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Al final sucedió lo que todos pensaban que era imposible: Donald Trump ganó las elecciones. ¿Cómo es posible que un personaje tan nefasto como él (misógino, xenófobo, con una total carencia de formación, por decir sólo algunas características) pudiera llegar a ser el presidente del gran país del norte?

Estados Unidos, un sistema democrático diferente


El sistema democrático norteamericano tiene sus particularidades. Para empezar, los votantes estadounidenses no eligen directamente al presidente, sino que eligen “electores” por estados que, reunidos en un Colegio Electoral, proclaman al nuevo presidente. Es técnicamente imposible que un elector de un estado vote en contra de su partido, sobre todo en un sistema como el norteamericano, donde prima el bipartidismo (republicanos y demócratas).

Esto, que a primera vista es extraño para muchos, tiene consecuencias muy importantes a la hora de pensar las estrategias y la manera de leer los resultados. Por ejemplo, Donald Trump ganó con poco más de 500 mil votos (60.839.922 votos contra 60.265.858 exactamente), lo que en términos generales hace una elección más que reñida en un sistema de voto directo; sin embargo, Trump ganó 290 distritos contra los 228 que obtuvo Hillary Clinton, obteniendo así una mayoría en ambas cámaras.

En total, se dan 51 elecciones en los Estados Unidos casi en simultáneo (si bien son 50 estados, el distrito de Columbia también tiene representación como si fuera un estado) y no una “gran elección”, como se suele dar en los países de Latinoamérica, por ejemplo. Ha habido casos famosos, como las elecciones del 2000, donde George W. Bush se midió contra Al Gore, obteniendo este último 500 mil votos más que su contrincante, pero aún así perdió las elecciones.

Esto hace que los candidatos se centren más en ganar territorios y la votación siempre se decide por dos o tres estados que se conocen como “pendulares” (Florida, por ejemplo). Es importante aclarar que cada estado aporta una cantidad distinta de electores, que se basan en la cantidad de senadores, congresistas y delegados, y estos a su vez en el tamaño de su población, etc. Para ejemplificar: El distrito de Columbia aporta sólo 3 electores, mientras que Florida aporta 55 de los 270 que se necesitan para ganar (la mitad de 538 + 1). 

¿Cómo pudo ganar Trump?



Ahora bien, hecha esta aclaración, analicemos este gran sismo mundial que se nos presenta. No es la primera sorpresa que tenemos en el año: Tanto el Brexit como el no a la paz en Colombia son claras muestras de situaciones específicas donde el grueso de la población elige una alternativa que parece ir en contra incluso hasta del sentido común ¿Esto es por una especie de masoquismo social? O como muchos “intelectuales” plantean, ¿la gente no sabe qué hace cuando tiene que elegir?

La respuesta es no, a ambas.

Si bien hay muchas teorías al respecto y la respuesta no puede ser unívoca (al ser un proceso social, no hay respuestas únicas ni universales), hay una clara demanda de la sociedad que no está siendo al menos escuchada o leída de manera correcta.

Donald Trump es un personaje totalmente criticable por miles de cuestiones, pero era un candidato más que interesante en comparación a Hillary.

Es importante esta distinción: ¡Candidato! Esto no quiere decir que sea mejor o peor en términos reales, sino que al menos electoralmente resultaba más “llamativo” o más “tentador” para buena parte de los votantes. Los motivos son varios, pero básicamente se presentaba como alguien por fuera de la política, excéntrico y siempre con declaraciones contundentes (normalmente horribles) y decía lo que buena sociedad piensa, pero nadie se anima a decir.

Esta votación en Estados Unidos debe ser entendida como un voto en contra del llamado “establishment”, un voto contra la casta política que durante tantos años no hizo más que profundizar la crisis que muchos sectores de la sociedad norteamericana venían sintiendo. Es otro ejemplo más de los nuevos “populismos de derecha” que empiezan a tomar protagonismo en este nuevo panorama.

trump

Entonces, ¿por qué Trump? Esto no se puede entender sin el desarrollo de la sociedad norteamericana. La crisis del 2008 dejó un país y un mundo en quiebra, donde los coletazos de la misma todavía se sienten. Movimientos como Ocuppy Wall Street son una clara expresión de esto, donde la población es testigo de cómo los grandes conglomerados son rescatados mientras que ellos sufren embargos y despidos, pierden sus hogares, etc. Es ahí donde aparece Donald Trump, que le habla a “la gente común”, sin ningún tecnicismo, con discursos simplistas (y xenófobos, racistas, misóginos, etc.), pero por sobre todas las cosas que hacen hincapié en el “Make America Great Again”. Este lema de campaña se centra en la promesa a la clase media norteamericana de que él hará que los grandes capitales vuelvan a Norteamérica, generará empleos y mejorará la calidad de vida de todos. 

¿Cómo va a lograr que los grandes capitales prefieran producir en un país donde los trabajadores deben ser bien pagos, en vez de hacerlo en algún país perdido en Asia, donde los costos son mucho más bajos? Sólo Dios sabe cómo. A esta promesa proteccionista se le añade la islamofobia, tan socialmente aceptada en buena parte de la sociedad norteamericana, etc.

En esto me permito ser un poco escéptico con respecto al pánico generalizado y no porque confíe en este nefasto personaje, sino porque no todo es tan sencillo como lo que se plantea en campaña. Ya hay marchas en su contra (antes de asumir), mantiene una pésima relación con su partido (que controla las dos cámaras), entre otros factores. Si el “Obama Care” fue casi imposible de realizar y llevó incontables horas de “rosca” política y batallas mediáticas, implementar todas estas medidas, de las cuales él no dio ningún detalle de cómo las hará, son como mínimo no sencillas de aplicar (aunque no imposibles).

Por último, es importante destacar algo: Trump tenía en contra a todo lo que se conoce como círculo rojo. Los grandes medios se cansaron de criticarlo, el mismo presidente Barack Obama y todo el partido apoyó a Hillary, como los grandes grupos económicos de Wall Street, etc. Las encuestas daban a favor de Hillary y, sin embargo, pasó lo que se conoce como “voto vergüenza”: La gente dice que va a votar algo, pero cuando tiene que depositar su voto, vota otra cosa.

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Y aquí reside el otro eje del problema: Hillary, la esposa de Clinton, la de los e-mails controversiales, la que está ligada a Wall Street, la que no es carismática como la pareja Obama, el “mal menor”, representaba algo que la sociedad estaba rechazando de lleno.

No siempre el mal menor gana una elección, sobre todo cuando a los sectores desempleados se les habla de energías renovables cuando fueron despedidos, cuando se promete un cambio y uno es parte de la gestión durante muchísimos años, y así podríamos seguir. Esta polarización de la sociedad norteamericana (las ciudades costeras desarrolladas y de vanguardia vs. los grandes polos industriales en crisis) se puso más que nunca sobre la mesa en esta elección.

¿Qué hará Trump una vez que entre al Salón Oval? Es una incógnita, pero lo que sí está claro que el mundo está lejos de ser lo que vimos estos últimos años.

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