Aokigahara

Entonces me aparece en el inicio de Facebook “Las 10 cosas más escalofriantes de la vida real” o un título similar y entro a leer, porque soy muy miedosa, pero en el fondo me encanta.

Uno de los ítems era Aokigahara, el bosque de los suicidios, en Japón.

Aokigahara (o el Mar de Árboles) es un bosque que existe hace más de mil años, en la base del Monte Fuji. Según la mitología japonesa, son 35 kilómetros cuadrados malditos, llenos de árboles, cadáveres y fantasmas.

Se formó a partir de las erupciones del Monte Fuji (entre el año 800 y el 1083). Del suelo de roca volcánica creció un tupido bosque en el que las familias pobres del siglo XIX abandonaban a los niños y ancianos que no podían alimentar.

Los japoneses creen que el terreno está poblado de espíritus y fantasmas. Algunas son las almas de estas personas, pero también quedan allí las de los suicidas.

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Los suicidas en el bosque Aokigahara


En el año 1960, Seicho Matsumoto publicó una novel que se llama “Nami no Tou”. Es como una especie de Romeo y Julieta ponjas, sólo que estos terminan suicidándose en el Aokigahara. Ese año comenzó la fama del bosque como un lugar adecuado para quitarse la vida.

Treinta años después, Wataru Tsurumi publicó “El completo manual del suicidio” que, como el título indica, es una guía perfecta para suicidarse, en donde recomienda el Aokigahara para hacerlo.

Macanudo el Tsurumi.

Por la mitología que encierra, el bosque es visitado por turistas de todo el mundo. Hay quienes viajan especialmente para suicidarse allí: Es el segundo lugar más popular en el mundo para matarse (después del Golden Gate, en San Francisco, Estados Unidos) y hay quienes lo visitan de curiosos; pero el gobierno de Japón se encargó, durante los últimos años, de limitar zonas vigiladas y colocar señales en japonés y en inglés para ayudar a los que se adentran para morir.

Ayudarlos a cambiar de opinión; no tipo Tsurumi.

Se dice que los yacimientos de hierro magnético que hay en el suelo hacen que las brújulas y los GPS no funcionen, provocando que quien entró, se pierda. Por eso, los excursionistas marcan el camino de ingreso con sogas o con cintas, para poder volver. Por lo general, esas ayudas quedan en el bosque: O porque las dejan para ayudar a otros o porque la persona decide no volver…

cintas

Hasta el 2003 el gobierno daba estadísticas, se informaba al pueblo la cantidad de cadáveres que sacaba de la maleza. Cuando, la última vez, el número fue 100 (aclarando que varios cuerpos quedan escondidos allí), se dejaron de pasar estos datos.

El bosque de Jason Zada


Miedísimo el Aokigahara ¿No?

¡Pero no me digas que no es muy bueno!

Es fantástico. Con todo el respeto.

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Cuestión que David S. Goyer, Nick Antosca, Ben Ketai y Sarah Cornwell escribieron una historia acerca de Aokigahara. Jason Zada dirigió la película y el verano pasado salió El bosque de los suicidios”/ “El bosque siniestro (con Natalie Dormer).

Sara vive en Estados Unidos y recibe una llamada. Le dicen que su hermana se metió en el bosque y le cuentan un poco cómo es el tema este de que… no… no suelen volver.

La Sara vuela a Japón y ahí todo el mundo le advierte que no entre al bosque, que dé a su gemela por muerta, que el bosque te cambia, que está todo poseído por los yureis (fantasmas)… y que su hermana, seguramente, esté muerta.

La película es de terror, claramente. Tiene mucho terror psicológico, aunque cuenta con elementos paranormales y suspenso. Lo mejor de todo es la actuación de Natalie Dormer y que está en Netflix.

Aprovechate el domingo: Re sale peli.

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