Pablo Foladori, director de Ópera Periférica. PH Ulises Cienfuegos

Imaginate que se rompe una frontera. Preguntate qué pasaría si un género considerado “alto” o “culto” sale a la calle. Y no sólo a la calle, sino que se mete en barrios populares e interpela a gente que no tiene acceso a ciertos productos culturales. Imaginate que la ópera viaja en subte y llega a la villa.

La ópera surgió en el Renacimiento, como una manera de rescatar la tragedia clásica. Un grupo de literatos humanistas de Florencia consideró necesario retomar el carácter coral de las tragedias, que —según ellos— habían sido cantadas en la antigüedad. Es decir, la ópera estuvo asociada desde su origen a una elite cultural. Y desde sus comienzos, 366 años atrás, hasta ahora siempre permaneció bajo un manto de “inaccesibilidad” y bajo el prejuicio de que este género no es para todo el mundo.

Pero ¿qué pasa si se corre ese prejuicio y la ópera se acerca a las masas? ¿Qué pasa si cambia de escenario, si se mueve? Pablo Foladori, creador y director de Ópera Periférica, se hizo estas preguntas y decidió comenzar un proyecto que explore estos interrogantes.

Entrevista a Pablo Foladori, fundador de Ópera Periférica


¿Cómo surgió Ópera Periférica?

Ópera Periférica empezó en el 2014 como una idea de buscar un nuevo público para la ópera e investigar cómo se comporta este género en un espacio no convencional: si realmente atraía a nuevos públicos o no, a gente más joven, etc. Y también surge como una necesidad de explorar un nuevo imaginario para la ópera que en general se repite y que tiene que ver con el lujo y con el supuesto “buen gusto”. La idea era buscar otra poética que tuviera que ver más con el diálogo, con un espacio de intervención, con la intemperie, con el afuera o con el imaginario de un galpón o de un subterráneo, por ejemplo.

¿Cómo se armó el elenco?

Yo creé Ópera Periférica justamente por estas preguntas que me fui haciendo en relación a un género que a veces siento que está muy cristalizado y que no avanza. Me pareció que hay un modo de volver más vivo el género y no trabajar tanto con la repetición y con lo que se supone que uno va a ver y a escuchar cuando va a la ópera. Estas preguntas tienen que ver justamente con eso, con mover un poco la ópera de su lugar de confort y de lo esperable.

¿A qué te referís cuando hablás de “cristalización” del género?

Me refiero a lo que pasa con la ópera en relación a los títulos. En general, los títulos de ópera que se ofrecen son títulos ya vistos. Hay muy poca oferta de ópera contemporánea y hay una repetición. El espectador que va a ver Carmen ya sabe lo que va a pasar. Si va a ver Las bodas de Fígaro o La traviata, sucede lo mismo. Entonces no hay mucha renovación por el lado de los títulos, del repertorio. Es un poco como ocurre cuando Barthes habla de “textos de placer” y “textos de goce”. Parecería que la ópera estuviera más cerca del placer, de lo esperable, del confort y no justamente del desacomodar. Lo mismo pasa con las puestas en escena. En general —no digo siempre— las puestas convencionales trabajan con el castillo, el miriñaque, las bellas escenografías, los bellos vestidos de las sopranos. A eso me refería con “cristalización”, con que a veces está endurecido en ese sentido el género. No soy absoluto en este sentido, pero me daría la sensación de que pasa bastante.

Ópera Periférica en la Villa 31. PH Liliana Morsia

Supongo que el tema de estar en la calle y en lugares públicos, como el subte o la villa, tiene que ver con esto que decís de no tener una escenografía quieta como sucede en el teatro, por ejemplo. Entonces, ¿qué tipo de títulos seleccionan?

En general la elección de los títulos tiene que ver con varios factores. En este momento de Ópera Periférica estamos eligiendo títulos pequeños. Es decir, títulos que impliquen una orquesta pequeña y no muchos personajes, por una cuestión que va de la mano de una ópera desmontable. Es decir, que se pueda intervenir un espacio con esa ópera y con los tiempos y presupuestos que manejamos. También vamos eligiendo los títulos de acuerdo al lugar que queremos intervenir. Hacemos una pequeña lista de títulos que funcionarían y después nos terminamos definiendo por uno. Hay títulos que tienen más resonancia en el presente o que permiten una relectura mucho más interesante que otros. En función de eso se van eligiendo los títulos.

PRESENTACIONES DE ÓPERA PERIFÉRICA HASTA LA FECHA

2015: Bastián y Bastiana, Galpón Piedrabuenarte, Lugano, en el marco de la Noche de los Museos.

