Oscuro
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Invierno 1999

    Mi primer recuerdo de Oscuro es muy borroso. Es probable que la mayor parte de ese recuerdo se trate de una creación de mi subconsciente, que intenta recrear lo mejor posible lo que ocurrió aquella vez. Pero de lo que no tenía ni tengo duda alguna es de que de verdad sucedió, a pesar de lo que me dijeron años más tarde mis terapeutas.

    Existen ciertos datos que se escapan por completo de mi memoria. Por lo tanto, no puedo  mencionar una fecha en particular. Lo que sí recuerdo perfectamente es la sensación de frío, que por alguna razón siempre me resultó reconfortante. Acababa de mudarme, eso también lo tengo claro. Mis padres estaban agotados por la mudanza, de modo que se habían ido a dormir más temprano de lo habitual y yo también tuve que hacerlo. Como no lograba conciliar el sueño, me quedé un buen rato observando al vacío, en plena oscuridad. Y entonces sentí cómo el vacío me observaba a mí. Algunas veces me esforcé por recordar aquella situación y terminaba imaginándome una cara verdosa, deforme, repleta de cicatrices y con un ojo colgando. No sé de dónde saqué aquella descripción, quizá de alguna de las películas de terror que miraba a escondidas, pero la verdad es que es que no es para nada fiel a la realidad. De hecho, dudo mucho de que haya visto algo aquella noche. Pero sí lo sentí. Sentí sus enormes ojos penetrando en mi mente. Sentí su pestilente aliento que me rodeaba como una capa invisible. Y entonces supe —no sé cómo, sólo lo supe— que no me libraría fácilmente de aquella cosa.

2000

    Tras mi primer encuentro con Oscuro —que de momento no poseía nombre en mi mente, sólo era “La Cosa Que Me Observa”—, nunca abandonó mis pensamientos. No siempre notaba su presencia, pero ahora estoy seguro de que nunca se fue, sólo que todavía no era tan poderoso como para hacerse notar todo el tiempo.

    Lo que más me acuerdo de aquel que probablemente haya sido el primer año de mi vida realmente tormentoso, es el pánico que sentía. Ojala hubiera descubierto que, si me lo proponía, me habría bastado con chasquear los dedos o ahuyentarlo con las manos para que aquella cosa se fuera para siempre de mi vida. Pero, claro, no lo sabía. Y como cualquier otro chico de esa edad, le tenía mucho miedo a lo que pudiera hacerme ese “Monstruo del Armario”, el típico temor a lo desconocido, sin saber que todavía no me podía hacer ningún daño.

    En fin, el caso es que como te imaginarás, lo primero que hice al enterarme de la presencia de La Cosa Que Me Observa en mi cuarto fue decirle a mi mamá. Por alguna razón aquella escena fue una de las pocas de aquella época que quedaría grabada en mi mente. Yo le contaba todo, muy asustado, y ella se reía diciéndome que era el Monstruo Come Niños que se devoraba a los chicos que no se bañaban. Le contestaba muy seriamente que sí me había bañado y que sin embargo el monstruo seguía ahí.

    Finalmente, fue papá quien decidió acompañarme hasta mi cuarto y mostrarme que no había nada. Me mostró debajo de la cama: Nada. En el mueble donde yacían todos mis juguetes: Nada. Dentro del armario: Una Cosa oscura y deforme del tamaño de un cocodrilo. O eso fue lo que vi esa noche, la primera vez que me encontré cara a cara —si se puede decir que esa masa desfigurada era una cara— con Oscuro. Y fue entonces cuando supe que ése era su nombre, que no podía llamarse de otra forma.

    “Nada” había dicho mi papá con una sonrisa. Traté de convencerlo de lo contrario, pero lo único que hacía era preocuparlo, por lo que decidí fingir que no había visto nada, que tan sólo eran unas sombras.

    Si lo pienso ahora, me asombra que siendo tan pequeño haya podido aceptar tan rápido el hecho de que era mejor ignorar ante todo el mundo la presencia de Oscuro, ya que nadie me creería. De hecho, me asombra tanto que incluso tengo mis dudas con respecto a que haya sido así. Quizá, en realidad, estuve meses tratando de convencer a mis padres de que Oscuro existía, quizá se lo haya mencionado luego a mis compañeros de clase y por esto fue que me aislaron y me trataron como un bicho raro. En cualquier caso, esto es lo que recuerdo, así que esto es lo que contaré. Por lo menos en lo que respecta a mis recuerdos, nunca volví a hablar de eso con nadie.

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Simone
Me encantan las historias. Leer y escribir, ver películas, series, etc. e imaginarme mis propias historias. Y me gusta tratar que mi propia historia sea una aventura, todo el tiempo.