Quizás que no conozcamos en profundidad las letras melancólicas de Alfonsina Storni. Puede que conozcamos la canción que refiere a ella, más que a su arte. Pero Alfonsina es ícono de mujer y de inmortalidad.

Para una biografía propiamente dicha, no es el lugar apropiado. Aquí y para mí, Alfonsina Storni no tiene tiempo ni edad. Aquí la poeta es icono de feminismo, fortaleza y tristeza en un solo nombre.

No es necesario aclarar cuándo nació ni dónde, porque Alfonsina es, de cierta manera, de Latinoamérica entera. Una pequeña gigante que comenzó a escribir y a subsistir, a romper reglas preestablecidas por la sociedad, a saber que, para no morir, sólo tenía que escribir.

¿Por qué Alfonsina es Alfonsina?


Ubiquémonos en el tiempo. Alrededor del año 1911, Alfonsina decide ser poeta en Buenos Aires, pero también carga consigo la historia de amor que no termina tan bien y a su hijo Alejandro como fruto de ésta. De dicha relación no se saben nombres, ni clases sociales; pero se considera que hizo a Alfonsina la más feliz mientras duró.

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No tuvo problemas en trabajar de lo que hiciera falta, hasta el nacimiento de su primer hijo literario: La inquietud del rosal, en 1916. Y esto fue apenas un escaloncito en la historia que se comienza a escribir a sus pies.

Alfonsina Storni es de esos rosales delicados, como toda poeta. Delicada por su sensibilidad, no como antónimo a su fortaleza. Porque, Alfonsina, estaba “dispuesta a todo”. Y supo demostrarlo.

El amor, irremediable obsesión


Así como no se conoce demasiado de su historia amorosa anterior a Buenos Aires, tampoco se conoce la de después. Es que la discreción de Alfonsina es intachable. Aún así, cuentan muchos textos que, dentro de sus amigos se encuentra el escritor uruguayo Horacio Quiroga. Tan loco como ella, tan talentoso como ella… Y que han logrado una conexión muy cercana.

Alfonsina lo quería mucho, claro, pero nunca tanto como para abandonar su independencia y su soledad, que ambiguamente amaba. Horacio quiso refugiarse en Misiones y cuentan las malas lenguas (o las muy buenas, como Norah Lange y Benito Quinquela Martín) que quiso que ella lo siguiera, pero tras consultarlo con su almohada y con sus amigos, no acudió a esa huida.

La Peña del Tortoni: ese mundillo particular


Benito Quinquela Martín trae la idea de una reunión donde colegas y personalidades puedan compartir lo que saben, lo que son y lo que quieren hacer. Así es cómo llegaron a inaugurar la Peña del Café Tortoni. Allí, varios artistas de la época encuentran un lugar donde difundir la cultura que no sólo los reúne, sino que también los posee hasta la fibra más íntima. Por el sitio pasaron desde Roberto Arlt, José Ortega y Gasset, Jorge Luis Borges y Florencio Molina Campos hasta los mismos Federico García Lorca, Gabriela Mistral, Juana de Ibarbourou y la propia Alfonsina Storni.

Durante estos años, Alfonsina se mantuvo estable y se ocupó de escribir a más no poder en cuanta oportunidad se le presentó… Se encontró rodeada de sus amigos, rodeada de gente que, como ella, hacían de la poesía y del arte en general una expresión que grita por la igualdad.

Gabriela Mistral, Alfonsina Storni y Juana de Ibarbourou: las tres escritoras latinoamericanas más destacadas de los años 30.
Gabriela Mistral, Alfonsina Storni y Juana de Ibarbourou: las tres escritoras latinoamericanas más destacadas de los años 30.

Pero para finales de la década del 20, Alfonsina comienza a enfrentar distintos obstáculos en su vida personal y profesional. Al presentar su obra de teatro, no tiene demasiado éxito y empieza a decaer.

“La civilización borra cada vez más las diferencias de sexo, porque levanta a hombre y mujer a seres pensantes y mezcla en aquel ápice lo que parecieran características propias de cada sexo y que no eran más que estados de insuficiencia mental”, escribía Alfonsina por aquel entonces.

Su estabilidad continúa en bajada hacia los primeros años del 30. En parte por tener que afrontar un cáncer de mama, en parte porque llega a sus oídos la noticia más terrible: El suicidio de Horacio Quiroga en 1936.

Te vas Alfonsina con tu soledad…


El 23 de octubre, Alfonsina emprende su viaje hacia Mar del Plata. Con el peso de saber que su enfermedad ha regresado y sentirse más sola que nunca por la falta de sus amigos, a la edad de 46 años, su neurastenia se ha esforzado por tomar el control. Y por esto, un 25 de octubre de 1938, Alfonsina se hunde en las costas de Mar del Plata.

“Te vas Alfonsina con tu soledad… ¿Qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal te requiebra el alma, y la está llevando. Y te vas hacia allá, como en sueños…dormida, Alfonsina, vestida de mar”

Dos hombres la hallaron a la mañana siguiente en la orilla. En Mar del Plata hay historias que intentan explicar que Alfonsina no se suicidó, sino que caminaba tranquila por la playa y el mar se la llevó. Y es que quizás, tiene sentido: El mar buscaba sus poemas y decidió aliviar su dolor de soledad, haciendo que se tome un descanso de tanto sufrimiento y de tanta lucha.

Días después, se publicó en La Nación su colaboración póstuma. Alfonsina lo había escrito casi como un aviso de su decisión. Allí lograron entender que Alfonsina había planeado todo. Que estaba ya como en sueños, dormida, vestida de mar.

El último poema escrito por Alfonsina Storni.

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Mauge Sologuestúa
Toda santafesina. Sensibilidad e ironía. Seriéfila por elección, escritora y lectora por atrevimiento; y cocinera de profesión. Los lentes y el café me hacen ser persona. Hago de tripas corazón. No sé combinar la ropa, ni dejar de comerme las uñas.