2016: Bastián y Bastiana, Cancha Lorenza, Villa 20, Lugano.

         La Serva Padrona, estaciones de subte, Villa 31 y barrio Los Piletones.

¿Cómo es en general la recepción de la gente? Sobre todo teniendo en cuenta este prejuicio que existe de que la ópera es un género culto, un género para entendidos, ¿con qué tipo de reacciones se encontraron y cuál fue su experiencia hasta acá?

De la primera intervención en el Galpón Piedrabuenarte, me acuerdo de varias familias que vinieron de Villa Oculta con nenes chiquitos y tengo la imagen de los chicos aplaudiendo y de un momento muy mágico. Digamos, de un teatro muy poético e infantil en el más precioso de los sentidos. Los chicos estaban realmente embelesados con lo que pasaba y con lo que sonaba. Y nadie se acercó para preguntarme cuál era el conflicto de la obra o por qué pasaba. En general, las puestas que trabajo son muy visuales y el argumento se ve muy explicitado por los cuadros que vamos construyendo. También es cierto que hasta ahora los títulos que hemos trabajado son bastante simples en su argumento, pero creo que la idea de que la ópera es solo para un público entendido es justamente eso, un prejuicio. 

PH Estrella Herrera
Candelaria Sesin, Alfredo Martínez, Julieta Schena, Cristián Jensen.
PH Estrella Herrera

Ahora en la (Villa) 31 estoy ensayando con algunos actores del barrio y se entiende perfectamente lo que pasa en la obra y se acoplan a los ensayos y trabajan junto con los otros actores. Incluso hay actores adolescentes o chicos también. Y como el vehículo de la palabra tiene toda esta cobertura musical y este sustento musical —que justamente no es la palabra, sino que es algo más sensorial, de otro plano, no del verbo— se termina comprendiendo.  Y además me parece que hay varias maneras de entender este objeto. Hay varios lugares desde dónde posicionarse como espectador para disfrutar de una ópera.

¿Qué es lo más gratificante y lo menos gratificante de llevar a cabo este tipo de espectáculos?

Creo que lo más gratificante lo voy encontrando una vez que la intervención ya sucedió, que el estrés pasó y digo “qué bueno que pudimos llevar esta ópera a este lugar y que hubo espectadores que quizás no se hubieran interesado en ir a escuchar una ópera o no hubieran podido ni siquiera ir al Colón a escuchar una ópera, aunque tuvieran las estradas para hacerlo”. Porque a veces hay espectáculos en el Colón que son gratuitos, pero hay gente que no puede hacer uso de esas entradas gratuitas porque no tiene plata para viajar siquiera y porque tiene otras urgencias y otros problemas que atender. Entonces, llevar la ópera al territorio es un gran logro. Desterritorializar y buscar nuevas poéticas para la ópera también me parece un gran logro y todo esto provoca mucha satisfacción. Tener la posibilidad de investigar también me parece que tiene mucha satisfacción. Además, cada intervención, más que una ópera pasa a ser un acontecimiento y eso da mucha satisfacción cuando ocurre.

PRÓXIMA PRESENTACIÓN DE ÓPERA PERIFÉRICA

La Serva Padrona,
26 de Noviembre A LAS 19:30 HORAS,
en Cancha de la Feria, Barrio 31.

Lo que genera estrés, bueno, tiene que ver con que al no trabajar en espacios preparados para el género, surgen muchos inconvenientes que pueden ser técnicos, de coordinación. Pero bueno, son esos imprevistos que igual ocurren en todos lados, en cualquier tipo de trabajo. Como una ópera tiene distintos cuerpos que participan —el cuerpo técnico, el de producción, los actores, los cantantes, la orquesta, el director de orquesta— son muchos los engranajes y ajustar todo ese engranaje con los tiempos de una intervención a veces es estresante.

¿Notaste algún cambio desde que empezaste hasta acá? ¿Tenías objetivos predeterminados? ¿Se cumplieron?

Al comienzo el proyecto empezó como una necesidad de hacer mover la ópera, como te decía al principio. Ahora, ya con varias intervenciones en el camino, lo que veo es que Ópera Periférica tiene un campo trabajado, un campo de investigación definido y que falta terreno por recorrer. Básicamente logré ver un crecimiento del proyecto y un terreno fértil donde ir haciendo cuestionamientos y preguntas en torno a la ópera.

ACERCA DEL DIRECTOR 

Pablo Foladori comenzó su carrera como cantante de cámara. Luego, se inició en la ópera como barítono pero su carrera se vio interrumpida por las letras y por la dirección. Actualmente ha realizado un pasaje de cuerda y está retomando sus estudios como tenor.

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