maradona

Los argentinos no seremos la nación más sobresaliente del mundo, pero sí logramos generar varias personalidades de las cuales nos sentimos orgullosos, cuyos nombres resuenan con admiración en distintos círculos y disciplinas en todas partes del planeta: El Che Guevara, Cortázar, Borges, Perón y Evita, Bernardo Houssay, Cesar Milstein, Juan Manuel Fangio, Guillermo Vilas… Todos ellos se destacaron como políticos, artistas, científicos o atletas. Pero hay un nombre que despierta algo más que un simple orgullo, alguien que marcó a fuego y gambeta el corazón de generaciones enteras de argentinos. El nombre es, obviamente, Diego Armando Maradona.

El pibe de oro, el barrilete cósmico, el Diez… A lo largo de casi treinta años de carrera, un petiso de rulos logró llegar de Villa Fiorito a lo más alto de la gloria deportiva haciendo simplemente lo que siempre quiso hacer, jugar a la pelota.

Desde aquellos goles a los ingleses en el mundial de México 86 y la obtención subsiguiente de la Copa Mundial, ese Diez pasó a ocupar el lugar de D10S, un ser superior que nos elevó a todos con su gracia en un momento en el que todavía sentíamos los golpes de la última dictadura, la derrota en Malvinas y una economía que no ayudaba.

Pero claro que Maradona no es un dios, a lo sumo sería un semidios, y haberlo tratado como algo más que un ser humano probablemente haya sido un error. En mi opinión, una popularidad extrema y prolongada puede llegar a consumir a su protagonista —como lo hizo con Michael Jackson o Kurt Cobain— y casi lo hizo con el Diego.

diego-armando-maradona
Maradona presenta una sorprendente tasa en alza de descendencia.

Sí, sus habilidades pueden ser algo que roza lo divino, pero sus debilidades son bien humanas y bien al alcance de cualquier súperestrella. La cocaína quedó en el pasado, pero las “secuelas” de los encuentros amorosos no son tan fáciles de dejar atrás y, de hecho, hoy en día la relevancia mediática de nuestro héroe tiene más probabilidades de girar en torno a su descendencia que a alguna otra cosa.

Esa descendencia tiene por lo menos dos miembros y su número total es incierto.

Dalma y Giannina son sus hijas legítimas, por parte de Claudia Villafañe. Durante muchísimos años fueron sus únicas hijas reconocidas y tuvo una relación cercana con ellas, aunque últimamente con altibajos (hacia 2015 Maradona aseguraba que Giannina no lo había dejado ver a su nieto, Benjamín, hijo de ella y Sergio, el Kun, Agüero).

El siguiente hijo al que reconoció fue a Dieguito Fernando, a quien tuvo con Verónica Ojeda. Lamentablemente para el chico, la relación entre sus padres había terminado para el momento de su nacimiento.

Curiosamente, ese Diego no es el único de sus hijos con ese nombre. Nacido en Italia en

Maradona reconoció públicamente a Diego Junior en agosto de este año
Maradona reconoció públicamente a Diego Junior en agosto de este año

1986, su hijo mayor es Diego Armando Maradona Sinagra, fruto de una relación extramatrimonial con Cristiana Sinagra. Durante muchos años el Diez le negó el reconocimiento del parentesco que sí otorgó la justicia italiana ya en 1993; sin embargo, en agosto de este año la relación fue reconocida públicamente.

En esa oportunidad también estaba presente otra hija extramatrimonial del Diego, de un perfil más bajo, Jana, hija de Valeria Sabalain, nacida en 1996 y quien también fue reconocida luego de un paso por la corte.

Más arriba dije que el número de hijos de Diego Armando Maradona era incierto, porque por si fuera poco con cinco nombres en la lista, en septiembre salió a la luz el reclamo de Santiago Lara, de 15 años, hijo de la fallecida Natalia Garat y supuesto sexto heredero del ídolo futbolístico.

Si el número se mantiene así, cada uno de ellos heredaría por su cuenta una fortuna de parte de su padre y tal vez algo de su carácter humano. Porque, sin ánimo de ofender, dinero y humanidad es lo máximo que podrían aspirar a heredar. El lado divino de Diego Armando Maradona le pertenece sólo a Él.

Comentarios