Servicio doméstico

Nosotros no somos más que las historias que forjan otras. Esta es una de ellas.

Esta es la historia de “Tía N”. Ella trabajó como empleada doméstica desde los 8 o 9 años por necesidad de su familia, siguiendo los pasos de su madre, quien vino de Entre Ríos por una oportunidad de trabajo en un casa, allá por 1930.

“Tía N” recuerda cómo, en 1960, su madre la llevaba a una plaza en Primera Junta, donde las mujeres que ofrecían sus servicios eran elegidas a dedo por las amas de casa que necesitaban una. Ella fue elegida por una, a la cual su mamá aceptó y bajo con la excusa de que ella iba a vivir con alguien más por un tiempo, la “Tia N” aceptó.

La precariedad de este trabajo a lo largo de los años está asociada a la falta de conocimientos correctos acerca de la verdadera naturaleza de la ocupación. Si bien tiene raíces claras en la esclavitud, ésta fue abolida en 1813, y es algo que las personas de los años cincuenta parecían olvidar.

“Yo trabajaba, pero no lo sabía, quizás porque no lo entendía. Era muy chica yo, trabajaba como esclava: Fregaba pisos, lavaba ropa, la planchaba, pero sobre todo cuidaba al hijo, que era un bebé. Si yo ahora tengo 58, el bebé ahora es un hombre, debe tener 50. Yo estaba ahí hasta los sábados, me quedaba a dormir y me volvía a mi casa. Ese tiempo yo extrañaba mucho. Era muy chica. Estuve ahí hasta que… bueno… me pegaron. Me volví un día a mi casa, llorando y mi mamá en seguida me mandó a trabajar a otra casa”.

En la actualidad el porcentaje de trabajadoras entre las edades de 16 a 19 años no supera el 2,3% del total. Aunque no hay porcentajes de esos años, “Tia N” dice que las chicas eran muchas.

Yo tuve mucha suerte. De todas las familias en las que trabajé y eso que fueron muchas, creo que ésa fue con la única que me pasó algo así. Había malos tratos, sí, pero no había violencia física. Creo que en ese lado tenía un ángel guardián o algo, porque nunca me pasó nada. Sé de conocidas que fueron violadas por los maridos. Antes estaba la creencia de que como nosotras trabajábamos para ellos, para los machos de la casa, ellos podían hacer lo que querían con nosotras. Incluso sus mujeres lo ocultaban.

Yo tuve buenas familias, me daban de comer, me enviaban al colegio y otras cosas. Está bien, la paga era una miseria, pero estaba eso, una se sentía una persona. La familia con la que estoy ahora, es un ejemplo. Y empecé después de que me casé, para ellos no soy la mucama o la chica que limpia, para ellos tengo nombre y tengo voz. Eso es algo que noté que cambió, no sólo conmigo, sino con la mayoría. No todas, porque no todo anda bien. Ahora se abusan de las extrajeras, las traen por dos pesos, las re explotan y eso está mal, pero en la mayoría sí. 

Eso sí, aprendí. Aprendí que a pesar de todo uno puede hacerse una vida. Hoy, por ejemplo, podemos elegir si nos conviene o no. Yo pude criar a siete hijos a los que siempre les dije que estudiaran, que al menos hicieran el secundario y que vean de mí y aprendan también, para que no les pase lo mismo. Ahora las chicas pueden elegir. Eso está bien, porque nos muestra cómo las cosas cambian. Antes lavaban a mano, ahora ponemos el lavarropas. Eso está bueno”.

Dentro nuestra sociedad existe una idea acerca del rol de la mujer tan arcaico que da miedo y eso se nota en muchas de las historias que “Tía N” me contó. A pesar de todos los cambios hechos (y de los que están por venir), son aquellas mujeres trabajadoras que sufren y viven abusos y maltratos por las que tenemos que contar que existe un lado bueno, que existe un cambio y, sobre todo, que ese cambio es posible… Claro, todos somos responsables de que eso suceda.

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Nacho Ramirez
Nací con el control de la tele en la mano. Veo películas y series tan seguido que hasta me olvido de que tengo una vida. Soy un eterno enamorado de las historietas y las novelas. Prometí leer la saga de "Canción de Hielo y Fuego" en menos de 5 meses. Hoy puedo decir "Mission Accomplished".