Guns

Tenía doce años cuando en un sábado de potrero del viejo San Miguel, uno de mis amigos me preguntó qué música escuchaba y cuando le respondí, inmediatamente dijo: “¿Sabés qué tenés que escuchar vos? ¡Guns N’ Roses!

Y así fue que en los tiempos esos en los cuales fuimos descubriendo sensaciones y experiencias nuevas como el amor, el sexo y la responsabilidad, también pude descubrir el fanatismo por una banda icónica, la más taquillera de los años 90, un grupo de “salvajes forajidos”, la última auténtica en eso de que como se mostraban eran, vivían así. Guns fue sin duda en esos detalles la última referencia de lo que es el rock, porque en definitiva es eso: Autenticidad.

Desde esos doce años musicalicé muchos momentos de mi vida con sus canciones, deseando el poder regresar en el tiempo para verlos en vivo, sentir en la piel y en mi ser todo eso que perdí por ser un pibito y porque la banda se había disuelto y como leí en varios reportajes a Axl, cuando le preguntaban si iban a volver a juntarse de nuevo, la respuesta era recurrente: Not in this lifetime” (No en esta vida).

Hace unos meses me desperté con la increíble noticia que anunciaba que el binomio principal de la banda había dejado viejos rencores de lado y con un abrazo sellaron la vuelta a los escenarios. Días más tarde anunciaron la Not In This Lifetime World Tour por el continente americano. Imaginate cómo estaba yo, estaba re loco, ansioso y esperando que pasaran por acá… Hasta que vi publicado “Buenos Aires”.

Pero como en toda historia siempre debe haber un obstáculo que no le permita al protagonista cumplir directamente con su objetivo, pasó lo que a muchos en la actualidad del país: Me quedé sin trabajo y todo lo que eso implica.

Cuando salieron a la venta los tickets, caí en una depresión enorme y con tristeza intenté asumir que no iba a poder ir, ya que no había chance de nada, ni siquiera de acreditarme como prensa.

El sábado pasado, en la última fecha en el Monumental, estaba en mi casa, bajoneado y a punto de ponerme a escribir un articulo para este mismo medio cuando por la ventana de mi escritorio escuché un auto pasar con “You could be mine” al palo y me erizó la piel. Tanto que apagué la PC y dije en voz alta: No voy a dejar que el sueño que crié desde hace veintitrés años se me escape así nomás, al menos no en esta vida y me fui a River. Sin entrada, con poca plata y sin acreditación.

Una vez allá miré el panorama, hablé con gente, busqué contactos intentando pasar y no. No había posibilidades en una de las peores organizaciones que vi de parte de una productora.

Los de seguridad estaban nerviosos, pegaban. La policía estaba para la foto ante los delincuentes y también la mafia de la reventa que te ofrecía las entradas campo general de $900 a $4000, la gente del barrio de Núñez y el público enloquecidos. Mientras tanto, yo esperando el momento.

Pasadas las 21 horas a lo lejos una batería de fuegos artificiales y el rugir de las miles de personas dentro del estadio anunciaban el inicio del show. Ahí no se qué fue lo que me pasó, si fue adrenalina, emoción o qué, pero sentí la necesidad de entrar.

Retrocedí unos metros en la fila popular y me entremezclé con la gente con mi mejor cara de póker. Sabía que existían tres controles: Todos con entradas en mano. En el primer control busqué el amontonamiento y pasé en una carrera de 500 metros hasta el próximo control, mientras sonaba desde el estadio “Welcome to the jungle“, aportando mucha más adrenalina al momento. Corrí, corrí como nunca y al segundo control lo enfrenté a toda velocidad logrando pasarlo para quedar con el último y el más difícil: Los molinetes.

Allí se hizo un tapón humano donde hubo golpes, gritos, llantos, palazos, balas de goma y en cuanto vi un hueco, me tiré de cabeza. Corrí con todas mis fuerzas hasta confundirme con la gente, emocionado hasta las lágrimas por escuchar mi tema favorito: “Estranged“, mientras veía ahí, a metros, en el escenario, al sueño, al deseo de tantos años hecho realidad.

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El show de Guns N’ Roses


Tres años pasaron del último show que se había hecho en River y a pedido expreso de la banda, se volvió a habilitar para esta ocasión. El mismo sitio que los vio dar el mejor show de su carrera en 1992 y el último con su formación original antes de su separación en 1993.

Una fila interminable de personas desde temprano, bajo el rayo del sol y soportando los 30 grados de la ciudad del gran río. Nuevamente una pésima organización de Fullticket y Ake Music Productions, a los cuales les importa más ganar dinero que el espectáculo que brindan, poniendo en funciones a los tipos de Protech en seguridad que, en realidad, generaban todo el lío sin discernir entre niños, mujeres o tipos.

Una bochornosa división entre campo VIP y campo general con tarimas de hasta 1,80 Mts. de altura intentaban separar el proletariado de la burguesía rockera, es decir que si había alguien atrás de 1,60 o 1,70 de altura no veía un corno, salvo desde las pantallas gigantes, incluso si se iba bien atrás. Obviamente esas tarimas fueron motivo de discordia y en un momento la gente, cansada de tanto maltrato, las volteó y se unieron al otro público que en realidad es uno solo, el público Gunner.

Por su parte, la banda brilló con una puesta en escena no muy ostentosa, cumplió con el objetivo de que se centre la atención en otra cosa y no es menos que el laburo que se tomaron preparándose para brindarnos este espectáculo.

Axl vocalizó con mucha garra, Duff con un impecable estado físico, fue preciso en los acordes de cada interpretación; Steven, que apareció como un argento más, también la rompió y bueno; Slash merece un párrafo aparte, es el mejor y en su concentración tuvo un guiño con la gente con una remera que decía “Buenos Fucking Aires” y si algo se pudo notar en estos 23 años es que el peso artístico se repartió entre Axl y Slash equitativamente y eso está increíble.

Con artillería pesada de clásicos brindaron un show impecable de dos horas y pico agitado por niños, adolescentes y grandes hermandados en una misma pasión, el sentimiento por la expresión artística más completa y noble que hay: La música.

Yo estaba anonadado, como un nene en una juguetería, un gordo en Mc o un virgo viendo la Playboy. Nunca antes una banda me hizo sentir todo lo que viví el sábado pasado y la moraleja de todo esto es:

Aunque el tren pasó, correr aún tiene sentido. Nunca se queden sin hacer algo por alcanzar su sueño, no en esta vida, Not in this lifetime.

La set list


  1. Intro
  2. It´s so easy
  3. Mr. Brownstone
  4. Chinese Democracy
  5. Welcome to the Jungle.
  6. Double talkin´ jive
  7. Better.
  8. Estranged.
  9. Live and let die.
  10. Rocket queen.
  11. You could be mine.
  12. New rose.
  13. This i love.
  14. Civil war.
  15. Coma.
  16. Speak softly love (The Godfather)
  17. Sweet child o´mine.
  18. My Michelle.
  19. Wish you whish you were here.
  20. November Rain.
  21. Knockin´on heaven´s door.
  22. Nightrain.
  23. Patience.
  24. The seeker.
  25. Paradise City.

Agradecimiento especial a Sancho Zho PH por las fotos.

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