Leyendas urbanas de Buenos Aires

Las grandes ciudades necesitan sus propias leyendas y, por qué no decirlo, sus propios fantasmas. Por estas casas pasaste alguna vez. Tal vez sus fachadas no digan nada, pero guardan en su interior trágicas historias y el ¿espíritu? de sus antiguos moradores.

La Torre del Fantasma


En 1910, María Luisa Auvert Aurnaud, una joven estanciera, aceptó comprar un terreno en La Boca para construir una vivienda colectiva. La construcción con aires catalanes se realizó y su propietaria quedó tan satisfecha que decidió irse a vivir allí.

Decoró la casona a su gusto, mandando a traer plantas desde España. Algunos dicen que aquí es donde comenzó el problema, que alguna de esas plantas eran hongos alucinógenos en los que habitan unos pequeños duendes llamados “follet”, muy traviesos.

María Luisa vivió algunos años, se dice que en los últimos tiempos se oían gritos asustados con frecuencia. De un día para otro y en silencio, abandonaron la propietaria y sus sirvientes la casona, se mudaron a Rauch y nunca más volvieron. La casa se reformó para lograr su objetivo inicial de vivienda colectiva.

La Torre del Fantasma
Imagen: Barriada.com.ar

Luego de estos sucesos, la casa fue elegida por artistas, como Clementina, una bella pintora que había llegado a Buenos Aires a estudiar historia del arte, quien ocupó la torre. Una periodista la contactó, le hizo un reportaje y sacó algunas fotos de los cuadros. Unos días después, los vecinos comenzaron a oír gritos que culminaron con Clementina arrojándose al vacío.

Dicen que la periodista, cuando reveló las fotos, se encontró con duendes rodeando los cuadros de la pintora. Dicen que contactó a María Luisa. Dicen que esta última dijo que se fue porque se enojó con los duendes por intentar propasarse con una de las mujeres de su servicio doméstico. Luego de esto comenzaron a hacerle la vida imposible, pero antes de ese momento colaboraban con ella. Dicen que los duendes siguen viviendo allí.

El Palacio de los Bichos


A fines del siglo XIX, Rafael Giordano, su esposa Vittoria y su hija Lucía llegaron a Buenos Aires. Luego de recorrer la ciudad, decidieron instalarse en una zona de quintas que le recordaba a Italia, hoy Villa del Parque.

Lucía fue instada por sus padres a estudiar una carrera universitaria, por lo que comenzó medicina, pero su pasión era la música. Su padre aceptó que abandone la medicina y se dedique a estudiar piano en el Conservatorio. Allí conoció a Ángel Lemos, que estudiaba violín, luego de recibirse de farmacéutico.

El palacio de los bichos
Wikipedia

La relación entre Lucía y Ángel prosperó con el consentimiento de ambas familias, que trabaron amistad y cercanía por el noviazgo de sus hijos. Los jóvenes decidieron que en el otoño de 1911 se casarían. Giordano se comprometió a regalarles la casa.

La mansión de cinco pisos con balcones y ornamentado por bichos fue terminado antes del enlace de los novios. Entonces quisieron celebrar allí la unión religiosa.

La boda fue el 1 de abril de 1911, una noche agradable y sin amenaza de lluvia. La fiesta multitudinaria transcurrió con normalidad, los novios estaban felices, tenían proyectos juntos…

A las cinco de la mañana los novios se dirigieron al auto con chófer que los esperaba del otro lado de las vías. Los invitados y las familias los saludaban desde los balcones. El tren de carga Sur del Pacífico se dirigía a la estación Retiro con iluminación tenue. En el instante en que los novios cruzaron las vías, el tren los impactó de lleno. Nada pudo hacerse: Ambos murieron en el acto.

Salerno y su esposa abandonaron el país y tapiaron la casona. A partir de los años veinte, los vecinos se recriminaban entre sí la realización de ruidosas fiestas, hasta que investigaron y corroboraron que la música salía del Palacio de los Bichos. Incluso vieron personas bailando en su interior. Con el tiempo el edificio fue reciclado para hacer viviendas particulares.

La Iglesia de Santa Felicitas



Dicen que cada 30 de enero ella se pasea por la Iglesia que lleva su nombre.
Dicen que ese día las mujeres solteras deben atar un pañuelo blanco de las rejas y si éste aparece mojado, se les concederá su deseo de conocer un gran amor.

Felicitas Guerrero se casó a los quince años con Martín de Álzaga, rico, pero mayor que ella. Tuvieron dos hijos que murieron. Y a sus veintiséis años, ella quedó viuda y adinerada.

Fue cortejada por los jóvenes de la alta sociedad. Uno particularmente se enamoró de ella, se llamaba Enrique Ocampo, pero ella eligió a otro, a Manuel Saénz Valiente.

La Iglesia de Santa Felicitas
Imagen: Misteriosa Bs. As.

Ocampo, decepcionado, buscó verla con excusas y le disparó. Felicitas murió al día siguiente, el 30 de enero de 1872. Los padres construyeron la capilla en su memoria en los terrenos de la casa.

Es la única Iglesia propiedad del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Es una Iglesia donde no se celebran matrimonios, porque no tiene autorización para realizar el sacramento. Y si los tuviera ¿Quién elegiría casarse en el símbolo de una tragedia?

La Casa de los Leones


Eustoquio Díaz Vélez era un extravagante millonario que tenía su casa en la zona de Barracas, lejos del centro. Como temía que les robaran, decidió combinarlo con su pasión por los animales exóticos, por eso hizo traer tres leones de África. Estos animales estaban sueltos durante el día y por la noches, cuando había eventos, se los encerraba en jaulas a resguardo.

Una de las hijas de Díaz Vélez se enamoró de un joven que pertenecía a su clase social. Para celebrar el compromiso, hicieron una gran fiesta en la casa y los jardines, invitaron a amigos, familiares, colegas de negocios. La fiesta era amenizada por una orquesta.

En un momento el novio interrumpió y pidió silencio. Allí le entregó a su novia un anillo. Los asistentes a la fiesta aplaudieron emocionados. Ése fue el instante que eligió el león para saltar sobre el novio. Fieramente, el animal y el hombre luchaban. Don Eustoquio le disparó al león, certero, pero ya era tarde, el novio yacía muerto a la vista de todos.

La Casa de los Leones
Imagen: RHM Buenos Aires

La hija maldijo al padre y tiempo después se quitó la vida. Cuentan que Don Eustoquio sacrificó a los leones para recuperar a la hija perdida, pero su pasión por estos animales era tan fuerte, que comenzó a colocar estatuas de leones por todo el jardín. Incluso una de un hombre siendo atacado por un león.

Hoy la casa es sede de la asociación VITRA, Fudación para Vivienda y Trabajo para el Lisiado Grave. Cada tanto se oyen gritos del novio y llantos de la novia, sumamente desgarradores, o al menos eso cuentan algunos.

¿Mitos? ¿Leyendas? ¿Supersticiones? Puede ser, pero al menos yo no me aventuraría sola a visitar estas casas con viejas historias sin resolver, con rencores del pasado, con amores truncados.

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