudar de que fuera real.

Y más o menos al mismo tiempo, conocí a Milagros ¿Qué decir de ella? No voy a decir que fue “amor a primera vista”. La primera vez que la vi, pasó desapercibida ante mis ojos. Pero, en cambio, la primera vez que me dirigió la palabra fue muy… Oh, ni siquiera sé cómo describirlo. Su sonrisa tan perfecta, su voz tan delicada, su rostro tan angelical…

Disculpa, es sólo que aún me duele pensar en ella, pero sé que debo proseguir. No sólo para ti, creo que me hará bien hablar un poco de ella y no olvidarla. Porque ella no se merece permanecer en el olvido.

Me saltaré la parte en la que me quedé embobado hablando con ella, pocos días después de que me empezara a hablar con Julieta. Ella y Mili… Disculpa de nuevo, hacía mucho que no la mencionaba… Decía que Julieta y Mili se conocieron los primeros días de cuarto grado, y que Mili era nueva, y muy pronto se convirtieron en algo así como mejores amigas. Al inicio, en los recreos, me solía juntar más que nada con Tomás, Marcos y un par de amigos suyos. Cuando nosotros tres ya éramos de esos amigos inseparables, empezamos a juntarnos con Julieta y Mili. Después me enteraría de que eso había sido idea de Tomás, porque se había dado cuenta de que Mili me gustaba.

Para cuando me había dado cuenta, se había formado un grupo de amigos como nunca me hubiera imaginado. Y eso no fue todo. Ocurrió algo igual de fantástico, que al principio no quise creerlo por temor a llevarme luego una desilusión, pero con el tiempo se convirtió en un hecho.

Oscuro no había vuelto a aparecer.

Y no sólo eso, ya casi ni aparecía en mis pensamientos. Sólo de vez en cuando pensaba en él, pero no de la misma manera que antes. Ahora ya no me daba miedo en lo absoluto. Las pocas veces que me puse a pensar en aquella cosa que alguna vez me había infundido temor, me detuve a tratar de encontrar una posible respuesta que justificara su misteriosa desaparición.

Llegué a la conclusión de que mis pensamientos negativos eran los que siempre lo habían atraído a mí y ahora que vivía despreocupado, rodeado de amigos, lo había espantado. Podría decirse que estaba en lo correcto. También llegué a creer que debido a eso ya no volvería a meterse en mi vida. En eso no podía estar más equivocado.

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