Navidad en Argentina

Hace calor. Me derrito. No es broma. Tengo tanto calor que me comería una porción de pan dulce (sin frutas, claro). Paremos todo, ¿pan dulce dije? Sí, pan dulce.

Llegó diciembre y con este mes llegan las desesperadas adquisiciones para cumplir con el árbol de Navidad y, en consecuencia, con las pasadas infinitas de tarjeta de crédito para comprar el vitel toné, las botellas de sidra, los turrones, el Mantecol, los confites, las garrapiñadas, el pan dulce y, si queda algo, la pirotecnia. Todo esto da calor, excepto la sidra, si está bien fría. Obviedades.

Empecé diciendo que tengo calor y ya escribir esto hace que quede a un paso de la combustión espontánea. Para empeorar la situación, en muchos hogares se acostumbra a hacer el pan dulce casero y eso implica tener que prender el horno cuando hace 35º a la sombra. Será Navidad, vendrá el niño Jesús, pero yo siento que en esta época se abren las puertas del mismísimo infierno, sin ofender.

Para arrancar, de entrada nomás, el pan dulce se llama panettone y sí, como pueden intuir (tampoco se necesita un máster en idiomas), es de origen italiano y en esta misma época del año, en Italia hace frío. Pero, bueno, si comemos facturas, también podemos bancarnos el pan dulce… Lleno de frutas abrillantadas, chispas de chocolate o frutos secos ¡Que vengan los bomberos, que me estoy quemando!

El turrón y los confites que ponemos en la mesa también son de origen europeo, más precisamente por los lados de España. Supongo que no te sorprende. Y el Mantecol, esa pasta de maní tan conocida como la golosina nacional (discrepo porque, para mí, la golosina nacional tiene que ser el alfajor, herejes), pertenece bastante a este team. Agrego un dato: En esta misma época del año, en España hace frío.

A ver si tenemos más suerte con, qué se yo, las garrapiñadas. No demos más vueltas, son europeas, aunque algunos afirman que nacieron en Egipto… ¡¿En Egipto?! ¿Me estás cargando? ¡Eso directamente es un desierto congelado! Sí, sí, en esta misma época del año, en Egipto hace frío, mucho frío.

Y ni hablemos del Gordo Luis ¡Pobre gordo! Seguramente ya te lo contó el Negro Fontanarrosa, pero siempre vale recordar a los miles de infelices que se ven obligados a disfrazarse de Papá Noel. Entonces, es ahí cuando aparecen con abrigados atuendos rojos, barbas berretas de cotillón, un “jo jo jo” poco creíble y la ausencia de la alegría en sus caras los padres, tíos, abuelos y personas a las que su dignidad se les arrebata repartiendo volantes. Y sí, ¡hace un calor! Lo llevo diciendo desde que empezamos con esto. Sólo algunos se calzan las sandalias de verano o un short colorado, en composé con el equipo, delatándose así frente a sus hijos:

—¡Ese no es Papá Noel! ¡Es papá!

Y el pibe te señala el calzado o, en el más meticuloso de los casos, el reloj que olvidaste sacarte. Tiene cinco años, no es tonto ¿Qué esperabas? Usa la tablet mejor que vos y pretendés que caiga en ese engaña-pichanga digno de un país que imita cuanta costumbre extranjera llega y que, encima, imita mal, porque ni adaptar sabemos (Ok, “Casados con hijos” nos salió bien).

Por lo tanto, exijo la aparición con vida de un Papá Noel playero que se tome la Coca-Cola con Fernet, por qué no, que traiga los regalos en una eco-bolsa gigante, que use un trineo con energía alternativa (porque acá queremos extinguir un poco eso de la explotación animal, ¿vio?) y que, sobre todo, venga con bermudas, ojotas y alta visera con la etiqueta sin despegar.

Sí, ya sé, qué amargada… ¿Pero por qué no probás poniendo una bolsa con bolitas de telgopor en el ventilador para “jugar a la nieve” y después me contás? Porque, claro, la nieve artificial la dejamos para el carnaval de febrero… Un mes, por lo general, inestable y lluvioso. Jeños.

Lo peor de todo es que sostengo un romance de verano cada año, desde que tengo memoria, con el pan dulce. Es una relación caliente en el sentido más literal de la palabra. Y sufro la ruptura, como es normal en estos enamoramientos estivales… Sufro cada vez que el sistema me lo arranca de los brazos y me confina a pasar un nuevo invierno sin él.

Comentarios