santos - Colombia

Todo se derrumbó, no había un plan B, todos pensaron que el resultado sería otro y la realidad trajo confusión e incertidumbre. El plebiscito por la paz tuvo un duro golpe: Se impuso el NO al acuerdo entre las FARC y el gobierno colombiano. El 50,21% de los colombianos rechazó el acuerdo de paz frente a un 49,78% que votó para que todos los puntos firmados tras cuatro años de negociaciones se aprobasen.

Lo primero que llamó la atención cuando se conoció el resultado es el gran porcentaje que se abstuvo de concurrir a votar: El 60% del padrón ¿Cómo se explica que en un día transcendental para la historia de Colombia, donde se podía poner un fin a décadas de enfrentamientos, la gente no salga a expresarse? ¿Por qué la mayoría de la población decidió quedarse en su casa?

El “Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera” había sido firmado el pasado 26 de septiembre en Cartagena, luego de 50 años de una guerra donde miles y miles personas perdieron la vida. Las negociaciones se venían desarrollando en La Habana. A pesar del resultado adverso, minutos después de los números finales, ambas partes reafirmaron la continuidad del cese al fuego.

Pocas horas después, en un comunicado, el líder de las FARC, Timoleón Jiménez, alias “Timochenko”,  dijo en cuanto al duro revés que “no tiene efecto jurídico alguno, el efecto es político, el acuerdo final ha sido firmado como acuerdo especial y depositado ante el Consejo de la Federación Suiza en Berna, ello le concede innegable e irrevocable efecto jurídico”.

paz

Encuestas falsas y campañas sucias, declaraciones en los medios que afirmaban que el triunfo del SÍ convertiría a Colombia en Venezuela o donde se hacía hincapié en la idea del triunfo de la impunidad. Uno de los líderes de impulsar el NO fue el ex jefe de Estado, Álvaro Uribe (2002-2010), con su partido el Centro Democrático, quien expresó que el SÍ “entrega el país a las FARC”.

La renegociación de la Paz


Durante la semana, el presidente Juan Manuel Santos llevó adelante reuniones por separado con los ex mandatarios Álvaro Uribe y Andrés Pastrana (1998-2002). Entre el actual presidente y el saliente existe una problemática de ver quién es el que se lleva el mayor rédito político, algo que sin dudas deberían dejar de lado por el bien todos los ciudadanos.

La idea es impulsar una comisión de delegados para buscar nuevos caminos que puedan mantener el acuerdo. “Manifestamos ajustes iniciales que deberán introducirse a los textos de La Habana, para buscar un nuevo acuerdo de paz que vincule a todos los colombianos”, sostuvo Uribe.

El pasado viernes 7 de octubre, el presidente Santos recibió el premio Nobel de la Paz por su intento de poner fin al conflicto. Quien fue ex Ministro de Defensa desde 2006 a 2009, es el segundo colombiano en ser galardonado, después del escritor Gabriel García Márquez, que lo obtuvo en 1982.

Vaya paradoja, justo en medio del torbellino político es distinguido con esta premiación, cuatro días después de que la mayoría de la población le dijera NO al acuerdo. Sin dudas, la actitud del presidente es meritoria, sus cambios en el pensamiento para poder resolver de una vez por todas el conflicto. Otras críticas que aparecieron es por qué no se entregó a algún miembro de las FARC el mismo reconocimiento. Pregunta difícil de responder, cada uno puede sacar sus conclusiones.

Lo más importante ahora es que la esperanza del acuerdo no se pierda y se pueda pensar en una Colombia sin violencia, para que una vez por todas los rencores y la sed de revancha se dejen de lado y de esa manera iniciar una etapa donde no se vuelvan a vivir los horrores que tanta sangre y miedo han dejado en los casi 49 millones de colombianos.

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