El 16 de noviembre de 1922 nacía José de Sousa Saramago en Azinhaga, Santarém, Portugal. Ganador del premio Nobel, dramaturgo, periodista, traductor y hasta herrero. La vida de Saramago espera para ser investigada y googleada por vos: Es simplemente demasiado interesante. No amerita ser narrada en dos párrafos locos que no le hacen justicia, así nomás, como para salir del paso.

Así que he decidido que en este artículo de Puntadas con Hilo nos enfocaremos en una de sus novelas adaptadas a la gran pantalla con un estilo poético que merece la pena destacar (dentro del mar de novelas adaptadas): El hombre duplicado y Enemy (2013), su transposición a la pantalla grande.

La novela “El hombre duplicado”


El hombre duplicado fue publicado en el 2002 y trata sobre un hombre común puesto en una situación extraordinaria: Tertuliano Máximo Afonso es un profesor de historia en una secundaria, retratado poéticamente como un don nadie con una vida promedio.

Cierto día, en una charla casual un profesor colega, éste le recomienda una película clase b que tampoco es la gran cosa, pero que le entretuvo. Él va al videoclub, la alquila y en medio del film (en la quietud de su hogar) encuentra que un extra es idéntico (no parecido, sino igual) a él.  Un socías actor.

Con una trama de suspense, se desarrolla este juego de espejos en el que Tertuliano Máximo Afonso (el nombre es repetido tantas veces que por su musicalidad va perdiendo sentido y eso no es casualidad) investiga el destino de ese “otro yo”: Las casualidades son siniestras y atrapan desde un comienzo al más ávido lector.

¿Son hermanos separados? ¿Es una cruel burla del destino? La obsesión se convierte en la constante dentro de la vida de este personaje que lentamente va consumiendo su vida normal: No llama a su pareja, lentamente abandona sus cursos en la secundaria y de pronto todo en la vida es acerca de ese socías maldito que ha llegado a su mundo para aniquilarlo con su presencia. Ya no puede ser la misma persona porque… no es la única persona.

portadaNo develaremos más de la trama, nos abocaremos ahora a la poética: Se trata de una novela con la conciencia de que se trata de una novela. Muchas veces Afonso cree que es una cruel broma del destino y que no puede ser más que una mera ficción inventada por alguien más, de la que él es un personaje. Sin embargo, la historia —en la que los diálogos están casi pegados a la narrativa— atrapa al instante con el juego de dobles que instaura ¿Cuál de los dos nació primero? ¿Cuál es la copia cero? Preguntas como esas asolarán la mente de Afonso.

La historia tiene un antes y un después en la que la primera parte transcurre sólo para nuestro personaje y su obsesión y en la segunda los socías se encuentran y todo se desmadra. Parece una obra poética con muchos giros rebuscados, pero no deja de ser una pieza literaria atrapante e hipnotizadora.

La película “Enemy”


En uno de los momentos de la historia se dice la frase “El caos es el orden sin descifrar” y ese es el punto que Enemy elige duplicar en su socías audiovisual. El film comienza con esa frase enigmática arrancada de la novela y que funciona como disparador de la obra dirigida por Denis Villeneuve y protagonizada por Jake Gyllenhaal.

Enemy es considerada por algunos como una puesta sobre la nada un tanto pretenciosa por parte de su director, pero es opinión de quien suscribe que esa pretensión existe en la novela y es amplificada en la obra de Villeneuve.

enemy

Tertuliano Máximo Afonso es llamado en esta adaptación Adam, como ese primer hombre de la cristiandad. Esto es algo que creemos que Saramago hubiera aprobado por sus inclinaciones laicas, sin embargo es un medio para convertir a un personaje en un ser anglosajón y al mismo tiempo remarcar su cualidad de don nadie.

Los procesos en los que él encuentra a su socías son similares, aunque no idénticos. Lo ve en un film, pero enseguida le encuentra y da pie al caos, mientras que en la novela esa construcción lleva su tiempo.

Es propio del lenguaje cinematográfico el apropiarse de la ciudad y convertirla en una especie de red enmarañada de cables, como si una especie de red invisible lo uniera todo. El surrealismo con arañas gigantes y pequeñas salió de la cabeza del propio director, quien apuesta con esto a agrandar el “caos” en el que el personaje vive.

El film es oscuro y es probable que Mélanie Laurent e Isabella Rossellini pudieron haber estado más aprovechadas. En la novela, la madre es una especie de Cassandra mitológica que anticipa la destrucción de su hijo, pero en el film es el protagonista indiscutible de todo y quien da una interpretación memorable.

Jake Gyllenhall está como Adam y su socías se llama Anthony. Quizás uno cree que no se puede pensar que Jake sea un “don nadie”, pero él se encarga de personificar a un profesor que pronto vive una pesadilla de proporciones surrealistas y hacerlo creíble. Lo mismo sucede cuando interpreta a Anthony, de quien no hablaremos demasiado para no arruinar el visionado del film.

Definitivamente, no lo recomendaría a espectadores que desean las cosas fáciles. Desde el 2013 sigo procesando ese final de obra y aún me pregunto qué significa. Es sorpresivo, metafórico, inesperado… muchos adjetivos. Quizás lo que hay que recordar es lo que dice David Lynch al respecto: “Las obras de arte no tienen por qué tener sentido” y es que parece una idea descartada por el propio Lynch y que alguien como Ingmar Bergman alabaría si siguiera con vida.

Sí, vale, quizás exagero una pizca, pero Villeneuve es por lo pronto uno de los realizadores más prometedores de los últimos años y uno no piensa usualmente en Saramago en la pantalla grande del mundo anglosajón tan plagada de superhéroes y cómics (quizás recordemos Blindness de Meirelles en su intento de adaptar “Ensayo sobre la ceguera”), pero es refrescante que alguien se anime a un discurso más poético y sobre todo a un Saramago.

Es cierto que ambos finales difieren. Para algunos el film de Villeneuve es un gran “NO”. El final de la novela es cíclico y espiralado, mientras que el final del film es simplemente inexplicable. Uno tiene que verlo con sus propios ojos y procesarlo como pueda. Lo cierto es que ambos relatos merecen ser leídos y vistos porque son soberbias obras de arte del siglo XXI.

Si sos como yo, que admito que no tengo mucha experiencia en la obra de tan interesante autor, te recomiendo mucho comenzar con esta obra. “El hombre duplicado” es un libro ideal, atrapante y aunque el lenguaje y la narrativa resulte un poco compleja, no es para asustarse. Pero si no me creés, mirate Enemy, un film que resulta refrescante y perturbador entre tanto que hay para ver y que enseguida te va a hacer que te vuelques a las páginas y el universo de José Saramago para comprender de una vez por todas de dónde surge todo ese precioso caos.

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