Rivera Breton y Trotsky

Junto a Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera fue el mayor representante del movimiento artístico más importante de México y uno de los más importantes de Latinoamérica.

Diego nació en Guanajuato, México, el 8 de diciembre de 1886 y se formó en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos, en la Ciudad de México. Luego vivió en Europa durante 15 años hasta 1922 y se inclinó por el arte de vanguardia de la época, con enormes influencias del cubismo por medio de su amigo Pablo Picasso.

Diego Rivera 1915 – “El Guerrillero”

Un hombre controvertido


Rivera pertenecía al Partido Comunista y en 1927 viajó a Moscú para los diez años de la Revolución de Octubre, pero pocos meses después Stalin lo expulsó por supuestas actividades antisoviéticas.

En 1929 contrajo matrimonio por tercera vez, con la artista plástica Frida Kahlo. Su relación fue intensa y conflictiva, y Diego la engañó incansables veces, incluso con la propia hermana de ella.

En 1936, León Trotsky fue expulsado de Rusia por Stalin. Diego y Frida le dieron asilo político en su famosa Casa Azul, pero tras un supuesto romance entre Frida y Trotsky, ella se separó de Diego durante algunos años.

Frida Kahlo y Diego Rivera

La revolución mexicana


En 1910 México estaba sometido al poder dictatorial del general Porfirio Díaz desde 1876. Habían sido 34 años de crecimiento económico para el país, a costa de terribles condiciones económicas, sociales, políticas y culturales para las clases más bajas y los opositores al régimen, que llevaron a una multiplicación de revueltas en muchos sectores durante los primeros diez años del siglo pasado.

Desde 1910 hasta 1920 se sucedieron asunciones y derrocamientos por la fuerza de varios líderes políticos que buscaban instalarse en el poder para reorganizar el país. Madero, candidato a presidente para competir contra la reelección de Díaz, fue encarcelado y así triunfó la reelección. Pero Madero escapó y llamó a las armas contra Díaz, que terminó por exiliarse.

Luego de asumir mediante elecciones, Madero tuvo múltiples diferencias con Emiliano Zapata y otros líderes revolucionarios que se levantaron contra él. La contrarrevolución de Félix Díaz y Victoriano Huerta asesinó a Madero y a su vicepresidente, y Huerta asumió la presidencia.

Finalmente, Carranza y Pancho Villa lucharon durante un año contra él, logrando que renuncie y se exilie. Durante la década del 20 continuaron las luchas entre las facciones que concluyeron con los asesinatos de Zapata, Carranza y Pancho Villa.

El movimiento muralista mexicano


Impulso

Con la revolución aparentemente ya asentada y con José Vasconcelos como secretario de Educación, se inició un proyecto de instrucción popular y amplia difusión y promoción cultural en todo el país. De esa forma se apoyó a muchos artistas e intelectuales para que permanecieran en el país y se promovió la creación de nuevas formas masivas de expresión artística con una fuerte intención propagandística.

Rivera volvió a México en 1922 y, junto a Siqueiros y Orozco, estudió las antiguas culturas maya y azteca, que luego fueron determinantes en su estética, y fundó el sindicato de pintores, del que surgiría el movimiento muralista mexicano.

En este contexto histórico en que el país se estaba redefiniendo social, política, industrial y artísticamente, surge el muralismo con la principal intención de llevar el arte a las calles. Se busca la igualdad social haciendo partícipe al pueblo, enseñándole la historia y cultura nacional, el proceso revolucionario y mostrando la actualidad social y política.

Rivera

Rivera, que adhería a la causa socialista, recibió una gran cantidad de encargos del gobierno para pintar enormes murales, como el del Palacio de Cortés en Cuernavaca, el del Palacio Nacional y del Palacio de las Bellas Artes de Ciudad de México. En estos trabajos Diego dejó atrás sus profundas influencias artísticas de vanguardia europea y siendo un artista comprometido políticamente, empezó a reconocer y revalorizar una cultura propia para ponerla en primer plano.

No se plasmaba un nacionalismo existente, sino que se construía en el mismo proceso artístico, un proyecto nacional. Un realismo popular de colores vivos que creaba un estilo nacional, reflejaba la historia del pueblo mexicano desde la época precolombina hasta la Revolución, tal como se ve en el mural del Palacio Nacional iniciado en 1929, uno de los más representativos de Rivera.

Diego Rivera, mural en el Palacio Nacional
Diego Rivera, detalle de mural en el Palacio Nacional

Diverso

Diego era comunista y sus murales, aunque de gran contenido político, no eran de propaganda partidaria, sino que presentaban una perspectiva y un estilo muy personales. Lo mismo sucedía con los demás muralistas que conformaron el movimiento. Aunque todos con un alto nivel experimental, cada uno trabajó desde su propia visión política y desarrolló su estética profundizando en distintos temas.

Rivera se enfocó en pintar escenas de la historia de México con formas realistas de colores vivos. Siqueiros, con un estilo tendiente al surealismo, buscaba la dinámica de las figuras a través de líneas expresivas y Orozco apuntaba a valores más universales que nacionales y criticaba los problemas del marxismo con figuras famélicas.

Breve y fundacional

El movimiento muralista, con su articulación inicial, apoyado por Vasconcelos, duró apenas dos años, pero fue profundamente trascendente y en adelante se continuó realizando una gran cantidad de murales de todos los tamaños, tanto en edificios públicos como privados a lo largo de todo el país.

La imagen de Lenin en el Rockefeller Center


En 1933, en medio de un mundo polarizado entre revoluciones marxistas y capitalismo, la familia Rockefeller entregó a Diego, emparentándolo con Matisse y Picasso, un espacio en su edificio de Nueva York para que pinte un mural, pero Diego no respetó los bocetos que había presentado y pintó la imagen de Lenin en un sector del mural.

Cuando los Rockefeller le pidieron que lo sacara, Diego se negó y la familia decidió, ya que no podía alterar la obra, derribar la pared del mural, que era de su propiedad.

Diego Rivera. Mural en el Rockefeller Center

Muralismo por una identidad latinoamericana


Diego Rivera fue un artista e intelectual con un alto compromiso político y formó parte de un movimiento artístico amplio, diverso y profundo que dejó patente una huella en el continente: El inicio de un camino que continúa hasta hoy, en busca de la construcción y el reconocimiento en una identidad latinoamericana propia, que sin el aporte del arte con su capacidad significante, no hubiera sido posible.

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