Oscuro

Mediados de 2002-2009

    Un par de meses después, mis padres me dijeron que nos teníamos que mudar a un pueblo cercano por cuestiones del trabajo de papá. Ni sabía con exactitud de qué trabajaba, sólo que mi mamá se quedaba casi siempre en casa y él volvía por la noche. De todas formas me alegró mucho esto, pues aún quería creer que era capaz de hacer amigos.

    Sí, tienes razón. Que nos mudáramos poco después de que todos —varios vecinos e incluso maestras de la escuela— me acusaran de haber sido el responsable de romperle las piernas a mi compañero se trataba de una casualidad bastante curiosa. Pero no lo pensé mucho en ese entonces, aunque ahora que lo dices es probable que tengas razón.

   Cuando era muy pequeño era bastante ingenuo, consideraba que lo que me decían mis padres era “Palabra sagrada”. Si me decían que nos mudábamos debido al trabajo de mi papá, que ni conocía, les creía. Si me decían que los gritos que escuchaba de vez en cuando eran simples discusiones necesarias y que todo estaba bien, también les creía.

    Oh, no, detente. Perdón que te interrumpa, sé que estuve hablando mucho. Pero no quiero que me saltes con eso de “los padres son el origen de todos tus problemas”. No estoy loco ni fue su culpa que existiera Oscuro, así que ahórratelo. Quizá después me detenga más en eso, ahora no lo veo necesario.

    En fin, la cuestión es que cuando nos mudamos quise conservar la esperanza de que al cambiar de casa, estaría abandonando a Oscuro también. Pero sabía que no sería tan fácil. Tardó un poco en llegar, más de una semana. Pero cuando llegó era como si nunca me hubiese mudado, pues nada había cambiado. En esa nueva habitación también tenía un armario al lado de mi cama y desde allí podía percibir su presencia.

    A partir de entonces tuve que asumir que Oscuro formaba gran parte de mi vida y que no tenía otra opción más que acostumbrarme a convivir con él.

    En la nueva escuela tampoco hice muchos amigos y es que el hecho de haber entrado a fin de año no me ayudaba en nada. Pero por lo menos pude integrarme, ya no era el “bicho raro” del curso. Además de concentrarme en los estudios, como siempre había hecho, ahora también hablaba de vez en cuando con algunos compañeros. No llegué a tener un vínculo cercano con ninguno de ellos, nuestra relación era sólo de convivencia, pero me sirvió para no estar siempre tan aislado.

    Sí, creo que tienes razón, si sigo voy a terminar contando hasta la vida de mi perro. Es broma, nunca tuve perro —aunque siempre deseé tener uno, mis padres no me dejaban—. Como sea, me hubiese gustado contarte más acerca de mi vida en esa escuela. No fue todo un tormento. Hubo excursiones, bromas en clase, momentos vergonzosos y a la vez divertidos… Pero poco y nada tienen que ver con lo que a ti te interesa y puesto que siempre me interesó que mis historias sean del agrado de mi público, si deseas que me apresure, lo voy a hacer.

   Así que mejor adelanto un poco los hechos. Durante los siguientes años no ocurrieron muchas cosas de especial importancia para esta historia. Incluso tras haber entrado en la escuela secundaria, Oscuro comenzó a visitarme cada vez más seguido, hasta que ya aparecía casi todos los días. Con el tiempo me fui acostumbrando y dejó de darme miedo. Si no me había hecho nada era porque no tenía el Poder para hacerlo. Eso o simplemente no quería lastimarme. En cualquier caso supe que de momento no debía preocuparme.

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