Marie Curie

Marie Curie fue considerada una santa, una mártir y una prostituta. Fue la primera mujer en recibir el Premio Nobel y la única que recibió dos, fue la primera mujer en licenciarse en Ciencias en La Sorbona, la primera en doctorarse en Ciencias en Francia, la primera en tener una cátedra. La primera en muchas cosas y justamente la clave está en el sexo femenino, tiempos difíciles para hacer ciertas cosas, en la últimas décadas del siglo XIX y las primeras del siglo XX.

Es increíble cómo el paso del tiempo esconde y opaca las conquistas por algunos alcanzadas. Pregunté por Marie Curie en diversos ámbitos y no la conocían. No sabían que en tiempos donde la radiación no tenía nombre aún, la nombró Marie, ella se sobreexpuso a ella y le trajo diversos problemas de salud a lo largo de su vida.

Marie, llamada Manya Sklodowska, nació en Varsovia el 7 de noviembre de 1867, era la menor de cinco hermanos, hija de docentes con grandes problemas económicos. A los diecinueve años, se empleó como institutriz para ayudar a su familia y en paralelo estudiaba Física y Química. En 1891 se instaló en París, se dedicó a poner al día sus conocimientos en La Sorbona y en 1893 se licenció en Ciencias Físicas y al año siguiente, en Matemáticas.

En 1894 Marie conoció a Pierre y se casaron en 1895. Tuvieron dos hijas: Irene y Eva. Luego del nacimiento de su primera hija, Marie decidió presentar su tesis de doctorado. Para ello habilitó un laboratorio. Trabajó con su marido Pierre codo a codo. Primero descubrieron el Polonio y poco después, el Radio.

El Radio se comenzó a utilizar en una especie de fiebre: Se trataban tumores cancerosos, se añadió a cosméticos, baños radioactivos, tratamientos para la impotencia masculina, incluso se mezclaba con lana para armar mantas para bebés. Este fervor duró unas tres décadas. En los años 30, cuando se comenzaron a ver diversos problemas en quienes utilizaban los productos, se dejó de utilizar.

Los esposos recibieron el Premio Nobel de Física en 1903 por el descubrimiento de los elementos radioactivos. Recibir el Premio Nobel les trajo fama y a pesar de no tener recursos suficientes para montar un laboratorio a medida, se negaron a patentar sus descubrimientos. En 1906 Pierre fue atropellado por un carro de caballos, este hecho impactó profundamente en Marie.

Luego de la muerte de Pierre, se volvió distante y se centró en su trabajo. Se conservan escritos de ella donde se muestra profundamente afectada. Siguió estudiando los descubrimientos hechos con su esposo y realizando diversas contribuciones. En 1911 le otorgaron el Premio Nobel de Química por descubrir el radio y el polonio.

Luego de resumir un poco su vida personal y profesional, podemos ver a la mujer detrás de la científica. Que en su época fue famosa, recibir el Nobel la convirtió en alguien conocido, famoso para los cánones de la época, pero eso no la salvó de las penurias económicas.

Se la considera una santa porque no registraron ni ella ni su esposo sus descubrimientos, de los cuales podrían haber obtenidos beneficios. Además, de ponerle el cuerpo a las investigaciones al manipular los elementos sin protección adecuada, aún cuando se conocían los efectos nocivos del radio. También colaboró en la Primera Guerra Mundial con el uso de los rayos X en las heridas de guerra.

Una mártir por las condiciones en las que montó el laboratorio, en un depósito de la Escuela Municipal de Física y Química de París, con las mínimas comodidades. A su vez, quedó viuda joven con dos hijas a cargo, teniendo que trabajar incansablemente.

Y también la consideraron una prostituta. Los diarios de la década del 10 la condenaron por mantener una relación sentimental con Paul Langevin, físico francés discípulo de Pierre Curie. El físico estaba casado y vivía una relación tortuosa con su mujer. Ésta última, enterada de los amoríos de su esposo, realizó diversas amenazas.

Paul Langevin
Paul Langevin

Lo que finalmente llevó al escándalo a Marie y su amante fue la publicación en Le Journal: “Una historia de amor: Madame Curie y el Profesor Langevin”. Marie estaba de viaje y cuando regresó, una multitud enfurecida atacaba su casa. Se ensució su buen nombre, se difundieron injurias, se le pedía que dejara sus trabajos. Lo increíble es que la viuda y libre era Marie, el hombre casado era Langevin, pero el blanco del desprecio fue ella.

Esto sucedió en paralelo con el segundo Nobel, es más, pidieron que no vaya a recogerlo por los hechos de conocimiento público. Sin embargo, Marie fue, lo recibió y dejó en claro, muy en claro que sus descubrimientos no tenían nada que ver con su vida privada.

Los siguientes años de su vida son menos intensos, menos excitantes o más rutinarios. Murió en 1934, con el diagnostico de “Anemia aplásica perniciosa con rápido desarrollo febril”. La médula ósea no reaccionó, probablemente porque había sido dañada por una larga acumulación de radiaciones.

Cuando el yerno de Marie midió la radiación de algunos objetos y cuadernos de notas de 1902 en los años 50, éstos conservaban altos grados de la misma e, incluso, muchos se fascinaban por la tonalidad verde brillante que adquirían estos objetos en la oscuridad a lo largo del tiempo. Claro, sin tomar en cuenta las quemaduras que producían ni aquellos problemas más silenciosos que se vieron cuando transcurrieron los años.

Marie Curie es un ejemplo de comenzar algo, de persistir y de no desistir. Tal vez su contribución a la ciencia fue limitada para los descubrimientos que vinieron después, pero sí abrió un camino. Se involucró en lo que investigó en cuerpo y alma. Vivió, fue científica, fue rebelde, fue mujer y por eso mismo condenada y expuesta públicamente.

Las mujeres que fueron pioneras sufrieron el tiempo en que vivieron. Más allá de creer en sí mismas, necesitaron que las apoyen, que las escuchen, que las valoren, que crean en ellas. Necesitaron luchar contra lo establecido por la sociedad, por la tradición, por las ideas. Incluso, a veces, necesitaron demostrar que no eran tan femeninas para ser tomadas en serio, para ser consideradas profesionales, para creer en sus capacidades. Lo increíble (y lamentable) es que esto sucede hasta el día de hoy.

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