Mariquita y Gabriela Margall

Mariquita Sánchez de Thompson es una mujer que nació el 1 de noviembre de 1786 y murió un día como hoy, 23 de octubre, pero de 1868, por lo cual ya son casi 150 de su fallecimiento y en unos días serán 230 años de su nacimiento. Y digo “es” porque las personas como ella nunca se van del todo.

Si a cualquiera le preguntara quién es esta mujer, con firmeza y seguridad me dirían “¡La que prestó su casa para que cantaran el Himno Nacional!” y nada más, porque es lo que chatamente nos enseñan en la etapa escolar… Pero Mariquita fue mucho más que eso y no me voy a hacer la sabionda, porque lo que sé lo aprendí con el disparador que resultó ser “La dama de los espejos”, una novela histórico-romántica escrita por Gabriela Margall, una autora destacada del género.

La dama de la novela romántica lleva en su haber nueve obras publicadas y hasta tiene su propio grupo de seguidores/as que están siempre atentos a las novedades que ella va publicando en sus redes sociales.

Con motivo de estas fechas tan especiales, nos atrevimos a hacerle algunas preguntas a la escritora e historiadora sobre su visión acerca de Mariquita.

Entrevista a Gabriela Margall



Son muchas las mujeres destacadas de la historia argentina que aún esperan que les den voz. Entonces, de entre todas ellas, ¿por qué Mariquita? ¿Cómo llegó a vos?

La historia de Mariquita me llegó cuando estudiaba en la universidad, en una de las primeras materias. Tenía veinte años y me encantó la historia del juicio entre ella y sus padres y comprender el marco histórico en el que se da (una pelea entre la Corona y la Iglesia). Con el tiempo me hice escritora y conocí otros documentos sobre ella y llegué al punto de conocer su vida por completo. La historia esperaba ser contada y me puse manos a la obra.

La presencia de los espejos y las apariencias atraviesa toda la obra. Cuando descubriste que Mariquita los hizo parte de su vida, ¿te diste cuenta inmediatamente, como un flechazo, del peso dramático de los mismos? ¿Cómo fue el proceso? 

El gran salón de Mariquita estaba Mariquita Sánchez de Thompsoncubierto de espejos. Hay una descripción muy bella que hace una amiga suya, Mariquita Nin, donde describe ese salón y lo que significaba para la época. Quedé muy impresionada con la descripción: Hay espejos en las paredes y en el techo, lo que en esa época posibilitaba que la iluminación de las velas se multiplicara y se generara una luz que de otro modo era imposible. Y hay otra carta, esta vez de la propia Mariquita desde Montevideo, donde está exiliada, donde se queja de un pobre espejo acomodado sobre cajones. Una mujer tan vanidosa como ella con un espejo así, debió ser desolador.

No fue de inmediata la decisión de utilizar los espejos a lo largo de la novela, fue una idea que surgió mientras la escribía.

Las cartas de Mariquita contribuyeron a la reconstrucción de buena parte de los hechos históricos de nuestro país. Vos, como historiadora, ¿qué sentís al respecto?

Las cartas de Mariquita son un tesoro para un historiador del siglo XIX argentino. Van desde la historia política a la historia de la vida cotidiana, de las mujeres, niños a lo largo de cincuenta años. No es casual que sean tan utilizadas, son un material imposible de soslayar y al mismo tiempo único: Hay muy pocas mujeres que hayan dejado un testimonio de esa naturaleza.

Ya que hablamos de espejos y reflejos, ¿Gabriela Margall encuentra y se reencuentra con estos personajes y sus características cuando se mira a sí misma? ¿Forman parte de vos?

No siempre. A veces es la diferencia lo que provoca admiración. Creo que en este caso fue así.

¿Te acordás cuál fue la sensación que tuviste al poner el punto final a “La dama de los espejos”? Intuyo que este libro es uno de tus “hijos” más preciados.

Creo que lloré cuando escribí el final, pero no era un “punto final”, porque siempre hay correcciones y más correcciones. Pero siempre, cuando llegaba al final, lloraba. Me gusta mucho la carta con la que termina la novela, es una de mis favoritas.

La dama de los espejos, de Gabriela Margall


La novela hace un recorrido bellísimo por toda la vida de Mariquita. Sí, literalmente: Su niñez sólo es la punta del ovillo. Página a página se erige una gran historia de amor entre ella y Martín, la lucha por la Revolución, el anhelo de convertir estas tierras en una república, la persecución incansable de la libertad… Pero la vida muchas veces es más dura de lo que creemos y se encarga de tumbar uno a uno esos castillos que creímos haber construido.

La Dama de los EspejosSin embargo, rendirse no es una opción para nuestra heroína y en medio de las desilusiones y las tristezas, se anudan con fuerza los vínculos creados durante la juventud, si se quiere, más idealista. Se anudan y se dan la mano con fraternidad.

Mariquita usa peinetones y los últimos vestidos de Europa. No por revolucionaria y patriota le importa menos la moda. Organiza grandes encuentros en su propiedad, recibe a los intelectuales de la época y lee todo lo que está a su alcance. No por ser vanguardista en sus modos de vestir es menos culta. Mariquita tiene muchos hijos y conoce al dedillo su responsabilidad como madre y esposa. Pero no por amorosa y atenta tiene menos carácter ¡Ella está ahí, poniendo todo de sí en las causas militares y políticas! Sí, participa y su marido no pone trabas. Y así podría seguir por largo rato.

El detalle que quedó clavado en mi corazón (que es absolutamente rosa, el color del melodrama) no puedo compartirlo, porque se trata de un spoiler imperdonable, pero sí puedo decirles que cada capítulo se encabeza al igual que una carta y, por lo tanto, a eso mismo quiero que le presten atención cuando lleguen al final.

Por último, antes de terminar, quisiera pedirles que se animen a leer esta novela y que lo hagan libres de prejuicios. La historia no es aburrida. Eso nos hicieron creer erróneamente cuando estábamos en séptimo grado. Y si lo leen, vuelvan por aquí y díganme si Mariquita no se convirtió en una de sus heroínas preferidas.

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Menna Grimal
Guionista en proceso, ceremonialista en retroceso y otros delirios mesiánicos. Ultra leonina y pagana. Me casé con Guión, pero de vez en cuando tengo fantasías con el Teatro. Hija no reconocida de la televisión.