Vas caminando por Corrientes, te cruzás con pizzerías, librerías, cafés, teatros, manteros, puestos de sahumerios, puestos de diarios… Ah, no, pará, volvé, eso no es un puesto de diarios. O sí, pero no tiene diarios, tiene libros cartoneros ¿Qué cosa? Libros cartoneros, de los más lindos que hay.

Me contacto con Alejandro Miranda, miembro de Eloísa Cartonera, precursora de este tipo de edición. “Voy a estar en el puesto de Corrientes”, me dice y allá voy. Cuando llego, lo primero que hace es ofrecerme el asiento y decirme que deje las cosas atrás del mostrador (yo vengo cargada, con cartera, paraguas, campera).

Ya me siento como en casa, en plena vereda de Corrientes y Uruguay.

¿Cómo surgió la editorial?

Yo no estaba, fui el último en llegar en el 2008. La editorial empezó en el año 2003. Hace trece años, casi catorce.

La editorial la comenzaron dos compañeros: Whashington Cucurto y Javier Barilaro, como una manera de publicar libros baratos y de reciclar el cartón. En un contexto de postcrisis había que echar mano de cosas como estas para poder vender algo.

¿Y ellos les empezaron a comprar el cartón a los cartoneros?

Claro y hasta el día de hoy le compramos cartón a los cartoneros.

Sí, vi en una entrevista en YouTube que les pagan un poco más.

Exacto, les pagamos por caja en vez de pagarles por kilo. La única condición es que la caja esté en buenas condiciones para que la gente no lo rechace.

Y una vez que llega el cartón, ¿cómo es el proceso de armado de los libros?

Nosotros hacemos todo el proceso. Tenemos un taller en Boedo y ahí se hace todo, todo sucede ahí: Se imprimen los libros, se corta el cartón, se dobla, se hacen las tapas. Los interiores se compaginan uno por uno, se abrochan, se pegan. Todo manual, uno por uno. Es bastante trabajo.

¿Y cuántos son los que hacen este trabajo?

Somos cinco, cinco personas.

¿Cuál es tu rol en la editorial?

Ninguno en particular. Hago de todo.

¿Todos hacen todo?

En la medida en que podemos, sí. Venimos acá, vamos al local, vamos a ferias. Depende de la comodidad, porque también hacemos otras cosas.

Contratapa libro cartonero

Ahí comienzan las interrupciones. Y es que a Alejandro le preguntan calles, caminos, indicaciones y a todos les responde con un humor rápido e ingenioso.

—Disculpá, ¿la calle Uruguay?
—Es la de la esquina.

—¿Para la AFA tengo que ir para ese lado?
—¿Para la AFA?
—Sí, en la calle Viamonte.
—Ah, sí, está para allá. Igual no hay que ir a meterse a la AFA ahora, está pasando por malos momentos. Un suicida, mirá.

—Hola, disculpá, ¿Sarmiento?—Murió hace un montón.

Me río, me divierte ver cómo saca a la gente del lugar común. Seguimos.

¿Qué satisfacciones tienen en vender estos libros y en hacerlos?

Es algo que nos gusta, es algo positivo para la sociedad. No es algo que hacemos por la plata, claramente. Está bueno paras nosotros, pero es mejor para la sociedad.

Para poder difundir literatura de forma económica…

Claro, yo creo que son más los beneficios para el resto que para nosotros. Para nosotros es un trabajo y nos da acotados beneficios económicos, pero es algo que le devolvemos a la sociedad. Imaginate, en trece años hemos salvado toneladas de cartón de ir a la basura, hemos publicado un montón de autores que acá no los publicaría nadie, ya sean famosos en sus países o desconocidos de acá. Creamos una fuente de trabajo de la nada, vendemos libros baratos cuando nada es barato. Valen más barato que un libro usado.

¿Cómo seleccionan los autores que van a publicar?

Primero, tiene que ser algo que nos llame la atención, que nos guste. También ver si podemos. No podemos publicar a cualquiera que venga, porque no tenemos grandes recursos para publicar todo el tiempo.  A veces viene alguien, se acerca el escritor, nos trae un libro y lo publicamos. A veces a nosotros nos interesa alguien y vamos y le pedimos. A veces nos recomiendan y hace poco también hicimos un concurso para publicar gente que no publicó.

En general, Cucurto está más en contacto con escritores, tiene información, es más factible que alguien le pase algo a él. Yo no tengo mucho contacto con escritores, por ejemplo.

¿Y cuál sería la parte negativa, si la hay?

No, no tiene parte negativa… Bueno, es algo que no da grandes ganancias. Es muy azaroso. No hay estabilidad, digamos, no existe la figura del sueldo fijo. Por ejemplo, nosotros somos una cooperativa legal de trabajo; digamos, formal, con toda la legalidad que implica eso. Es una editorial, pero funciona como una cooperativa y no tenemos la figura del salario porque no sabemos cuánto se vende, es de acuerdo a las ventas. Y como los libros son muy baratos, por más que vendas mucho, hay un tope. Y si les subes el precio, ya no se venden tanto. Es algo inherente a la economía nuestra.

Nueva interrupción. Se acerca una mujer y Alejandro la invita a ver los libros “¿Son libros?”, pregunta la mujer, poniendo de relieve que el objeto es extraño a lo que nosotros solemos asociar con la palabra libro. Una tapa de cartón pintada a mano podría ser cualquier cosa. Pero eso es lo lindo: Abrir y que haya poesía adentro. “Cada libro es único, como una persona, pero sin los defectos de las personas”, les dice a Alejandro a los posibles compradores.

Libros cartoneros
Puesto de Corrientes y Uruguay

Los autores son solo latinoamericanos, eso también es una decisión.

Exacto. Hay autores de Perú, Bolivia, Chile, Uruguay…

¿Y los derechos de autor? ¿Cómo hacen para conseguirlos? ¿O se los ceden?

No existe la figura del derecho de autor. Nos dan permiso para publicar de palabra. No hay papeles, no hay plata, es todo de persona a persona.

Los autores son los dueños de sus libros y nos permiten publicarlos en este formato.

¿Cuántos ejemplares hacen? ¿Eso lo arreglan con los autores?

Cada libro es distinto. Podemos hacer tiradas de dos mil libros, de quinientos, depende el libro. Pero ahí hay una diferencia: Cuando una editorial publica un libro, hace los dos mil en un mismo momento. Nosotros no, publicar significa solamente imprimirlo, pero no es que fabricamos los dos mil. Fabricamos de a poco, tenemos los interiores y los vamos fabricando de a poco.

Así, de a poco, armaron una colección que ya lleva más de 100 títulos y sigue creciendo, con autores como Fabián Casas, Ricardo Piglia, Néstor Perlongher, Leónidas Lamborghini, Fogwill, el propio Cucurto y un montón más. De los que leí, puedo recomendar también iPoem, de Vadik Barrón, Botafogo de Marie Gouiric, Desastre de una idea (Antología urgente) de Paulo Leminski.

Pero lo que hace tan especial a estos libros no es el contenido —que puede o no gustar, como cualquier libro—, sino el trabajo que hay detrás de cada uno: La témpera, la letra a mano, saber que hay un trabajo mucho más íntimo con el material, saber que hay amor y muchas ganas detrás de cada tapa.

A Eloísa Cartonera pueden encontrarla acá: EloisaCartonera.com.ar o en Facebook con este mismo nombre.

Y, de yapa, pueden encontrar otras editoriales cartoneras latinoamericanas haciendo click acá.

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